...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.

martes, 3 de noviembre de 2015

DAVID GONZÁLEZ - PÁJAROS - TRINIDAD POÉTICA - AGUJEROS NEGROS


          trinidad poética

          la poesía
          es
          el vaso:

          el agua 
          que contiene 
          el vaso:

 y       la gota
          que colma
          ese vaso

y        rompe

          la presa

       *****

       agujeros negros

       ah
       el tiempo que no se mojaba
       los pies 
       en charcos de sangre:

       nos reíamos
       de la palabra de dios
       en la mismísima cara
       dura
       de sus falsos representantes

       las vacas se ordeñaban
       en los pasillos de la escuela
       durante la media hora del recreo

       los domingos estrenaban ropa

       ah
       las tres chimeneas frías
       el edificio mudo
y     la bola del mundo
       que invitaba
       paisajes de ferrocarril
       a mis sábanas de campaña

       ay
       la noche que me confundí en una estrella
y     dejé de contar

*****


pájaros

                             los mirlos silban sobre las tiernas hojas.
                                                    KENNETH REXROTH

en la acera 
de enfrente:
un árbol 
y 
una farola 
del alumbrado,
abrazados,
como 
una pareja 
de novios.
pero 
solo 
el 
árbol 
tiene 
pájaros.

*****


David González

sábado, 31 de octubre de 2015

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO - TRES POEMAS



LUNA LLENA

Como cuando era niño y te miraba
lleno de dicha y lleno al mismo tiempo
de sagrado temor, miro esta noche
tu misteriosa plenitud. Mis ojos
van siguiendo tu curso, el arco mágico
que trazas en el cielo, y te agradece
el corazón rendido la belleza
que al mundo le regalas.
                                    Sé que riges,
junto a otros astros, mi destino y nunca
me he negado a ser tuyo: ¿quién podría
desoír tu fulgor sin saber luego 
siglos de oscuridad? He pretendido
siempre que mis poemas, en el fondo 
–aunque los versos de otra cosa hablasen–,
te celebraran y que fueran dignos
de elevarse hacia ti, porque no ignoro 
todo lo que te debo.
                             Pongo. madre,
bajo tu dulce protección los cantos 
que este libro reúne, y te suplico
que los acojas y que no les niegues
el don supremo de tu luz divina.

*****

AVISO PARA CAMINANTES

En la suma de días indistintos
que la vida da al hombre, acaso hay uno
en que el destino, trágico y hermoso,
pasa por nuestro lado y el azar manifiesta
una insólita luz, un desusado
fulgor inconfundible.
Pero no has de dudar. Ten el coraje,
cuando llegue el momento,
de abandonar las cosas con que siempre
te engaño la costumbre, y sube pronto
a ese carro de fuego.
                               Poco dura
el milagro.
                Después, si te negaras
a partir, sólo noche
merecerás. Y nunca, aunque quisieras,
podrás comprar la luz que despreciaste.

*****

EL MALECÓN

Apártate de todo esta mañana
y adéntrate en ti mismo al tiempo que te adentras
en la insólita paz de este olvidado
retiro silencioso.
                        No hay nadie. Quedan lejos
la ciudad y sus gentes, los trabajos
tan tristes de los hombres. Es tu amigo
el buen sol de febrero, que acaricia
con mucho amor las cosas y derrama
su milagro en tu piel. Vivir deseas 
con la antigua inocencia este momento
y ser de nuevo aquel adolescente
que aquí solía venir cuando necesitaba
estar solo y soñar.
                           Pero detente. Mira.
¿Recuerdas? Puedes verlo. En un banco de piedra
está sentado. Tiene
un cuaderno en las manos, y unos libros
hay junto a él. Quién sabe
en qué estará pensando. Ignora tantas cosas
que te enseñó la vida y que quisieras
no saber.
              Déjalo. Nada le digas.
Tiempo habrá de que el tiempo
lo acerque a ti y te alcance.
Pasa a su lado y sigue. No destruyas
el encanto. Silencio. Sed dichosos
bajo esta luz bendita.
                               Entre las ramas
de los naranjos cantan los jilgueros.

*****

Eloy Sánchez Rodillo
Elegías
Trieste

miércoles, 28 de octubre de 2015

ÁNGEL GONZÁLEZ - ASÍ FUERON



ASÍ FUERON

La mañana
                   –ese tigre
de papel de periódico–
ruge entre mis manos.

Ambigua e indecisa, 
exhibiendo las fauces irascibles 
en un largo bostezo, 
se levanta:

Va a abrevar en los ríos, 
a teñirlos de rojo con sus barbas sangrientas. 
Luego se precipita sobre el valle.

Las tres en punto ya; 
parece que la luz, zarpa retráctil, 
abandona su presa.

Pero eso,
               ¿quién lo sabe?

Agazapado
como una loba,
el crepúsculo espera 
a que salga la luna 
para aullar largamente.

Así fueron los días que recuerdo.

Los otros,
los que olvido
¡tengo ya tantos años!–
huyeron como corzas malheridas.


Ángel González
Prosemas o menos

viernes, 23 de octubre de 2015

ANTONIO ORIHUELA - EL AHORCADO



EL AHORCADO


Los niños me proponen un juego:
adivinar palabras.

Se marcan tantos espacios en blanco como letras tiene la palabra a acertar
y se pinta al lado una horca.
En ella, por cada error,
se dibuja un miembro del cuerpo humano,
pierdes si,
antes de encontrar la palabra,
tus errores completan la figura del ahorcado.

Cinco huecos para mi palabra:

D O L O R

Recorren  arriba y abajo el abecedario,
pero aún no encuentran en sus vidas nada semejante.

En el papel,
se balancea un muerto.

jueves, 15 de octubre de 2015

PEDRO MAIRAL - POR ESO



porque yo me desierto y tú me lluvias
porque me océano y me balsas
porque me otoño y tú me hojas
porque me sótano y me alas
por eso yo te músico y me músicas
por eso yo te potro y tú me frutas
y yo te marinero y me tabernas
y yo te remolino y me lagunas
por eso yo te circo y tú me infancias
por eso te amarillo y me amarillas
y te barco y me arenas
y te astro y me noches
y te buzo y me perlas
y te campo y me flores
por eso yo te viento y tú me crines
por eso te crepúsculo y me auroras
por eso yo te cielo y tú me golondrinas

sábado, 10 de octubre de 2015

CRÓNICAS DEL VÉRTIGO - J. MANUEL VIVAS



Es difícil componer las palabras,
dejarlas sucumbir en su preciso designio.
Es difícil otorgarles la escena
que su desafío propone,
que no crezcan insostenibles o viejas,
que no se despojen de la incertidumbre
que las alimenta.
Es difícil estar en ellas indiferente,
creer  que su leve abrazo
se extenderá por los papeles
o en los muros donde habitan tercas.
Es difícil,
y sin embargo se asoman cada tarde,
claras e intransigentes,
volátiles también,
decididas a elevarse sobre la escena,
escalar las frías cumbres,
incendiar las miradas
o desmembrar provocadoras
todo atisbo de inocencia.

*****

Es sábado y otoño,
del día y la estación se presiente
el leve dibujo de las sombras,
la esférica pronunciación de la lluvia,
el cielo cerrado y gris,
la tierra empapada de olvidos,
los pasos que se alejan,
la mirada altiva y débil que desfallece,
la luz y la simiente entre ruinas,
el vuelo y la memoria que se pierden
y el tenue silencio de las horas
que todo acosa y derriba.

Es sábado y otoño
y octubre,
y llueve sobre el asfalto.

*****

Tienen las manos el sabor turbio del deseo,
donde cavan se desnudan,
cuando acarician se dilatan,
donde esculpen y escriben
dejan huellas curvas y sinuosas,
donde yacen
engendran diminutos insectos,
de alas quebradas,
de risas oscuras.

*****

Crónicas del vértigo
José Manuel Vivas Hernández

martes, 6 de octubre de 2015

BENJAMÍN PRADO - HOTEL DE CARRETERA JUNTO AL BOSQUE



Hotel de carretera junto a un bosque

                          I


–poema: nieve azul, agua en la mano.


Un hombre es más feliz cuanta más gente olvida.


Sólo el miedo 

consigue que las cosas 
parezcan lo que son.

Digo mis tres verdades junto a un bosque.

Digo también 
la vida y la muerte se parecen 
como un pez y un cuchillo. 
Digo a veces soñar es más fácil que ver.

Y hablo como quien sube una montaña, 

hablo un idioma verde que morirá en tu arena.


                          II


–volvíamos a casa con las primeras lluvias, 

en los últimos días de verano.
Detrás el mar, 
su arena sin memoria, 
su inquietud de mercurio.

El otoño era un lobo que comía palomas en hoteles vacíos;

los árboles soñaban con leones; 
la ciudad se acercaba con sus cristales negros, 
lentamente, 
como sangre vertida.

A lo lejos, 

              brillaban las torres de la radio.
Las calles eran piezas de la noche
como la llama es parte de la luz
y la ceniza es parte de la sombra.

Si cerrabas los ojos, la autopista era un río.



                           III


–Cuando el cielo comienza a oscurecer

se encienden los hoteles.

La estación de servicio ilumina el bosque.

Los árboles
son como un fuego verde ardiendo en la espesura.

Hay rosales plantados junto a los surtidores

y las rosas se encienden
cuando pasan los coches.
Se encienden
y se apagan,
como el letrero de un hotel barato.


                            IV


–El Ganges era lento y el Mississippi oscuro;

uno se parecía a las panteras
y otro a los ojos de un soldado herido.

Mi padre usaba palabras hermosas igual que la nieve.

Palabras como la nieve que se oculta a sí misma.

Los bosques destilaban pájaros tropicales,

el Amazonas era la sombra de los tigres,
el Sena
            comenzaba en las campanas
y en el Hudson morían las palomas.

Yo estudiaba los ríos.

Mi padre,
envuelto en humo,
hablaba de esperanzas y de escombros,
de la lluvia inocente sobre el hombre culpable,
del puñal enterrado en la arena de los números,
del sol vacío que entra en la casa del muerto.

La luz del televisor se extendía por la habitación.


En el Ebro, flotaban duros montes de estaño.

En el Guadalquivir hubo torres de oro.
En el Nilo brillaban las pirámides.

Nuestros cuerpos teñían de rojo la luna.



                              V


–El invierno se esparce como un gas por los árboles.


Un viento azul

                     se mueve en las violetas
últimas del jardín.

En el pequeño

incendio de las rosas
arde la luna.

Veo el mundo a través de ti

como el bañista cuya piel toma,
                                               al internarse en el mar,
la temperatura del agua.

El bosque es del tamaño de mis ojos.

Cuando las luces caen 
bajan los animales hasta el río:
ciervos dorados que beben ciervos azules;
ciervos que miran con ojos tristísimos pasar los trenes.

Acaricio tu mano y espero que regreses.

Amor de antes, pozo sin niñas asustadas,
fruta sin dios,
maleza sin ortigas.

                         

                                VI


–Nos marchábamos una y otra vez de sus ojos
como un río se aleja de los árboles,
una y otra vez.

Tú dijiste: –Las cosas nunca son

nuevas, sólo distintas.
Y el mundo se ajustó, de pronto, a esas palabras,
se convirtió en su sombra,
                                      su consecuencia,
                                                               su eco.

La muerte era muy blanca y llegaba a su piel

como el mar se acerca a la noche de las ciudades.
Nosotros la veíamos,
era una nieve espesa
y quemaba las manos.

Yo te dije:

                –El dolor es siempre nuevo
es el que toca el agua quien inventa las ondas,
es el que cae quien crea el precipicio.

Miré otra vez sus ojos,

supe
       lo que es un río
atrapado en los árboles que refleja ese río.


                                VII


–Una noche te dije: –Quien no tiene secretos

nunca tendrá piedad.

Llovía, pero abriste una ventana.


La tormenta era azul dentro del bosque.

La mancha roja de las rosas
                                         se extendía
por el corazón de los jardines.
Y el mundo era un mundo de otra época:
como la vez que estábamos en una casa abandonada
viendo un incendio antiguo.


                                  VIII


Mi padre había muerto, pero aún lo veíamos

por las habitaciones 
o cruzando el jardín:
como al cerrar los ojos
después de ver un bosque,
los pájaros se mueven todavía un momento en la mirada.

Después llegaron luces

                                 de autopista,
emisoras
              de media noche
hoteles conocidos,
                           la luna sobre el río de automóviles.

Atravesábamos despacio los nombres de las ciudades,

sintiendo, al mismo tiempo,
la lentitud y el paso de los días.

Hacia el final, mi padre era del agua,

del cuarzo,
de la sombra.
Sus ojos eran limpios,
más azules.
Y extraños
como una luz encendida en una habitación vacía.


                                       IX


–Conduciendo bajo la lluvia,

la luna es del color de los coches que pasan.

Atrás queda el pequeño

hotel de carretera junto a un bosque.

Conduciendo bajo la lluvia,

en los jardines públicos brillan ángeles fríos.

Atravesando calles

                            tranquilas,
soledad edificada.

Conduciendo de vuelta hacia nosotros mismos.

La última frontera es nuestro corazón.




Benjamín Prado
Asuntos personales


miércoles, 30 de septiembre de 2015

J. ANDRADE - LA AUSENCIA DE UN PEZ EN EL CARDUMEN















te mueres
y alrededor sigue el curso de los días

faltarás

piensas
pero será como la ausencia de un pez en el cardumen
o tan indistinto como una gota de agua en el día lluvioso

y no te mueres de amor 

o sed 
o hambre

te mueres simplemente

en la fórmula simple de haber nacido
porque golpea su fondo aquello que comprueba su límite


y ya



Jotaele Andrade

sábado, 26 de septiembre de 2015

ANTONIO GAMONEDA - LIBRO DEL FRÍO - POEMAS 2



El animal que llora, ése estuvo en tu alma antes de ser amarillo;

el animal que lame las heridas blancas,
ése está ciego en la misericordia;
el que duerme en la luz y es miserable,
ése agoniza en el relámpago.

La mujer cuyo corazón es azul y te alimenta sin descanso,

ésa es tu madre dentro de la ira;
la mujer que no olvida y está desnuda en el silencio,
ésa fue música en tus ojos.

Vértigo en la quietud: en los espejos entran sustancias corporales y arden palomas. Tú dibujas juicios y tempestades y lamentos.


Así es la luz de la vejez, así

La aparición de las heridas blancas.


*****


Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa en el silencio de las últimas ramas.


Esto era el destino:


Llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.


***** 


A la penumbra auricular no viene nunca el sonido del amanecer. Muge el silencio en las ocultas bóvedas y se desliza en tus membranas. Silban los pájaros y tu pasión es sorda.


Tú ya no estás en tus oídos.


*****


Ardes bajo las túnicas carnales.

Ha sido inútil la sutura negra:
No hay agua en ti. Todas las fuentes manan en otra edad
Y te enloquece la pureza de la copa vacía.

*****


Amé las desapariciones y ahora el último rostro ha salido de mí.

He atravesado las cortinas blancas:

ya sólo hay luz dentro de mis ojos.


*****


Antonio Gamoneda

Libro del frío

lunes, 21 de septiembre de 2015

ANTONIO RIGO - POEMAS DE LA NEVERA




todo lo veo
en tu tobillo,
impúdico altar
de aquella desnudez,
árbol inquieto
de vocales transparentes,
espejo lunar de Aquiles,
indomable palabra
no dicha aún ni marcada
por los hombres.

*****


tiendo tu ropa 

en la azotea
al puro sol de diciembre,
la tiendo lenta
detenidamente,
silba el sol y
cantan los pájaros
desde no sé qué nube,
un poco más allá
se acerca el solsticio
oh! lo veo,
tu ropa y yo
felices
en la azotea del mundo
al sol puro y lunar
de diciembre.

*****


¿quién soy

cuando me veo
de lejos
quieto, frágil
invencible
respirando
el geranio?

*****


Antonio Rigo

Poemas de la nevera
Colección Planeta Clandestino nº 174
Ediciones del 4 de agosto

viernes, 18 de septiembre de 2015

INMA LUNA - EL CÍRCULO DE NEWTON


Lo poco que sé de mis piernas

Me hago la viva.
Me hago un cuerpo sonrosado y feliz que se despliega.
Qué le vamos a hacer, 
tengo unas piernas que son de primavera, 
vamos, que se abren solas, 
que atienden por su cuenta a las caricias,
que responden del modo aprendido por los siglos 
al agudo calambre de los dedos.
Mis piernas se abren.
Olvidan las tristezas, van a la selva.
Los preceptos se marchan de viaje 
porque quiero dulzores en la boca.
Abandonos.
Mis piernas se abren.
Se tensa el muslo, el aire, el vientre, el pezón.
Me olvido. Me curvo.
Me alejo del desierto porque me llama el agua.
Me mojo. 
Mis piernas se abren.
Florezco.
Soy lo que más soy y lo que menos.
Desarmada, perdida. Alejándome.
Me abriga, me consuela.
No quiere que otra vez me desvanezca.
Sus dedos van buscándome debajo de las bragas
por si allí subsistiera algo de mí extraviado,
Por si así me pudiera sujetar.
Mis piernas se abren. 
No yo. 


Inma Luna
El círculo de Newton
Baile del Sol Ediciones

miércoles, 16 de septiembre de 2015

FERNANDO MENÉNDEZ - PERRO LADRADOR



De sol a sol, 
son así las risas:
nacidas para lo ajeno.
Vienen, 
abren surcos.
En otras épocas
se obstinaron 
en lo increíble.

*****

Mi tristeza
un mechón blanco.
No es cierto que avance
con el tiempo,
tan solo
se reincide.

*****

A unas gotas
les pone nombre.
Es sólo 
el comienzo-

*****

Hacia el estanque
sólo corre 
el silencio.
Estoy 
cerca del agua.
Envejeciendo.

*****

El niño corre:
vive siempre
fuera del otoño.

*****

Fernando Menéndez
Perro ladrador
Bradbury Ediciones.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

NARES MONTERO - PARA ENFRENTAR BATALLAS QUE ME ALEJEN


Lloro de rojo
con los labios sangrando,
abrigo largo de funeral con lluvia,
y no como las niñas
de nombre Irene
y cara de margarita.
Tocando el bofe de la vaca,
aún caliente
sigue palpitando, así, en canal.
No como las pecas
ni la risa que se queda
en los columpios al final de la tarde.
Lloro como los carteles:
Silencio en el hospital.
Y no rebañar el plato
con la lengua,
rebañar la lengua.
Lloro sonámbula,
la bañera se inunda
y en el suelo un charco
avanza y avanza.
Lloro en eclipse terrestre
tapándolo con el pulgar.
Lloro pantera bizarra,
no despensa llena.
Candil apagado,
niebla galopante,
óxido de manzana.
Tu muerte me silba:
no sé acabar el poema.

*****

Ahora que no es el presente,
ni es ningún otro momento, sospecho
que no hay lugar donde existas más
que en este cerco, en esta sima,
en esta aldea vallada de piel
que se alimenta de la trayectoria
de tantos ideales
incorruptos como mentiras.
No hay en la realidad verdad ninguna,
no está en las palabras ese misterio
que buscas.
No hay nada que esté vivo.
Malgastas tu tiempo en el espacio
finito de la hoja en blanco.
Luego dirás: “Carpe diem”.
¿Qué haces leyendo este poema?


Nares Montero
Para enfrentar batallas que me alejen
Ruleta Rusa Ediciones


miércoles, 2 de septiembre de 2015

ANNIE LECLERC - LA RISA


LA RISA

Yo le decía a mi hermana, 

o ella me decía, 
ven, ¿jugamos a reír? 
Nos acostábamos una junto a la otra en la cama 
y empezábamos. 
Para hacer como que hacíamos, por supuesto. 

Risas forzadas. 

Risas ridículas. 
Risas tan ridículas que nos hacían reír. 
Entonces venía, sí, la verdadera risa, 
la risa entera a arrastrarnos en su rompiente inmensa. 
Risas estalladas, proseguidas, atropelladas, desencadenadas, 
risas magníficas, suntuosas y locas... 
y reíamos al infinito de la risa de nuestras risas... 
Oh risa, risa del goce, goce de la risa; 

reír es vivir tan profundamente


Annie Leclerc