...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.

martes, 28 de octubre de 2014

CHARLES BUKOWSKI - EL PADECIMIENTO CONTINUO - TRES POEMAS



LA MAÑANA SIGUIENTE

me despierto
voy al baño
hago lo que hago
después
regreso
al dormitorio.

ella está incorporada 
en la cama:
"¿sabe lo que 
hiciste anoche?"

me meto en la cama.
"no, ¿qué
hice?"
"amenazaste 
al maitre 
con un cuchillo".

"¿de verdad?"

"sí, creo que nunca 
más podremos ir al
Polo Lounge", 
me dice.

"¿fuimos a ese
sitio?"

"sí, tuvimos que coger
un taxi para regresar a casa.
el coche sigue allí",

salgo de la cama
me acerco a una 
ventana asomo la cabeza:
"¡mierda, no puedo vivir
sin mi
coche!"

"antes de invitarte 
a la boda, 
deberían haberte
conocido mejor",
me dice ella.

saco la cabeza
de la ventana
me vuelvo y la miro:
"quién se ha casado?"

ella cierra los ojos
se da la vuelta
en la cama
evitando
mirarme
y sube el
cobertor para
taparse
la cabeza.

******

UNA LOCURA MARAVILLOSA

el alcohol ha corroído muchas de mis células cerebrales.
mientras bebo sentado ahora,
todos mis compañeros bebedores ya muertos,
me rasco el ombligo y sueño con 
el albatros.
ahora bebo solo.
bebo conmigo y por mí
brindo por mi vida y por mi muerte.
mi sed aún no está satisfecha.
enciendo otro cigarrillo, giro la 
botella lentamente, admiro su precioso color.
una compañía maravillosa.
así he pasado muchos años.
¿qué otra cosa podría haber hecho
y tan bien?
he bebido más que los primeros
cien hombres con los que puedas cruzarte 
por la calle
o encontrar en el manicomio.
me rasco el ombligo y sueño con 
el albatros.
me he unido a los grandes borrachos de 
todos los tiempos:
Li Po, Toulouse-Lautrec, Crane, Faulkner.
he sido seleccionado
¿pero por quién?
ahora paro, levanto la botella, me tomo
un buen trago.
me resulta imposible pensar que 
algunos lo han dejado de verdad y
se han convertido en ciudadanos
sobrios.
me entristece eso.
están secos, aburridos y a salvo.
me rasco el ombligo y sueño con 
el albatros.
no necesito nada más en este mundo y estoy
satisfecho.
me tomo este último trago por todos vosotros
y brindo por mí.
se ha hecho tarde, un perro
solitario aúlla en la 
noche
y me siento tan joven como
el fuego que aún arde
en mi interior

******

UN LUGAR AGRADABLE

en un día determinado tanto si uno 
se siente bien o normal o mal
puede sentarse en este lugar
entre fondeaderos
y escoger un centollo
fresco y vivo
por un dólar veinte la libra
te lo cocinan 
y tú te llevas un martillo de palo y una hoja
de periódico
a una mesa de madera astillada
y miras los barcos pesqueros
allí atracados
a la vez que cascas tu centollo
y te lo comes
bajo el sol
y te bebes una cerveza
mientras la gente a tu alrededor está cómoda
y normal y cansada.

sí.
casca ese 
centollo
mientras el sol brilla a través de la 
cerveza.

******

Charles Bukowski
El padecimiento continuo
Traducción de Silvia Barbero
Visor de Poesía

miércoles, 22 de octubre de 2014

JUAN CARLOS MESTRE - EL VIEJO POETA


EL VIEJO POETA


   Yo sé que Carampangue no será para vosotros más que un triste lugar perdido entre los bosques, un pueblo silencioso, un rumor en los mapas donde crecen los lirios de la desolación y el olvido.

   Yo os hablo de un poeta al que no conocéis, de un hombre sin más suerte que la memoria y los libros, dócilmente entregado al arte de la muerte.

   Lo veo allí en el aire, su mirada se cansa de contemplar el silbido de los muchachos que bajan a bañarse al río. No tiene otro horizonte el agua esta mañana, pasan por sus ojos esos cuerpos descalzos, manantiales impuros en los que brota el deseo de otra noche lejana.

   Recuerdo entre la niebla que habíamos bebido largamente aquel día una tinta muy ebria en las cantinas del puerto. En bares nauseabundos podridos por el hambre nuestros versos gemían como las heridas de un ángel al que salpicaran las olas.

   Enloquecidos los faros giraban a lo lejos como grandes libélulas a las que llamara la muerte. Entonces oímos el gran grito y ladraron los perros y hubo un gran estrépito de caracolas y pájaros.

   Como días inmensos se detuvieron las horas, los calendarios temidos de la vejez y los sueños, las páginas en blanco del vacío, el alcohol padecido del silencio.

   Ya nunca amanecimos, jamás abandonamos aquel lugar sin puertas, mascarones hundidos, restos de una balsa donde los viejos cormoranes cegados por la espuma secan moribundos su oscuro plumaje.

   Contemplarse en el tiempo, contemplar la memoria con la limpia mirada de quien no teme al fracaso. Como el celeste borracho que inclinado sobre el diván silvestre de la noche deshoja las llamas de su corazón y sufre dulcemente mientras entona melodías ya pasadas de moda.

   Oh este oscuro mandato de llorar a propósito, de gritar contra el cielo lo que la muerte no escucha, la campana de un barco al que carcome la herrumbre y la sal del invierno. Y escribir, como el inmóvil que huye escribir toda la vida ese destino en un verso: ni ángel, ni sábado, ni verano.

   Al fondo de la niebla, detrás de todo esto, hay una provincia con tilos en la plaza y muchachos desnudos que montan a caballo. Pero yo sé que Carampangue no será para vosotros más que un triste lugar perdido entre los bosques, el último paisaje del ángel que me mira desde un espejo roto.


Juan Carlos Mestre
La Poesía ha caído en desgracia
Visor de poesía


sábado, 18 de octubre de 2014

ZBIGNIEW HERBERT - POEMAS



ESCOGIDOS POR LAS ESTRELLAS

No es un ángel
es un poeta

no tiene alas
tiene tan solo emplumada
la mano derecha

aletea con esa mano en el aire
se eleva tres pulgadas 
y enseguida desciende otra vez

cuando ya está tocando el suelo
rebota con sus piernas
y por un instante se queda suspendido en lo alto
agitando su mano emplumada

ay si fuera posible desprenderse de la atracción de la arcilla
podría instalarse en un nido de estrellas
podría saltar de un rayo a otro
podría–

pero las estrellas
con solo pensar que
pudieran convertirse en su tierra
se precipitan aterradas

el poeta tapa sus ojos 
con la mano emplumada
ya no sueña con el vuelo
sino con una caída
que va trazando como un relámpago
los perfiles del infierno

*****

LO INCORREGIBLE

Esta es mi belleza poco seria
y es frágil como los cabellos o como el cristal

coloco mis aparejos de cantar
en el linde de las capitales en vísperas del terror

aquí la pequeña copa del aturdimiento
y una cuerda como un grillo muerto
un laúd no más grande que la mano de un niño
una sombra falsa una risa fingida

he aquí un cofrecito con los colores del atardecer
un estuche de caricias un frasquito de lágrimas
un rizo de música y juventud

lo portaré como el pan y el amor
cuando mi cuerpo atraviese las vías de hierro

esta es mi frágil belleza
coloco mis aparejos de cantar
en el linde de los mares en la arena movediza

y la ola al ver mi frivolidad
me ofrece una piedra en vez de una flor

*****

DOS GOTAS


Los bosques ardían–

mas ellos
en sus cuellos enredaban los brazos
como ramos de rosas

la gente corría a los refugios–

él decía que su esposa tenía cabellos
en los que uno podía esconderse

cubiertos con una sola manta

musitaban impúdicas palabras
la letanía de los amantes

Si la cosa se ponía fea
saltaban en los ojos del otro
y los cerraban con fuerza

con tanta fuerza que no sintieron el fuego
que alcanzaba sus pestañas

hasta el final fueron audaces
hasta el final fueron fieles
hasta el final fueron parecidos
como dos gotas
detenidas al borde de la cara


Zbigniew Herbert
Poesía completa
Lumen

lunes, 13 de octubre de 2014

PHILIP LARKIN - ALBADA


ALBADA

Trabajo todo el día, y por las noches me emborracho.
Me despierto a las cuatro en una oscuridad callada, y miro.
Los bordes de las cortinas no tardarán en iluminarse.
Hasta entonces veo lo que siempre ha estado ahí:
la muerte infatigable, ahora un día entero más cerca,
que borra todo pensamiento excepto
cómo y dónde y cuándo moriré.
Árida interrogación: no obstante el temor
de morir, y estar muerto,
centellea de nuevo, te posee, te aterra.

La mente se queda en blanco ante el resplandor. No 
por remordimiento –el bien no hecho, el amor no dado,
el tiempo desperdiciado– ni con tristeza porque
una vida pueda tardar tanto en superar 
sus malos inicios, y quizá nunca lo consiga;
sino ante la total y perpetua vacuidad,
la segura extinción hacia la que viajamos
y en la que nos perderemos para siempre. No estar
aquí, no estar en ninguna parte,
y pronto; nada más terrible, nada más cierto.

Es un miedo concreto que ningún truco
disipa. Antes lo hacía la religión,
ese vasto brocado musical apolillado
creado para fingir que no morimos nunca,
y ese capcioso discurso que dice Ningún ser racional
puede temer lo que no sentirá, no ver
que eso es lo que tememos: ni vista, ni oído,
ni tacto ni sabor ni olor, nada con que pensar
nada que amar ni a lo que estar ligado,
el anestésico del que nadie despierta.

Y así permanece al borde de la visión,
una pequeña mancha desenfocada, un escalofrío
permanente que deja todo impulso en indecisión.
Hay muchas cosas que quizá nunca ocurran; esta sí,
y el comprenderlo es un rugido
de miedo al crematorio cuando nos pilla
sin nadie y sin bebida. El valor no sirve:
significa no asustar a los demás. Tener coraje
no te salva del último viaje.
Igual muere el llorón que el fanfarrón.

Lentamente se hace de día, y la habitación cobra forma.
Es evidente como un guardarropa, lo que sabemos,
lo que hemos sabido siempre, sabemos que no podemos escapar,
pero no lo aceptamos. Algo tendrá que desaparecer.
Mientras tanto los teléfonos se agazapan, dispuestos a sonar
en oficinas cerradas, y todo este mundo indiferente,
intrincado y de alquiler comienza a despertar.
El cielo es blanco como arcilla, sin sol.
Hay trabajo que hacer.
Los carteros, como los médicos, van de casa en casa.



Philip Larkin
Otros poemas.
Poesía reunida
Lumen

lunes, 6 de octubre de 2014

VICENTE GALLEGO - POEMAS



EN EL VECINDARIO

El cuerpo ametrallado de la persiana filtra los primeros rayos de un sol frío. Van apuntando los volúmenes de las cosas, todavía dormidas, en el cuarto. Es el momento de la pereza santa, la que no forma parte de los pecados capitales, porque no es una pereza de hacer, que oculta la de ser, sino gustoso abandono a la plena realidad de la conciencia en calma que, a estas horas, todavía temprano, halla en sí su acomodo. En la calle sopla su silbato el último afilador. Choca el acero contra el esmeril y prende el chismorreo de las chispas. En esta vecindad vive el hombre, en esta familiaridad con lo prodigioso.

*****

LA OFRENDA DEL FUEGO

Le di una piña al fuego, no me quedaba ya otra cosa que quemar. La recibió con ansia. Silbaba de contento a su alrededor, la lamía, se la fue anexionando muy despacio, la empujaba de una parte a otra de sus dominios, soplaba entre sus aleros. Y ella empezó a ablandarse y a rendirle su propio ser. No era aún del todo suya cuando, de pronto, una de sus apasionadas caricias la hizo crujir y dar un salto explosivo. Cayó a mis pies. Me la estaba devolviendo. Se la tuve que aceptar, aquella rosa mía incandescente.

*****

SOL DE LA MAÑANA

Al salir de casa a primera hora de la mañana, el sol resbala y canta por los aleros, empapa las fachadas y se extiende por las calles de la ciudad como una fina película de oro. Te he contemplado muchas veces inundar los aires de onírica certeza, de aplomada liviandad. Sol niño de la niñez, sol sin duda. Sol del hombre cumplido, sol de siesta tranquila. Sol de las armas y las letras. Sol remoto del viejo, tan desnudo y tan solo. Sol que rompes el cántaro y estás brillando sobre el sereno lago de la muerte. Patinador del iris, arpista del cabello, garra seca en la espalda. Salía de mi casa y te me vienes encima para que arda así con la mañana, con el eje de los mundos, con las extensiones marinas. Sol en blanco que callas y otorgas, aguador de las largas carreteras, santidad del adobe y de las tapias, lávanos los huesos, tú que brillas sobre justos y pecadores.

*****

LA PORDIOSERA

Con la pierna hecha un sarmiento, bajando de su altura a cada paso, trastea entre los coches. Nos la encontramos a menudo en el mismo semáforo. Jamás tendrá motivos, y sonríe siempre con franqueza. Se le abrasa en los ojos un rubí. Mi hijo dice que es una mujer; yo tengo dudas. ¿Nunca habéis visto un ángel feo? "¡Papá!", me advierte; y yo, que he sentido su presencia, busco unas monedas. Me pregunto cuántos, entre quienes le dan limosna, vislumbran la abundancia de su reino. ¿Cómo se puede andar así, entre la piel dura de la pobreza y esa cojera inmensa, con un paso tan firme de alegría? Viene cantando, viene con el sol atado a un hilo, pasea al perro de la luz. Es el alma viva de la mañana que se acerca, con la mano extendida, para dársenos a conocer.

*****

HORMIGAS EN EL POLÍGONO INDUSTRIAL

Sobre el arcén de enfrente, el sol de agosto vuelca los penúltimos capazos de su ferretería. Tras la valla, los pallets duermen la siesta inmemorial de los objetos. Beata, la tarde está cayendo en el mismo lugar, en el preciso instante en que amaneció cuando la llamábamos aurora. Se afanan entre mis zapatos las hormigas, y son como los hombres, aunque los hombres no lo crean. ¿A dónde iba yo cuando fui de golpe detenido, cuando las vi allá abajo y caí en la cuenta de lo nuestro? ¿Acaso he llegado alguna vez a alguna parte? ¿Dónde van las hormigas?


Vicente Gallego
Cuaderno de brotes
Editorial Pre-textos






jueves, 2 de octubre de 2014

PEPE PEREZA - YA NO ME CABE MÁS HUMO DENTRO




YA NO ME CABE MÁS HUMO DENTRO

Mi cabeza es un cajón vacío.
La monotonia de siempre
como parte indispensable del mobiliario.
La música no consuela,
aburrimiento, rutina.
La droga ya no cura mi espíritu roto.
Echo tanto de menos tu cuerpo abandonado,
tu sexo afeitado,
tus caricias regaladas,
tu boca profunda,
el entusiasmo de tus pechos.
No quiero palabras, ninguna palabra,
las tuyas tampoco.
Solo necesito usar tu cuerpo
un par de veces más.
Solo deseo lascivo,
solo carne
sin amor, sin "te quieros".


Pepe Pereza.
Poemas cansados y otras canciones de humo y soledad
-Planeta clandestino 13-

martes, 23 de septiembre de 2014

SOPHIA DE MELLO BREYNER ANDRESEN - POEMAS



PLAYA

Los pinos gimen cuando pasa el viento

El sol da en el suelo y las piedras arden.

Lejos andan los dioses fantásticos del mar

Blancos de sal y brillantes como peces.

Pájaros salvajes de repente,

Tirados a la luz como pedradas,
Suben y mueren en el cielo verticalmente
Y su cuerpo es asido en los espacios.

Las olas topan rompiendo contra la luz

Su frente ornada de columnas.

Y una antiquísima nostalgia de ser mástil

Se columpia en los pinos.

              *****


En nombre de tu ausencia

Construí con locura una gran casa blanca
Y a lo largo de las paredes te lloré.

              *****


Segaron el trigo: Ahora

Se contempla mejor mi soledad

              *****


A través de tu corazón pasó un barco

que no para de seguir sin ti su camino

              *****


Escribir el poema como un buey labra el campo

Sin que tropiece en el metro del pensamiento
Sin que nada sea reducido o exiliado
Sin que nada separe al hombre de lo vivido

              *****


Quién me ha robado el tiempo que era único

Quien me ha robado el tiempo que era mío
El tiempo todo entero que sonreía
Donde mi Yo fue más limpio y verdadero 
y donde por sí mismo el poema se escribía



Sophia de Mello Breyner
Nocturno mediodía
Galaxia Gutemberg
Traducción de Ángel Campos Pámpano


lunes, 15 de septiembre de 2014

FERNANDO BELTRÁN - POEMAS



No me beses jamás con los ojos abiertos,
y si lo haces
no me lo digas nunca,
yo no quiero saber
que el cuerpo sigue siendo
mientras estoy contigo
este reloj de arena 
que envejece,
una playa enfrascada en sus labores
mientras mi encía sangra
océanos de sal
y gaviotas como islas
cuando naufrago en ti
y barco vuelvo

*****

Y no exijas razones para amarme
ahora que llega el fío,
ahora que llega el daño,
moriría de sed
antes de ser el vaso
que me pides,
para beber el agua que te doy
basta el cálido hangar
de tus tres manos,
la derecha, 
la izquierda,
la que te ama,
y si es cierto que el mar así se escurre,
tómalo como es,
como una nuez de pronto
partida por el hambre,
derramada en la mesa,
enredados la cáscara y el fruto,
confundidos la piel y los deseos,
deshecho ya el amor

*****

Será de madrugada,
cerrados ya los bares de tu cuerpo,
la saliva, el sudor, el cocodrilo
de tus piernas abiertas
masticando la noche,
tu pelo estará seco
pero tus pies helados,
levantarás de pronto la mirada
y un reúma al acecho
te besará la espalda,
ese lugar remoto donde sólo
los que más aman
llegan,
donde nunca una lágrima
quiso mirar de frente
a la tristeza

*****

Ojo por ojo
diente por diente,
beso a beso
te quitaré el carmín,
me quitarás las gafas,
no sabremos muy bien por qué lo hicimos,
no querremos saber cuándo ni dónde,
el amor es así,
frágil y hermoso
como un cisne perdido en alta mar,
como un niño clavado en sus tristezas,
como un perro que corre enloquecido
extraviado y sin ti
con tu collar al cuello

*****

Fernando Beltrán
Amor ciego
KRK Ediciones

jueves, 11 de septiembre de 2014

ROSA LENTINI - TUVIMOS - POEMAS



EL VIENTRE

Puedo verlo, el contorno abultado en la sombra 
que es mi padre,

Y mi cabeza latiendo al unísono,
     alga invisible, filamento, toda fluido
el momento exacto en que mi vida alcanzó
     una entrada que no deseaba alojarme
ignorante de cómo tener a cualquiera
     creciendo entre sus paredes...

Ya todo estaba allí:
una joven y perturbada madre en su aversión
por el huésped que roba su intimidad,
marca años en su piel
y deforma al estirarlas
     sus hinchadas mamas.

Ya todo estaba allí: la cueva
con el cuello estrecho asfixiando al pez
     que hace una brecha en la carne 
el parto de tres días y el ojo
     que descubre en lo oscuro el contorno rosado 
de una llamada articulada desde fuera
empuja hacia la luz y se abre a una sala
donde huele a alcohol,
     a vaho ácido de agua
          a instrumental esterilizado
               a placenta.

Ya todo estaba allí, salvo en mi cabeza
donde él es el que elijo,
     el centro de un mundo,
y el otro, el hombre, no fue sino la sombra que ardió
     solo un segundo en el fuego de otra piel.

*****

EL LICENCIADO VIDRIERA

Si me acercara al sofá olería la grasa rancia
en el respaldo dejada por su pelo engominado.
Un cabello que había sido negro,
     luego pardo, luego muy blanco
          y después nada,
solo una cicatriz enorme que hunde 
su sien y baja por detrás de su oreja,
la mitad izquierda de la cabeza rapada,
y en la derecha cuatro pelos escasos
     apuntando en direcciones opuestas.

Unos ojos en su propia letanía, desgajados
de la mirada dicen sí, sí, a la firma
          de un poder o un testamento,
mientras sus pupilas apuntan al techo
y tratan de enfocarme sin éxito, en línea
con un cerebro opacado por la bruma del tumor
que lo divide en dos para siempre:
Los puntos de sutura como las amantes y esposas codiciosas
que pasaron por su vida y dejaron el cuenco vacío,
la mala sangre de su pensamiento anestesiado
     alcanzando a sus hijos.

Mis lágrimas irreparables componen
pequeños cuervos para nada.

     Corazón, concédeme una gracia
para ese amago de superioridad que le devuelve
apenas por un instante la firmeza, concédeme
     la levedad de una pluma para su trance.

Despierta, defiéndete, le susurro,
pero él ya me está olvidando
mientras ovillado en mi caricia se rinde.
Sí, sí, una ventana abierta
la herida, por la que su memoria se deshace
     membrana tras membrana.

Con la sonrisa rota, el espejo no lo reconoce,
a él que se ha transformado,
     a él que ha vertido su alma
          en el cristal que nadie ha de tocar.

Solo un último  blanquísimo mechón del pétalo
de su pelo en mi mano
     parece quejarse de tanta cautela.

*****

EL FINAL DE UNA VIDA

Mi abuela materna solía plantarse
     en una esquina del jardín ,
al pie de dos abetos gigantes
de chorreante resina que brotaban
de la corteza olorosa de su piel,
no lejos de la maraña de hierbas
     amontonadas para la quema.

Yo dormía todavía en la hamaca veteada de sol y sombra,
inmersa en el sopor
     de una tarde de agosto
cuando ella dispara la pregunta a sangre y fuego:
¿Vas detrás de tu padre?

Su ¡Aja! de satisfacción ante mi respuesta
no me altera y le explico
que mis piernas más cortas de niña
me llevan siempre detrás de sus largas zancadas.

No es eso replica, detrás insiste.
Piensa en algo sucio, dice.
     Pienso en una mierda de perro,
          en una cagada de pájaro en mi pelo.

Más sucio, continúa.
Su voz sugiere una mano
desde el pasado profundo llegando hasta un cuerpo.
Ajá, confirma, Ahora no, hace varios años,
                                    cuando eras niña, niña.

Y mis siete años de adulta se resienten de pronto
se aleja la visión del perro, 
    huye la serpentina de luz del ave
        se transforma en una lente de hielo.

Un cuerpo sin peso
como el rostro de esa niña de pocos años
y el halo satánico que se disuelve
en las venerables canas de la anciana
     cuando las dos se miran en mí
          al final de su vida.


Rosa Lentini
Tuvimos
Bartleby Editores