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...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.
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sábado, 21 de mayo de 2011
ROMÁN PIÑA - EL BRONCE EXACTO
EL BRONCE EXACTO
Qué pena, de verdad, no poder invitarte
a tomar café como dos viejos amigos
en un bar concurrido, a plena luz del día,
por no darle motivos de celos a tu esposo.
Hubo un tiempo en que virgen astuta lo esquivabas
para venir a hincarme los dientes en el cuello
y a atesorar tus sueños en mi abrazo indeciso.
Por mi parte no quiero sepultar entre escombros
como remordimientos los besos que me diste,
el olor de tu vulva mojada en mi bigote,
el gemido venéreo en tu boca entreabierta
cuando te masturbaba sin apartar la tela.
Te empujé hacia las rocas y te amé entre la espuma,
recorrí con la lengua los pezones abruptos
que la sal comprimía en tus pechos de niña.
En una sola mano me cabía tu culo.
Tu vientre era tan duro como la teca cóncava.
Pero ahora no quiero revivir aquel sueño,
que ya me acostumbré a tu desamor.
sólo quiero un café, que me cuentes tu vida,
si estás embarazada, si acabaste Turismo,
y ver si vas de rubia o pelirroja
o has vuelto al bronce exacto
de tus catorce años.
Aún sueño contigo,
porque supiste arder sin extinguirte
mientras me devorabas hasta el vicio.
Nunca te penetré,
pero cuanto follamos, amor mío.
Román Piña Valls. El bronce exacto. El Último Jueves 15 años poesía on the road
(Calima ediciones 2011)
jueves, 13 de enero de 2011
ROMÁN PIÑA - EL VELLOCINO DE VELASCO
EL VELLOCINO DE VELASCO
Hola Manolo, vengo del tanatorio.
Poca gente. Ningún político.
Su ex, con un niño de unos 3 años.
No la he reconocido.
15 años me velaban su escandalosa belleza.
Isabel Escudero leyó varios poemas junto al ataúd abierto.
Yo llegué tarde. Solo para ver llorar a la madre,
sentarme ante el féretro cinco minutos
y luego bajar al horno
Estaba muy guapo Velasco.
Me dicen que en Valencia le harán un homenaje.
"Últimamente estaba con la cara punzante, escamada,
se le han quitado las máscaras del terror" (Escudero)
Su amigo Quique ha dicho que no estaba tan deprimido,
algo triste solo.
Me he acordado todo el tiempo de tu poema "crematorio".
"Adiós amor, adiós amor" (su madre, Consuelo,
acariciando la madera de la caja
camino de la puerta del horno)
Antes le dijo un funcionario: "mire, el crucifijo lo quitamos,
el ataúd se quema como el papel, no queda nada,
pero le ponemos encima esta ficha incombustible
con este número, 341. Y aquí tiene otra ficha
para usted. Mañana cuando venga
a recoger las cenizas, nos entrega la ficha
y nosotros le daremos la urna. Pero no nos diga
vengo a recoger al 341, no, usted
nos diga que viene a buscar
a Miguel Ángel Velasco, usted llámelo
pro su nombre a su hijo"
El poeta tenía un grueso abrigo de piel
forrado de lana, tan largo y pesado
que parecía abarcar al mundo entero,
un manto protector
que era prolongación de sus cabellos.
La ficha roja 341 iguala las cenizas
a un abrigo que se deja en consigna
en la recepción de un museo o un hotel.
La ficha la inventaron para convencernos
de que ésas son nuestras cenizas,
de que que ningún alma se pierde
en el anonimato de las llamas.
La madre que recoge en su regazo
al niño recién alumbrado, y lo reconoce suyo,
quiere saber que es suyo también y no de otra
el resto que esa urna le reserva.
Pero yo sé el secreto de Consuelo.
Ella tiene la verdadera lana, las raíces
de ese manto divino y blondo
que iluminó los campos azuzado por los vientos.
Ella tiene el tesoro, las guedejas y el alma
recogidas despacio, año tras año,
como algodón con manos dolorosas,
y lo acerca al oído, y lo huele y lo airea
y lo abraza cada noche en su lecho.
El vellocino de Velasco. Poema escrito a partir de un mail que el autor le envió al poeta Manuel Vilas la noche de la incineración de Miguel Ángel Velasco.
Publicado en la revista literaria La bolsa de pipas nº 80
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