...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.

viernes, 29 de agosto de 2014

VICENTE GALLEGO - CUADERNO DE BROTES



EL HABLA DE LOS PÁJAROS

Si alguien quisiera saber cómo escribo a estas alturas, le sugeriría que preguntara a la lluvia cómo cae, al fruto cómo crece. Escribo escribiendo, respiro respirando. ¿Qué hay aquí, entre lo verdadero, que no se nos ofrezca de natural? Escribo como el que oye  el habla de los pájaros y nada ambiciona añadirle, pues sabe que ellos se entienden con sus flautas y oboes. No se hace poesía con el pensamiento, se hace con palabras sueltas, apenas con sonidos, escuchando los asomos musicales, dejándolos decirse y desdecirse, casi casi con nada.

*****

NUESTRA RIQUEZA

Hoy ha amanecido el día algo lluvioso aquí en el monte. Tumbado sobre el viejo y huesudo sofá, me complazco en el arte de no hacer nada, de no ser nadie, de abrir los ojos. Cuando ya no lo esperaba, el sol asoma. Entre las hojas de la morera, la lluvia ha dejado caer un puñado de monedas de plata. Nuestra riqueza es así de fácil, cuestión de verla. Sobre el hogar, el organismo vivo de las brasas arquea el espinazo fulgurante del acomodo. El chisporroteo del fuego repunta los botones de la camisa siempre nueva del silencio. Qué canalla en su escucha el corazón, qué bien servido.

*****

MERCEDES

Sólo una vez me llevaron a dormir a casa de la hermana mayor de la madre de mi madre. Pasé azorado el rato de la cena, pues no tenía trato con la vieja. Sufrieron toda clase de miserias mis aprensiones infantiles frente a aquel tazón descascarillado en que se me servía la leche con malta recalentada. El serrín donde orinaba el gato olía tan fuerte, que me pareció estar mojando las galletas donde no debía. Crujía la madera de los muebles. Las gentes extrañas, antiquísimas, que poblaban los retratos hacían todavía más acuciante aquella amarillenta soledad en que se me ahogaba el alma. Y era como si todos hubieran muerto hacía muchos siglos y quedáramos en el mundo solamente mi tía y yo, rodeados de jaulas vacías para gallinas, figurillas de santos, bibelots con vírgenes cautivas en mitad de la nieve y otras mil excentricidades de muy variada catadura. Pero, a pesar de todo, aquella mujerona gordísima, vestida de luto de los pies a la cabeza, decía cualquier cosa y se reía como una boba de sus propias palabras, exhibiendo sus grandes mellas y una par de muelas de oro. Aquella era su inocente manera de quererme, de estar contenta conmigo y con todo lo demás, porque, si no tenía muchas luces, tampoco las necesitaba para ser más feliz que cualquiera con su rosario bien rezado, sus gatos y sus canarios consentidos. Me dejó en la última habitación, me plantó un besazo en la frente y me dio las buenas noches. Sentí después que había olvidado ir al cuarto de baño y me asome al pasillo como el que espera ser arrollado por no se sabe qué oscuro cataclismo. Me hice el ánimo de aventurarme a través de aquella gruesa penumbra matizada por la luz mortecina que salía del dormitorio de la buena mujer y, al pasar junto a la puerta, vi –sin ser visto– algo que me perturbó como creo que ninguna otra visión lo había logrado hasta ese día. La anciana se estaba desnudando inmensa, insondable, inconsolablemente. Vi la extrañeza infinita de la carne pronunciando entre brumas su gloria sonámbula. era aquello un desacato universal. No había cómo asumir aquel vientre blanquísimo, vientre enorme de muchacha encinta sobre el que colgaban los pechos marchitos de la muerte. Mi cuerpo, acusado por la rotundidad del suyo, chilló de terror y se avergonzó de deseo. El ángel y la arpía, ¿Quién los había confundido así? Mercedes, mi vieja tía fea de bigote hirsuto, solterona de frías carnes incandescentes, deja que me abrace hoy a tu hermosura cono no supe hacerlo aquella noche. Tú serás para siempre mi  viva niña, y este anciano de ajadas carnes morderá tus pezones y besará tus nalgas. Nada he logrado comprender del sueño exorbitante de la vida; todo en mí canta y se estremece.


Vicente Gallego
Cuaderno de brotes
Editorial Pre–textos

martes, 26 de agosto de 2014

lunes, 25 de agosto de 2014

PHILIP LARKIN - EN LA HIERBA



EN LA HIERBA

La mirada apenas los distingue
de la fresca sombra que los cobija,
hasta que el viento alborota la cola y la melena;
entonces uno pasta, da unos pasos
–el otro parece observarlo–
y se detiene de nuevo en su anonimato.

Sin embargo, hace quince años
quizá dos docenas de carreras bastaron
para que entraran en la leyenda: lentas tardes
de copas, apuestas y hándicaps,
en las que sus nombres quedaron grabados
en desvaídos junios clásicos.

Colores en la salida: recortados contra el cielo
números y parasoles: fuera
escuadrones de coches vacíos y el calor,
y desperdicios en la hierba: el grito prolongado
que queda flotando hasta que remite y se imprime
en las columnas de última hora de los periódicos.

¿Quizá los recuerdos rondan sus oídos como moscas?
Sacuden la cabeza. El crepúsculo llena las sombras.
Verano tras verano todo se fue alejando,
los cajones de salida, el gentío y los gritos:
todo menos esos apacibles prados.
Sus nombres sobreviven en los almanaques; pero ellos

han olvidado sus nombres, y descansan,
o emprenden un galope que debe de ser de alegría,
y ya no los siguen los prismáticos
ni los vaticinios de un cronómetro impertinente:
solo el mozo, y el hijo del mozo,
con las bridas cuando llega la noche.


Philip Larkin
Poesía reunida
Lumen

viernes, 15 de agosto de 2014

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO - OÍR LA LUZ



EL VIAJE

Saber que estás ahí, mientras trabajo
en el cuarto de al lado, mientras busco 
a solas el poema, me estimula,
me da ilusión y fuerza y esperanza.

Yo me voy a mis sueños y me adentro
por inciertas regiones en las que nunca estuve.
No admite compañía esta aventura:
es preciso estar solo para hallar lo que importa.

Me pierdo en ocasiones, pero a veces encuentro
extrañas maravillas que nadie ha visto antes.
Por favor, no te vayas y espera mi regreso;
tú serás, cuando vuelva, la primera en mirarlas.

*****

LA CAÍDA

No sé bien qué ha pasado, 
ni cómo ha sucedido.
Hay hechos que acontecen
sin porqué, o por motivos 
que no son descifrables.
Caminaba tranquilo
bajo el sol de la tarde
y de repente he oído,
dentro de mí, como unos 
golpes sordos, el ruido
de algo que se caía
y rodaba a un abismo.
Perplejo, me he asomado
a mi interior. Y he visto
un inquietante hueco
muy hondo, y he podido
atisbar con esfuerzo
–cuando al cabo se hizo
penetrable a mis ojos
lo oscuro– un impreciso
bulto desvencijado
en el fondo tristísimo
de ese pozo. ¿Qué era?
No sabría decirlo.
¿Era un ave, era el alma?
Un confuso amasijo
de sangre y alas rotas.
Asustado, he salido
de mí mismo al instante
y he vuelto a mi camino
en esta tarde rara
del mundo. Me dirijo
despacio no sé adónde.
Anochece. Hace frío.

*****

EN LA MAÑANA

Despertarse un buen día y descubrir
que la turbia amenaza que tanta muerte puso
durante tanto tiempo en nuestra vida
ya no nos mira con sus ojos fijos,
con sus ojos terribles.
                               ¿Qué sucede?
¿Cómo se hizo en mi casa este silencio puro,
este sosiego que tenía olvidado?
¿Quién ha abierto el balcón y allí a dispuesto
esa maceta con geranios rojos?
¿Es cierto que se adentra por la estancia,
despacio, un sol muy dulce y acaricia
el suelo, este sillón, mis manos, mi cabeza,
mi pecho que agradece, mi corazón que canta?

*****

EL MANANTIAL

Este deseo, esta necesidad
de retornar mil veces
a donde está la luz.
No a donde estuvo y se apagó muy pronto,
sino al lugar radiante del que siempre
sigue y sigue manando.
Respirarla, beberla
cuando a ese sitio nuestros pasos vuelven,
es completar la vida, lo que entonces
apenas fue o no vimos
que en nuestro transcurrir se demora.
Regresar a ese limpio manantial:
cuánta misericordia inagotable.
Ningún daño se encuentra allí al acecho;
allí el amor no se termina nunca.

*****

LA CEGUERA

Mirar no es sólo asunto de los ojos.
Primero, ciérralos unos instantes
y dentro de ti busca –en tu sosiego–
la facultad de ver.
Y ahora ábrelos, y mira.
Es enero ahí afuera, pero está
muy hermosa la vida esta mañana.
Cuánto sol en los álamos
que en trémulas hileras van creciendo
en esta vieja plaza
de tu ciudad. Un día y otro día,
durante muchos años,
a su lado pasaste y no los viste,
ciego que dabas pena y que hoy, por fin,
de milagro has sanado y puedes ver
y en tu mirar te salvas.


Eloy Sánchez Rosillo
Oír la luz
Tusquets Editores

lunes, 4 de agosto de 2014

DANIEL MACÍAS - NIÑO EDÉN - POEMAS





LA BENEVOLENCIA DE TODOS LOS SERES


       Si te ofenden, decepcionan o abusan, mi amor, haz lo que decía mi Maestro y aplica el antídoto. Medita en la benevolencia de todos los seres que sienten, no sólo los que te alimentaron, te protegieron y te educaron, sino todos los que con su virtud visible o invisible hacen tu vida más ligera, y verás sus muchas bondades produciendo nuestro deleite en cada momento y lugar; los que pusieron un o a uno, con mano cansada, un día que fue demasiado frío o demasiado caliente, los adoquines que pisas, los que con esfuerzo plantaron, cosecharon, transportaron, elaboraron o sacrificaron y te sirvieron todo lo que comes y bebes, medita, mi amor, sin descanso, en la paz, en la ausencia de temor en la que vives, en todos los que te cuidaron en la enfermedad y te socorrieron en la pena o en la escasez, medita, medita, continua e intensamente, hasta que generes un ascua pequeña en el pecho, y entonces no de dejes que se apague o se salga de ahí, avívala con el aire de todas las mercedes, afectos y caricias que has recibido desde que naciste dentro y fuera de tu sangre, y veras que amas más sabiendo, y sabes más amando, y todo arderá en una gratitud inmensa que libera del dolor y derrite las zarandajas, en un cálido y gustoso afecto que no deja escapar ninguna forma de vida.


                                                         *****
NIÑO EDÉN

      Crece el Edén en tu vientre y en nuestros pechos lejanos un dulzor que sabe a damascos y nísperos en el desierto, crecen la higuera y el jazmín junto a nuestras bestias en un cuarto piso, todo está creciendo con raíces reventando los tiestos y paredes, y no sabemos, no sabemos si habrá un suelo suave donde plantar todo esto, pero tenemos que intentar vivir de la Tierra, amor, porque yo no puedo luchar contra nadie, y tampoco quiero que tú seas Rosario "la dinamitera": tenemos que dejar de ser cómplices ignorantes o siervos furiosos, salir del manicomio económico y tecno-idiota, para crecer en la paz y el cultivo  de una sencillez hermosa de avispas que se emborrachan con las uvas de la parra y su sombra, golondrinas bebiendo en una alberca donde los niños gritan y juegan, hasta que el agua oscura del pozo nos devuelva un reflejo risueño enmarcado de musgo.

                                                         *****

EL NADADOR DEL DESIERTO

       El jefe de pilotos me está filmando debajo del agua de la piscina para probar un juguetito nuevo que se ha comprado, mientras piensa que para lo gordito que  estoy me muevo en lo hondo con gracia. Lo que él no sabe es que soy un brujo Itzá, naga, chac y klu, una vieja serpiente de agua castigada en el desierto, un monstruo de la criptozoología marina que no olvida su casa en el abismo, el mismo nadador que pintaron en una cueva no lejos de aquí, el que solo sale en la foto una vez cada diez milenios.

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BAMBU BORRACHO

Me levanté de la hamaca corriendo para escribir que
el bambú está borracho y baila frente al mar,
y entonces te vi desnuda en la cabaña
y sin escribir nada
yo fui el bambú borracho y tu fuiste el mar,
mareo y elegancia de la Realidad.

                                                          *****

LA BALSA

       Una balsa, un refugio, se construye con los restos y desechos de lo que se hunde. Nuestra especie existe porque formaba bandas igualitarias, familias grandes que no toleraban el dolor ni el desprecio de ninguno de sus miembros. Esa fue su balsa y su refugio durante la mayor parte de su historia, sus más de cien milenios de apoyo mutuo y autogobierno sin estados ni ciudades. Quizá tengamos que desprogramarnos del lenguaje del dinero y la propiedad que nos separa y formar bandas, buscar el suelo que nadie quiere o levantar los adoquines para dejar la tierra al aire, ensamblar muebles rotos y juguetes viejos, y empezar algo nuevo con plantas y gallinas que se parezca a lo más viejo. Por Tolstoi y por  Kropotkin que para sobrevivir y vivir super, sin sangre y con belleza, no veo otra salida.

                                                         *****

EL HAIKU DE LA PÉRDIDA MASIVA

Antes de nacer nuestro hijo escribí:

Al mirar las estrellas 
un crujir de caracoles
bajo mis pies

Después de morir nuestro hijo escribí:

Al mirar las estrellas
Un crujir de caracoles
bajo mis pies



Daniel Macías
Niño Edén
Amargord