...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.
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martes, 4 de noviembre de 2014

BEGOÑA ABAD - A LA IZQUIERDA DEL PADRE - POEMAS


     

                     
                                                         Para Isabella 
                              
No fuiste tú quien se quitó la vida,
cada día te lo iré repitiendo
porque me escuchas, callada ahora, por fin en paz.
Fue la vida que no quiso oírte,
que no te hizo el hueco que tú te merecías.
Porque tú eras más que lo que ella te daba.
Tú eras, no sólo tu vida, también la mía.
No te apenes ya, no sufras,
no hiciste nada mal, no te culpes más.
Este dolor es mío,
lo vivo entreverado con la certeza
de mi suerte por haberte nacido.
Lo siento porque dos veces
me abrieron las entrañas,
una para traerte, otra para llevarte,
pero es mío, no llores tú
que sólo alegrías me diste con tu llegada.
No fuiste tú quien se quitó la vida,
no fuiste tú quien me causó dolor,
es la vida que no supo oírnos llorar juntas.

*****
                                            
A veces me visita, se sienta frente a mí
y me mira silenciosa.
Yo esquivo como puedo la punzada de sus ojos,
trasteo con las cosas, hago ruido con ellas,
las cambio de lugar.
Pongo música, la radio, enciendo el televisor,
abro las ventanas, en un intento vano de escapar.
Ella espera paciente, como una madre
el regreso del niño que escapa del baño.
Al final sus ojos son tiernos,
me mira risueña y las manos cruzadas
sobre el halda, se parecen a las mías.
Así que acabo por sentarme
y compartimos el silencio.
A la tristeza no le gusta estar sola.


Begoña Abad
A la izquierda del padre
Ediciones La Baragaña


miércoles, 7 de mayo de 2014

BEGOÑA ABAD - LA MEDIDA DE MI MADRE II - POEMAS



Salió como pudo, a rastras.
Tosió, se sacudió la ropa.
Miró alrededor.
Se limpió las pestañas del polvo.
Se limpió la lágrima.
Se olvidó de mirar atrás
donde estaban ellos.
Se palpó la cabeza
para saberse vivo.
la rodilla con un corte
n o tan profundo como el del alma.
En las manos, aún,
conservaba la tiza
con la que antes
había dibujado un barco
al borde de la playa.
Miró alrededor
buscando una pared en pie
para seguir dibujando el puente.
En medio de la nada lisa
sólo encontró aquella superficie
y escribió su nombre
y el de su hermano
en el vientre de un obús.

           *****

"No debes involucrarte en las historias
es un trabajo, mantén las distancias",
aconseja un padre veterano
a su cachorro que comienza a ponerse en pie.
no te involucres con la mujer violentada,
es un caso que defiendes.
No te involucres con ese estafador
que saldrá absuelto de condenar a la ruina a los otros.
No te involucres con ese perro abandonado.
No te dejes mirar por los ojos
de un niño que agoniza
colgado de los pechos secos de su madre,
ni por el cuerpo del anciano
que se deja morir a su lado
en una tierra seca.
No te involucres, no pierdas el sueño,
no te manches de horrores,
que el mundo necesita gente guapa.

            *****

Hace falta valor para engendrar un hijo
sabiendo, si se sabe,
que será nuestra prolongación.
Hace falta valor para mirarse al espejo
y saber, si se sabe,
que lo que vemos se puede mejorar.
Hace falta valor para reconocer
que si sólo sabemos amarnos
él no aprenderá a amar
y si sólo oímos nuestra voz
él no tendrá otra voz que la suya
Y si sólo vemos nuestro ombligo
él no descubrirá si no el suyo.
Que si comenzamos una tapia
él levantará una muralla
y si comenzamos una batalla
él acabará una guerra.
Que si no le dejamos hablar
él nos tapará la boca.
Y si apartamos la mano
él levantará el puño.
Hace falta valor para engendrar
un nido de serpientes
cuando creemos engendrar 
un nido de palomas de paz.

          *****

Saben que están vivos
únicamente porque temen la muerte.

No avanzan porque moverse
puede conducirles a ella.

No respiran hondo
porque de ese modo la despistan.

Dicen que están vivos
pero salen de sus tumbas cada día.

          *****

La vida es un traje a medida,
una funda en la que cabe todo,
un siniestro disfraz, un disparate.

Es un molesto tejido que a veces incomoda,
un amuleto inútil,
una quebrada pata a la que estás atado,
una ligera liebre que se escapa.
Es un estrecho paso, un paso a nivel,
una cuesta que cuesta, por la que luego rodaremos.
Una barrera a lo innombrable
un tragaluz a lo eterno.
Una excusa para amar, un deseo de ser amado.
Algo externo que nadie soluciona,
algo de lo que nadie se hace responsable nunca.
Un peligroso animal agonizante,
un requiebro, un regalo, un traje inacabado.
Un tren en marcha, una marcha en tren.
Un polvo agotador, una censura,
un deseo carnal, un delicado imán,
un tesoro encontrado en la basura.
Una medida del tiempo sin medida,
una pirueta asombrosa, inesperada,
un todo que, sin embargo,
se nos escapa siempre hacia la nada.

            *****

POETA

Si el poema le gusta
envidiará no haberlo escrito él.
Si no le gusta querrá cambiarlo
como si lo hubiera escrito él.

El poeta vive entre la envidia
y la búsqueda del poema
que siempre se le escapa
en el colador de cazar agua.


Begoña Abad
La medida de mi madre
Olifante  Ediciones de poesía

martes, 4 de marzo de 2014

BEGOÑA ABAD - LA MEDIDA DE MI MADRE - POEMAS



Mi padre, a estas alturas,
escribe sus memorias
y yo pienso que cuando falte
no querré leerlas
por si acaso descubro
que no nos hemos conocido nunca.

          *****

No sé si te lo he dicho:
mi madre es pequeña
y tiene que ponerse de puntillas
para besarme.
Hace años yo me empinaba,
supongo, para robarle un beso.
Nos hemos pasado la vida
estirándonos y agachándonos
para buscar la medida exacta 
donde poder querernos.

           *****

Mi madre no recuerda el nombre se su madre.
Ha olvidado el camino de regreso a la vida,
no sabe usar el peine, ni la cuchara,
se pone, casi siempre, la chaqueta al revés
y revuelve los cajones en su memoria,
pero siempre sonríe al escuchar mi nombre.

Mi madre no recuerda si tuvo algún amante,
si ha viajado muy lejos, si ha perdido algún tren,
dónde están sus anillos, si alguna vez fue guapa,
que le gustaba tanto el Chinchón y el café,
que las letras unidas tienen significado
y que el perro que amaba nos dejó ya hace un mes.

Mi madre me recuerda, sin amargura,
lo que yo he olvidado tan tontamente,
la oración de su abuela que me dormía
las canciones de cuna que me cantaba,
y unas romanzas moras que, en letanía,
desgrana mirando por la ventana.

Mi madre y yo sujetamos recuerdos olvidados
como podemos, a veces con dolor,
otras con risas, siempre con esperanza.

             *****

Sin acto de amor que me conciba,
sin madre que me espere,
sin saber para qué,
sigo empeñada en nacer
a cualquier hora,
de cualquier manera,
por olvidarme de los días
en los que nacía muerta
o en los que me moría
de a poquitos silenciosos.
Nacerme a cada paso
aunque sea de nalgas
y con dos vueltas de cordón 
enrollado en el alma,
nacerme y respirarte...

             *****

Quiero que me comprendas,
abro el baúl de las palabras,
busco las que aprendiste de niño,
las más sencillas, las de diario,
¿recuerdas? "Mi mamá me ama".

              *****

La mano hábil desbroza,
sabia con los años
se mueve con destreza.
Arranca sin remisión 
las peores hierbas.
Vuelve a repasar,
surco a surco,
titubea, se detiene, duda,
pero vuelve a desbrozar.
Teme haber arrancado,
en alguna ocasión,
un brote delicado que no vio,
que no reconoció,
porque el cansancio ciega.
Regresa, cada día más sabia,
al surco que conoce,
camina por él,
observa más despacio
y a la destreza,
a la sabiduría,
añade ahora la piedad.

         *****



Me preñaste de palabras
ojalá los hijos que nazcan
tengan tus ojos, tu mirada.
El abultado vientre se parece
a un globo terráqueo
en el que habitarán
los poemas que tú me escribiste.
Continuo caminando,
he decidido seguirte,
me transformo en tu sombra,
una sombra de abultado vientre
que rompa las leyes de la física.
He decidido que el hijo que nazca
compita sólo en el arte de amar
y le pondré tu nombre
y he decidido que inventaré un mundo,
un lugar con sol y agua,
sonde reine el silencio,
donde pueda llevarte conmigo
sin que nadie nos mire.
Cuando nazca lo hará entre dos luces,
la tuya y la mía,
entre dos brazos,
entre líneas,
intercalado,
entre besos
y versos.
Preñada de palabras me tienes.


Begoña Abad
La medida de mi madre
Olifante Ediciones de Poesía

miércoles, 19 de febrero de 2014

BEGOÑA ABAD - CÓMO APRENDER A VOLAR. II



Intenta entender lo de los campos de exterminio
y lee páginas y páginas del espanto.
Intenta ponerse en el lugar
de los guardianes, atroces, abominables.
Intenta entender qué placer hay
en el dolor por el dolor,
del cordero llevado al matadero.
Intenta entenderlo, día y noche,
porque ella ni siquiera pasará a la historia
a pesar de que vive ya en un campo de concentración
y su S.S particular figura en su libro de familia
como el padre de sus hijos.

             *****

Allí Van Van
Allí Van Van
y los cuarenta ladrones.
La toma de posesión se llama
y van en procesión caballeros y damas
a poseerlo todo, a poseerse.
La tierra es suya, tratan de convencerse:
"nos han dado sus votos"
y se frotan sus zarpas como devotos
del reino de Allí Van Van.
Y se pondrán las botas a costa nuestra
igual por la izquierda que por la diestra.
Y aplaudirán sus logros
con sus panzas llenas como los ogros
y subirán escaños
pisando las cabezas como peldaños.
Los guapos, los poderosos, ellos,
Allí Van Van
Allí Van Van
y los cuarenta ladrones.
Lo supe desde el principio
no dan para un poema
sólo pa un ripio.

              *****

La vida es un espacio 
en el que perdonar
y en el que conseguir
ser perdonados.
Todo lo que ocurre en medio
carece de importancia
pero nos hace muy infelices.

              *****

Iré tan lejos
como me lleva mi pensamiento,
pero volveré siempre
a la casa que habito.

              *****

Voy a cumplir sesenta años.
De los sesenta, más de cuarenta
sólo era eso que en el DNI 
ponía: de profesión, sus labores.
Los últimos catorce
he trabajado de portera
en una finca urbana.
Cuando friego, lo hago con dignidad
y cuando termino la tarea,
en ese mismo lugar,
escribo poemas
para defender la dignidad
de los más invisibles,
por si los que la perdieron
entre visas oro y el brillo del poder
quieren hacerles creer
que no tienen derecho a ella.
Cuando miro a los ojos,
cuando hablo, respiro o lloro,
lo hago también con dignidad.


Begoña Abad
Cómo aprender a volar
Olifante ediciones de poesía (col. papeles de trasmoz)

jueves, 23 de enero de 2014

BEGOÑA ABAD - COMO APRENDER A VOLAR - I



Si me hubieran leído poemas 
desde niña...
nunca habría dejado de ser niña...

          ****        

Un día te hiciste mayor. 
Lo supe porque dejaste de venir 
a acurrucarte a mi lado
los domingos por la mañana.
Dejaste de buscar el calor
de mi costado
y mi mano distraída
haciéndote dibujos en el pelo.
Dejaste de pedir que te contara 
cómo eras de pequeño
y cómo era yo y cómo tu abuelo
y apareciste, sabio ya.
Todo lo sabías en esa mañana triste.
Me costó acostumbrarme
a verte aparecer en la cocina
con el ceño fruncido, silencioso.
Tuve que aprender a quererte de nuevo,
también así, distante y gris.
Aprender que sólo era un baile de disfraces
en el que me tocaba adivinar
de qué ibas vestido,
pero sabiendo que siempre
detrás estabas tú,
igual que tú esperabas
que yo estuviera siempre
esperando sin disfraz.
         
          *****

Mi abuelo no salió de su pueblo.
El pueblo tenía cuatro casas,
cuatro calles, cuatro caminos,
cuatro vecinos, cuatro perros.
No había en él ni obispos, ni ministros,
ni putas, ni altos cargos,
no había empresas, ni banca, ni iglesia
          había.
En realidad no salió nunca de su molino.
Ya es casualidad que por aquel lugar,
remoto y olvidado,
acertara a pasar la vida.
Mi abuelo hablaba poco, pero sabía mucho,
todo lo aprendió mirando la muela
que, implacable, con el mismo eterno
          movimiento,
machacaba siempre el grano, hasta hacerlo
          polvo.


          *****

Qué haremos los que nunca
saldremos en portadas de lujo,
los que gastamos sólo calderilla
y los que no atamos los versos
en líricas reales octavillas.
Los que no compramos más obra 
que la del pintor sin corte
y los que leemos la prensa gratuita.
Los que nunca fuimos a París,
ni sabemos lo que es volar en business
porque somos turistas de bajo coste.

Qué haremos los que nunca tendremos
una foto con el rey o el ministro
los que no conoce ni cristo
porque trabajamos a turnos
o a destajo, en la obra de vivir
sin esperar más lujo
que hacerlo a pierna suelta.

Qué haremos los que creemos 
que vivir es posible sin explotar a nadie
y que no hay más ganancia
que la de reconocernos siempre
cuando miremos al otro.

Qué haremos los que nunca
justificamos la guerra
aunque pongan banderas
en nuestro territorio.

Qué haremos los idiotas
que aún tenemos fe
en la naturaleza humana
contra los tiburones y las alimañas
que habitan la tierra
y los que abrimos puertas
en cada esquina
y dejamos la ventana abierta
como en noche de reyes,
cada día del año, sin zapatos, sin carta,
sólo por el placer de la espera.



BEGOÑA ABAD
Cómo aprender a volar
Olifante Ediciones (Papeles de trasmoz)