ASÍ FUERON La mañana –ese tigre de papel de periódico– ruge entre mis manos. Ambigua e indecisa, exhibiendo las fauces irascibles en un largo bostezo, se levanta: Va a abrevar en los ríos, a teñirlos de rojo con sus barbas sangrientas. Luego se precipita sobre el valle. Las tres en punto ya; parece que la luz, zarpa retráctil, abandona su presa. Pero eso, ¿quién lo sabe? Agazapado como una loba, el crepúsculo espera a que salga la luna para aullar largamente. Así fueron los días que recuerdo. Los otros, los que olvido –¡tengo ya tantos años!– huyeron como corzas malheridas. Ángel González Prosemas o menos
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