...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.

jueves, 7 de octubre de 2010

ANTONIO RIGO





Cuando amanece junto al puerto y permaneces.
Cuando la lechosa luz del día
entorna los ojos perplejos de la piel.
Cuando los tambores de los sentidos
golpean humo bajo la noche de tu pecho.
Cuando su ritmo frenético te hace ignorar
la llamada a la cordura de tu corazón.
Cuando llueve y los palacios de la lluvia
hablan enredados
a la luz de tu pelo.
Cuando siempre parece demasiado tarde.
Cuando siempre parece demasiado abajo.
Cuando siempre parece demasiado lejos.
Y sabes ya
que el frío de tus manos recientes
puede encender todos los cigarrillos
del diamante.
Es la hora del adiós a las ciudades.
Es la hora del adiós a los números y
a la aritmética absurda de las culpabilidades.
Es la hora de amar la soledad.
Es la hora - yo soy mío- del bosque encendido.




                          ***




Los caballos que trotan por tu espalda
traen un amor tan desbocado
como esencial.
Relinchos y crines sudadas.
Grupas bañadas por la luz.
Necesidad de avalancha.




                         ***


Tengo una cabaña en la cabeza.
Los dedos de la tristeza
atan cintas coloreadas
a las maderas húmedas
de mi piel.
La hierba de mi pelo se estremece y
habla con el rocío.
El agua de mis ojos tiene sed.
Tengo una cabaña en la cabeza.
Al anochecer enciendo hogueras
donde celebro los gestos,
las ausencias, las ciudades.
He llegado. Soy todo lo que hice.
Y eso ya no existe.

POEMAS DEL BOSQUE Y DE LA LLUVIA.  ED. BAILE DEL SOL

martes, 5 de octubre de 2010

MÁS MIGUEL ÁNGEL VELASCO. MÁS Y MÁS



MUCHACHA EN EL ANDÉN

Sucede que dejamos de amar a una mujer,
y asestamos el golpe, ese puñal
que la vida nos tiende.
No es preciso aprenderlo:
el gesto lo sabemos de memoria.
Y no hay contradicción en que, aun haciéndolo
sin flaquear, sabiendo que no puede
ser de otro modo, porque así lo manda
la ley seca del tiempo, 
no vaya uno a sentirse mientras tanto 
un perro. Sin embargo
ni siquiera las lágrimas acuden,
será porque sin duda el tiempo enseña
a guardar una extraña compostura.
No hay culpables, pensamos, buscando convencernos,
la vida nos arrastra a su traición;
acaso la vez próxima me toque
a mí sentir el hierro.
Y allí se queda ella,
un saúco menudo en el andén, 
un pétalo mojado contra el cielo
de cemento y de plomo;
el brazo a medio alzar,
ondeando su mano
como una mariposa entre dos trenes.


Quién sabe si el infierno
no habrá de ser un día un sucio andén
y una muchacha pura que nos mira, 
que nos mira sin tiempo.


                 ***




LA VISITA


Pude haberme quedado un poco más
pero ese día
-el calor, el cansancio
de tantas tardes de hospital, la atmósfera
desolada de aquella habitación- abrevié la visita,
y me marché a un burdel: la carne busca
afirmarse al contacto de la ruina.
Me privé de ese modo
de un rato más contigo;
quién me lo iba a decir, a una semana
tan sólo de tu muerte.
Quién sabe si esa tarde
me habrías dicho algo necesario,
esa palabra acaso,
largo tiempo guardada, que ilumina
alguna zona oscura,
la que después en la memoria alienta
como un terso legado. Sin embargo
nos privé de esa hora.
Y en el burdel no me gustó ninguna.


                  ***


LA FOTO


Hoy te cuesta mirarla,
verte ahí entre los dos, padre y abuelo,
bien plantado y erguido, rodeándolos
con los brazos: al uno,
cetrino, con aspecto fatigado;
el otro ya un anciano, mas con aire
todavía animoso.
Abarcándolos a ambos, con el gesto
del que cediese el paso,
del que frente a una puerta les dijese:
no faltaría más,
vosotros por delante.
Casi parece como si, con una 
presión imperceptible, los hundieras,
los hundieras despacio.
Al abrazo le falta
esa delicadeza necesaria
para ceñirte a ellos,
para agacharte algo,
para ser más con ambos una sola
carne bregada por la misma mano.


Pero no, aún era pronto
para saber el tacto,
para saber toda la derrota
de que es capaz un cuero.
Y así, enarcas las cejas,
miras al frente con mirada dura,
esbozas tu sonrisa lastimosa
de muchacho seguro. Y en tu traza
se yergue la jactancia del guerrero
que ensancha ufano el pecho y abarca,
uno de cada lado, con un aire
extraño de trofeos.

LA MIRADA SIN DUEÑO (ANTOLOGÍA)  RENACIMIENTO

lunes, 4 de octubre de 2010

MIGUEL ÁNGEL VELASCO

sábado, 2 de octubre de 2010

HA MUERTO MIGUEL ÁNGEL VELASCO





MIGUEL ÁNGEL VELASCO HA MUERTO.









PARTIÓ COMO SAETA FIEL HACIA ALGÚN SUR DE LUZ
Y BOGA DICHOSO EN LA FLECHA DEL VUELO.
DESCANSE EN PAZ.



LA TREGUA
                                          A Carlos Marzal

Esta noche
todos somos iguales en la plaza,
desparramados cuerpos a la espera
de ese rey mago
que escupirá sus bolas de heroína.
Toda la turba acude a la calleja sórdida
y el monarca administra taciturno
la medida ración de muerte en vida.
De nada sirve hoy el láudano del verso,
ni las habitaciones de la música:
te han mirado unos ojos sin amor.

Llegan figuras ávidas
de hombres destruidos y mujeres ajadas.
Te observan extrañados los parias de este mundo
porque en tu rostro aún faltan los estigmas
del alma condenada a su veneno.
Pero esta noche eres
igual a todos ellos, sólo un grano
de este seco racimo que se agolpa en la acera.

Bultos oscuros en los soportales,
con brillos de papel de plata fría
por donde corre trémula la gota
que unos labios persiguen anhelantes,
y al aspirar el humo
se anega el cuerpo en su placenta antigua.

Te alejas afanoso,
tu porción de letargo en el bolsillo,
y sales a la arteria donde bulle,
en la noche del sábado, la multitud festiva.
Te miran unos ojos
al pasar, y no saben
que en tu puño apretado va una tregua
de sombra con la vida.

                
            ***


LAS GARZAS

                                         Para Angelika


Las vi al cruzar el puente, en un rasguño
de la noche cerrada; trascurrían
en formación precisa,
un sereno triángulo
como flecha segura que apuntara
al corazón del sol adivinado
más allá de la niebla,
tatuaje rojo inscrito en el calor
del territorio propio entre las alas.
Batían en la fe de un solo pulso
el plomo de los cielos, sacudiéndose
las bajas nubes tardas.
Volaban de memoria aquellos pájaros,
fantasmas de pureza con la mirada fija
en la línea de acero de una ancha tierra santa.
Quedé como imantado
en toda mi estatura a la alta aguja
de su navegación, mientras seguía
con los ojos errantes el vector de su rumbo.
Al cabo, la bandada
fue mullendo su esquema en una mecha
de bruma, hasta perderse
en la tinta del cielo.
                                ¿A dónde irían
las garzas? Sólo sé
que algo de mí partió
como saeta fiel aquella noche
desde el arco del puente;
algo de mí se fue y boga dichoso
hacia algún sur de luz en la flecha del vuelo.

Poemas del libro La miel salvaje, Colección Visor de poesía

XV PREMIO INTERNACIONAL FUNDACIÓN LOEWE DE POESÍA






           

MIGUEL ÁNGEL VELASCO

viernes, 1 de octubre de 2010

DYLAN THOMAS






ESTE PAN QUE YO PARTO

Este pan que yo parto fue alguna vez avena,
este vino en un árbol extranjero
se zambulló en su fruta;
durante el día el hombre y por la noche el viento
segaron las cosechas, rompieron el gozo de la uva.

Alguna vez, en este vino, la sangre del verano
golpeteaba en la carne que vestía la viña,
un día en este pan
la avena al viento era alegría,
el hombre rompió el sol, abatió el viento.

Esta carne que partes, esta sangre a la que dejas
sembrar desolación entre las venas
fueron avena y uva
nacieron de la raíz sensual y de la savia;
mi vino que te bebes, el pan que me arrebatas.

MENDELSSOHN PIANO TRIO No1 D Minor Mov.1

miércoles, 29 de septiembre de 2010

ANTONIO RIGO












En el descampado hay un remolque con un
carrusel
destartalado entre dos furgonetas preparadas para
el desguace, brota en la parte superior de la noria
un almendro permanentemente en flor. Ocultas tras
las ruedas deshinchadas del insólito carruaje
dormitan, adoquines desvanecidos, las voces de los niños.


                               ***


Y entra el otoño
El hombre está apoyado en el quicio
de la enorme puerta verde, el rugido
de un camión le impide escuchar el balbuceo
del grillo, a su izquierda una sirena toca fin
y enfrente las luces del bar parpadean amarillos
fluorescentes, pasan un coche de bomberos y una
gigantesca máquina excavadora, ambos levantan una
nube de humo azulado, flotan en el aire distancia y
lejanía suficientes para arropar al hombre en la
más completa soledad, lentitud.
Cae un relámpago y entra el otoño.

Poemas del polígono industrial. Ed Bitzoc.


martes, 28 de septiembre de 2010

NICOLE BLAY FRANZKE
















Crónicas de Asturias (III)

Cada mañana, a las diez y media, abro la ventana y veo el mismo paisaje:
el lomo agachado de la mujer con sombrero de paja, cavando la tierra.
Seguramente lleva ahí desde las siete.
Al caer el sol, sigue cavando en la misma posición.
Siembra paciencia con cada gesto, pero la tierra se empeña en no ceder.
Desde mi cama, le escribo este poema: seguro que si lo oyera, me escupiría sobre el papel. 

.

WORKING CLASS HERO

domingo, 26 de septiembre de 2010

EMILI SÁNCHEZ RUBIO

















Quiero ser una piedra.
Quiero ser una piedra.
Quiero ser una piedra y ya casi lo tengo,
pero pediría ser una piedra de río
y las piedras no piden nada.




Aristotélica

En mi jardín
vive el hombre
que ve un árbol
en la mano
que sustenta una semilla.



Árbol II

Un hombre como yo
llora al mirar un árbol.
Su condición de esqueleto cubierto por la sangre
le lleva a tropezar con todo,
a producir estruendo para llegar a algo.
Un hombre como yo
se acerca al nogal, al pistacho,
al almendro bajo el azote del viento y el palo.
Tal vez espera aprender de sus heridas.
Tal vez una palabra,
el entendimiento de la cáscara que se precipita al suelo.

Jardín en construcción.  Diputación Foral de Álava.  XX Premio de poesía Ernestina Champourcin.

sábado, 25 de septiembre de 2010

ENRIQUE FALCÓN



MORATALAZ


                                                          On a pile of lime
                                                          (Robert Lowell)


yo tenía una mano fría metida en un montón de tierra negra.
Un día la cogí
y la elevé por los aires.

De mi mano nunca supe nada. Si importa,
quedé con mis insectos de cara a la ciudad,
a las suaves autovías de la sangre
largada en las aceras.

Nunca más volvió.

Si quedó enganchada en el humo de las chimeneas
o en insinuado capricho de un recuerdo,
no lo sabe nadie.

Un día tomé mi mano mas mendiga
y la eche a perder.
Dejando sobre un tiesto de tierra negra
la mano que se oculta.
Recuerdo el día, la temperatura sobre las ventanas,
pero no el lugar.

ENRIQUE FALCÓN.    AMONAL Y OTROS POEMAS.     EDICIONES IDEA.
.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

DYLAN THOMAS





La fuerza que por el verde tallo impulsa a la flor
impulsa mis verdes años; la que marchita la raíz del árbol
es la que me destruye.
Y yo estoy mudo para decirle a la encorvada rosa
que la misma fiebre invernal dobla mi juventud.

La fuerza que impulsa el agua entre las rocas
impulsa mi roja sangre; la que seca los arroyos parlantes
vuelve cera los míos.
Y yo estoy mudo para contarle a mis venas
cómo la misma boca bebe del manantial de la montaña.

La mano que arremolina el agua del estanque
remueve las arenas; la que amarra las ráfagas del viento
iza mi vela de sudario.
Y yo estoy mudo para decirle al ahorcado
que el barro del verdugo está hecho de mi arcilla.

Los labios del tiempo sorben del manantial;
el amor gotea y se acumula, mas la sangre vertida
calmará sus pesares.
Y yo estoy mudo para decirle al viento en la intemperie
cómo ha trazado el tiempo un cielo entre los astros.

Y yo estoy mudo para decirle a la tumba de la amada
que en mi sábana avanza encorvado el mismo gusano.

martes, 21 de septiembre de 2010

GSÚS BONILLA




ESTE POEMA –lo escribieron a medias– los huesos
y el desasosiego de mis muertos.

de donde yo vengo, de donde yo era
se le conoce a una fuente como la del espino
y cuando era chico –poco antes de ahora-
había una higuera y comíamos higos.            hoy
al lado de aquella infancia hay una ermita
que rinde pleitesía a una virgen de mentira;

pero siempre                       –cuando yo era chico–
poco antes de ahora
hubo un camino preñado de secretos
con su cuneta sembrada de silencios
y mi ignorancia.          
                llegaba el buen tiempo
                         y florecían
rosas y zarzas                     con sus espinas.

¿de dónde yo vengo?          ¿cuándo yo era?
.