...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.

lunes, 6 de octubre de 2014

VICENTE GALLEGO - POEMAS



EN EL VECINDARIO

El cuerpo ametrallado de la persiana filtra los primeros rayos de un sol frío. Van apuntando los volúmenes de las cosas, todavía dormidas, en el cuarto. Es el momento de la pereza santa, la que no forma parte de los pecados capitales, porque no es una pereza de hacer, que oculta la de ser, sino gustoso abandono a la plena realidad de la conciencia en calma que, a estas horas, todavía temprano, halla en sí su acomodo. En la calle sopla su silbato el último afilador. Choca el acero contra el esmeril y prende el chismorreo de las chispas. En esta vecindad vive el hombre, en esta familiaridad con lo prodigioso.

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LA OFRENDA DEL FUEGO

Le di una piña al fuego, no me quedaba ya otra cosa que quemar. La recibió con ansia. Silbaba de contento a su alrededor, la lamía, se la fue anexionando muy despacio, la empujaba de una parte a otra de sus dominios, soplaba entre sus aleros. Y ella empezó a ablandarse y a rendirle su propio ser. No era aún del todo suya cuando, de pronto, una de sus apasionadas caricias la hizo crujir y dar un salto explosivo. Cayó a mis pies. Me la estaba devolviendo. Se la tuve que aceptar, aquella rosa mía incandescente.

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SOL DE LA MAÑANA

Al salir de casa a primera hora de la mañana, el sol resbala y canta por los aleros, empapa las fachadas y se extiende por las calles de la ciudad como una fina película de oro. Te he contemplado muchas veces inundar los aires de onírica certeza, de aplomada liviandad. Sol niño de la niñez, sol sin duda. Sol del hombre cumplido, sol de siesta tranquila. Sol de las armas y las letras. Sol remoto del viejo, tan desnudo y tan solo. Sol que rompes el cántaro y estás brillando sobre el sereno lago de la muerte. Patinador del iris, arpista del cabello, garra seca en la espalda. Salía de mi casa y te me vienes encima para que arda así con la mañana, con el eje de los mundos, con las extensiones marinas. Sol en blanco que callas y otorgas, aguador de las largas carreteras, santidad del adobe y de las tapias, lávanos los huesos, tú que brillas sobre justos y pecadores.

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LA PORDIOSERA

Con la pierna hecha un sarmiento, bajando de su altura a cada paso, trastea entre los coches. Nos la encontramos a menudo en el mismo semáforo. Jamás tendrá motivos, y sonríe siempre con franqueza. Se le abrasa en los ojos un rubí. Mi hijo dice que es una mujer; yo tengo dudas. ¿Nunca habéis visto un ángel feo? "¡Papá!", me advierte; y yo, que he sentido su presencia, busco unas monedas. Me pregunto cuántos, entre quienes le dan limosna, vislumbran la abundancia de su reino. ¿Cómo se puede andar así, entre la piel dura de la pobreza y esa cojera inmensa, con un paso tan firme de alegría? Viene cantando, viene con el sol atado a un hilo, pasea al perro de la luz. Es el alma viva de la mañana que se acerca, con la mano extendida, para dársenos a conocer.

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HORMIGAS EN EL POLÍGONO INDUSTRIAL

Sobre el arcén de enfrente, el sol de agosto vuelca los penúltimos capazos de su ferretería. Tras la valla, los pallets duermen la siesta inmemorial de los objetos. Beata, la tarde está cayendo en el mismo lugar, en el preciso instante en que amaneció cuando la llamábamos aurora. Se afanan entre mis zapatos las hormigas, y son como los hombres, aunque los hombres no lo crean. ¿A dónde iba yo cuando fui de golpe detenido, cuando las vi allá abajo y caí en la cuenta de lo nuestro? ¿Acaso he llegado alguna vez a alguna parte? ¿Dónde van las hormigas?


Vicente Gallego
Cuaderno de brotes
Editorial Pre-textos






1 comentario:

  1. Como siempre, un cordial y sincero agradecimiento por facilitarnos la labor de encontrar poemas maravillosos. Ya ves que nosotros siempre vamos a remolque, pues sin duda es difícil encontrar verdadera poesía (entre tanto maremágnum de huera versificación), pero con blogs como éste se allana la tarea. Saludos.

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