...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.

martes, 31 de marzo de 2015

VICENTE GALLEGO - SABER DE GRILLOS




VITALIDAD

Campean por el parque
como viento en el viento los chiquillos.
Se ve que aún no le pesan
esas almas al mundo, y son sus pies
como cintas de luz
sobre las aguas trémulas de hierba.

Estos niños, jugando y entregándose
por entero a lo cierto, me han ganado.

¿No son mías sus alas,
no soy yo la mañana de ojos limpios?

*****

ALBOROTO

A esta roja amapola que se ha hecho
dueña entera del mundo,
firme en su indignación,
puesta en su escándalo,
dan ganas de decirle
que lleva la razón en su alboroto,
que no hemos de dudar, que nos perdone.

*****

TEOLOGÍA

 Y que pueda salvarnos
una brizna de hierba.

Esta verde de aquí,
la que me ama.

*****

REMOVIENDO LA TIERRA

Esta tierra que mueve mi azadón,
avejentada y muda,
cómo coge color y se humedece,
cómo se hace encarnada y huele nueva.

Moviendo tierra estoy, ni sé por qué,
para verla esponjarse en su milagro,
más suelta y más muchacha.

******

DE AMANECIDA

No le apena al rocío lo que llores:
él sabe que tu llanto es su frescura,
tu noche su alborada

*****

BIOGRAFÍA

Pasando aquí las noches,
a solas con el campo he terminado.

Enjugando tomates
y oliéndoles la verde rama oscura.
Pelando mis patatas y poniéndolas
en trato de favor con unos ajos.

Y aún puedo permitirme
dar gracias con un tinto
que refresco con hielo y que me endulzo
con gajos de naranja y de limón.

Se diría que no he llegado lejos,
pero buscadme aquí,
perdido en la primicia de mi alma.

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Vicente Gallego
Saber de grillos
Visor de Poesía
XIII Premio Emilio Alarcos

lunes, 23 de marzo de 2015

ANA PÉREZ CAÑAMARES - ECONOMÍA DE GUERRA


Avanzáis y mi conciencia se estira
hasta ser toda campo de batalla.
Por tierra, mar y calles avanzáis
y sé que no habrá exilio ni tregua
que me libren de este cuerpo a cuerpo.
Sois las decisiones del jarabe amargo
del por tu bien lo hago aunque me duela:
la conquista de las verdes praderas
la ciencia moderna de la tortura
el arte de la violación como arma
la esclavitud de todos los distintos.
Y ahora formáis para el paseíllo
y la foto, escaláis las laderas
de mis lumbares, dejándome la espalda
perdida de estandartes y deshechos.
Yo esgrimo un lirio del valle, el lápiz
que me adorna y ordena las heridas.
Blando un amor que aún sería más grande
si no temiera mirar al matarife
y al cordero. Avanzáis engalanados
con las plumas de firmar sentencias
cheques al portador y nombramientos.
Aprisa reúno mis huestes de niños
bautizados por multinacionales
y me esfuerzo en aprender sus apodos
para ser una más entre los anónimos.
Tengo que perder el miedo a encontrarlos
en un callejón y que me pidan cuentas.
Tengo que enarbolar la rabia rebuscada 
en las basuras y saliros al paso
con un ejército de perros rotos.
Estáis aquí, detrás de mis párpados.
Pensáis que me tenéis por fin rodeada.
Pero hasta aquí os traje porque esto es mío.
Mi cuerpo. Mis delirios. Mis fiebres.
Mis abuelos. Mis amantes. Mis hamacas.
Tengo un nosotros que oponeros.
La historia alternativa, la no dicha.
Son otras nuestras sumas y oraciones.
Tenemos portaaviones de papel.
Ardemos como azules zeppelines.
Yo no soy sólo yo. Os he engañado.

*****


Esto era la Crisis:

buscar una sonrisa
no con alegría
sino con desesperación.

Guardarla en el pecho

como un mendrugo de pan.

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No en el Boletín oficial del estado

ni en diarios o plazas mayores.
No en las novelas ni en los desfiles:
la verdad se ve desde el tren
cuando entra en la ciudad
por la puerta trasera.
Ruinas, cascotes, matorrales
y un niño que saluda con la mano
a los indiferentes desconocidos.

*****


Hacía tanto viento:

parecía que hubiéramos enfadado
a un ser mudo con labios y sin grito.

Tanto, tanto viento:

una estampida de sombras
un rechinar de estructuras.

No conseguía saber si nuestro pecado

era haber hecho o no haber hecho nada.

*****


Qué poder tengo yo

para ser escudo de nadie
yo que veo mi reflejo
en el iris
de la paloma atropellada
yo que mido mi espanto
con la escala
de los seísmos violentos
yo que no me concedo
ni la tregua
del descanso nocturno.
Y sin embargo
cogeré las riendas
del caballo más salvaje
le daré mis apellidos
al sueño más demente
robaré el tesoro
más caro a la codicia
en el mismo segundo
en que pronunciemos
las palabras mágicas:
"Somos pueblo. 
Hasta aquí hemos llegado.
No aguantamos más".

*****


Ana Pérez Cañamares

Economía de guerra.
Ediciones Lupercalia.