Volver a casa. Pero ¿a qué casa? A qué paredes ya inexistentes. A qué piedras ahogadas en el abrazo mortal de las zarzas. Volver a dónde cuando ya no son azules los cielos ni verdes los campos. Cuando hasta las ortigas se vuelven confortables frente a la afilada frialdad del miedo. Volver únicamente a una tierra sin surcos, a una mesa sin pan, a un territorio sin horizonte, a unas aves sin vuelo, a una luna sin sol, a un corazón sin sangre, volver, sí, pero ¿volver a dónde? Armando Vega. Asturcones, 31 poetas de Asturias Canalla Ediciones
Deberíamos regresar a nosotros mismos; pero, lamentablemente, somos como esos campos de ortigas confortables. Moviendo una piedra, puede ser que encontremos los egos que se esconden del mundo y, tal vez, uno de ellos pudiera ser el que buscamos.
Deberíamos regresar a nosotros mismos; pero, lamentablemente, somos como esos campos de ortigas confortables. Moviendo una piedra, puede ser que encontremos los egos que se esconden del mundo y, tal vez, uno de ellos pudiera ser el que buscamos.
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