finalmente el periodista, ya aburrido.
No hubo infancia, sólo negros cuervos
y tranvías ávidos de electricidad,
pesadas casullas de gordos curas,
maestros con cara de latón.
No hubo infancia, sólo espera.
Las hojas de los arces brillaban
en la noche, como el fósforo, la lluvia
humedecía los labios de los cantantes.
***
ALGUIEN AFINABA EL ÓRGANO
En una iglesia vacía alguien afinaba el órgano.
En una nave gótica resonaba una cascada.
Las voces de los torturados y la risa de los alumnos
se mezclaban con mi aliento vertical.
En la catedral vacía alguien afinaba el órgano
y se divertía con la salvaje anarquía de los tubos,
demolía casas, arrojaba rayos, después construía
una ciudad, un estadio, un aeropuerto, una
autopista.
¡Si consiguiera ver al organista!
¡Si yo pudiera distinguir su cara, sus ojos!
Si pudiera seguir los movimientos de sus manos
quizás entendería hacia dónde nos lleva,
a nosotros y a aquellos que protegemos,
los niños, los animales, las sombras.
***
LA NOCHE ES UNA CISTERNA.
La noche es una cisterna. Cantan las lechuzas.
A rastras los refugiados
van por senderos en el bramido y el murmullo de
una desdicha eterna.
Quién eres tú, que vas perdido en la trémula
multitud.
Y quién serás, en quién te convertirás,
cuando vuelva el día y un saludo normal perfile los
límites íntimos.
La noche es una cisterna. Bailan las últimas parejas
en la fiesta.
Del mar se oyen gritos de altas olas y el viento mece
un pino.
Al este una mano dibuja la primera línea del alba.
Palidecen las lámparas, se ahoga el motor de un
coche.
Ante nosotros la senda de la vida y breves momentos
de astronomía.
ADAM ZAGAJEWSKI. ANTENAS
ACANTILADO. TRAD. DE XAVIER FARRÉ


