...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.

viernes, 29 de agosto de 2014

VICENTE GALLEGO - CUADERNO DE BROTES



EL HABLA DE LOS PÁJAROS

Si alguien quisiera saber cómo escribo a estas alturas, le sugeriría que preguntara a la lluvia cómo cae, al fruto cómo crece. Escribo escribiendo, respiro respirando. ¿Qué hay aquí, entre lo verdadero, que no se nos ofrezca de natural? Escribo como el que oye  el habla de los pájaros y nada ambiciona añadirle, pues sabe que ellos se entienden con sus flautas y oboes. No se hace poesía con el pensamiento, se hace con palabras sueltas, apenas con sonidos, escuchando los asomos musicales, dejándolos decirse y desdecirse, casi casi con nada.

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NUESTRA RIQUEZA

Hoy ha amanecido el día algo lluvioso aquí en el monte. Tumbado sobre el viejo y huesudo sofá, me complazco en el arte de no hacer nada, de no ser nadie, de abrir los ojos. Cuando ya no lo esperaba, el sol asoma. Entre las hojas de la morera, la lluvia ha dejado caer un puñado de monedas de plata. Nuestra riqueza es así de fácil, cuestión de verla. Sobre el hogar, el organismo vivo de las brasas arquea el espinazo fulgurante del acomodo. El chisporroteo del fuego repunta los botones de la camisa siempre nueva del silencio. Qué canalla en su escucha el corazón, qué bien servido.

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MERCEDES

Sólo una vez me llevaron a dormir a casa de la hermana mayor de la madre de mi madre. Pasé azorado el rato de la cena, pues no tenía trato con la vieja. Sufrieron toda clase de miserias mis aprensiones infantiles frente a aquel tazón descascarillado en que se me servía la leche con malta recalentada. El serrín donde orinaba el gato olía tan fuerte, que me pareció estar mojando las galletas donde no debía. Crujía la madera de los muebles. Las gentes extrañas, antiquísimas, que poblaban los retratos hacían todavía más acuciante aquella amarillenta soledad en que se me ahogaba el alma. Y era como si todos hubieran muerto hacía muchos siglos y quedáramos en el mundo solamente mi tía y yo, rodeados de jaulas vacías para gallinas, figurillas de santos, bibelots con vírgenes cautivas en mitad de la nieve y otras mil excentricidades de muy variada catadura. Pero, a pesar de todo, aquella mujerona gordísima, vestida de luto de los pies a la cabeza, decía cualquier cosa y se reía como una boba de sus propias palabras, exhibiendo sus grandes mellas y una par de muelas de oro. Aquella era su inocente manera de quererme, de estar contenta conmigo y con todo lo demás, porque, si no tenía muchas luces, tampoco las necesitaba para ser más feliz que cualquiera con su rosario bien rezado, sus gatos y sus canarios consentidos. Me dejó en la última habitación, me plantó un besazo en la frente y me dio las buenas noches. Sentí después que había olvidado ir al cuarto de baño y me asome al pasillo como el que espera ser arrollado por no se sabe qué oscuro cataclismo. Me hice el ánimo de aventurarme a través de aquella gruesa penumbra matizada por la luz mortecina que salía del dormitorio de la buena mujer y, al pasar junto a la puerta, vi –sin ser visto– algo que me perturbó como creo que ninguna otra visión lo había logrado hasta ese día. La anciana se estaba desnudando inmensa, insondable, inconsolablemente. Vi la extrañeza infinita de la carne pronunciando entre brumas su gloria sonámbula. era aquello un desacato universal. No había cómo asumir aquel vientre blanquísimo, vientre enorme de muchacha encinta sobre el que colgaban los pechos marchitos de la muerte. Mi cuerpo, acusado por la rotundidad del suyo, chilló de terror y se avergonzó de deseo. El ángel y la arpía, ¿Quién los había confundido así? Mercedes, mi vieja tía fea de bigote hirsuto, solterona de frías carnes incandescentes, deja que me abrace hoy a tu hermosura cono no supe hacerlo aquella noche. Tú serás para siempre mi  viva niña, y este anciano de ajadas carnes morderá tus pezones y besará tus nalgas. Nada he logrado comprender del sueño exorbitante de la vida; todo en mí canta y se estremece.


Vicente Gallego
Cuaderno de brotes
Editorial Pre–textos

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