...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.

lunes, 15 de septiembre de 2014

FERNANDO BELTRÁN - POEMAS



No me beses jamás con los ojos abiertos,
y si lo haces
no me lo digas nunca,
yo no quiero saber
que el cuerpo sigue siendo
mientras estoy contigo
este reloj de arena 
que envejece,
una playa enfrascada en sus labores
mientras mi encía sangra
océanos de sal
y gaviotas como islas
cuando naufrago en ti
y barco vuelvo

*****

Y no exijas razones para amarme
ahora que llega el fío,
ahora que llega el daño,
moriría de sed
antes de ser el vaso
que me pides,
para beber el agua que te doy
basta el cálido hangar
de tus tres manos,
la derecha, 
la izquierda,
la que te ama,
y si es cierto que el mar así se escurre,
tómalo como es,
como una nuez de pronto
partida por el hambre,
derramada en la mesa,
enredados la cáscara y el fruto,
confundidos la piel y los deseos,
deshecho ya el amor

*****

Será de madrugada,
cerrados ya los bares de tu cuerpo,
la saliva, el sudor, el cocodrilo
de tus piernas abiertas
masticando la noche,
tu pelo estará seco
pero tus pies helados,
levantarás de pronto la mirada
y un reúma al acecho
te besará la espalda,
ese lugar remoto donde sólo
los que más aman
llegan,
donde nunca una lágrima
quiso mirar de frente
a la tristeza

*****

Ojo por ojo
diente por diente,
beso a beso
te quitaré el carmín,
me quitarás las gafas,
no sabremos muy bien por qué lo hicimos,
no querremos saber cuándo ni dónde,
el amor es así,
frágil y hermoso
como un cisne perdido en alta mar,
como un niño clavado en sus tristezas,
como un perro que corre enloquecido
extraviado y sin ti
con tu collar al cuello

*****

Fernando Beltrán
Amor ciego
KRK Ediciones

jueves, 11 de septiembre de 2014

ROSA LENTINI - TUVIMOS - POEMAS



EL VIENTRE

Puedo verlo, el contorno abultado en la sombra 
que es mi padre,

Y mi cabeza latiendo al unísono,
     alga invisible, filamento, toda fluido
el momento exacto en que mi vida alcanzó
     una entrada que no deseaba alojarme
ignorante de cómo tener a cualquiera
     creciendo entre sus paredes...

Ya todo estaba allí:
una joven y perturbada madre en su aversión
por el huésped que roba su intimidad,
marca años en su piel
y deforma al estirarlas
     sus hinchadas mamas.

Ya todo estaba allí: la cueva
con el cuello estrecho asfixiando al pez
     que hace una brecha en la carne 
el parto de tres días y el ojo
     que descubre en lo oscuro el contorno rosado 
de una llamada articulada desde fuera
empuja hacia la luz y se abre a una sala
donde huele a alcohol,
     a vaho ácido de agua
          a instrumental esterilizado
               a placenta.

Ya todo estaba allí, salvo en mi cabeza
donde él es el que elijo,
     el centro de un mundo,
y el otro, el hombre, no fue sino la sombra que ardió
     solo un segundo en el fuego de otra piel.

*****

EL LICENCIADO VIDRIERA

Si me acercara al sofá olería la grasa rancia
en el respaldo dejada por su pelo engominado.
Un cabello que había sido negro,
     luego pardo, luego muy blanco
          y después nada,
solo una cicatriz enorme que hunde 
su sien y baja por detrás de su oreja,
la mitad izquierda de la cabeza rapada,
y en la derecha cuatro pelos escasos
     apuntando en direcciones opuestas.

Unos ojos en su propia letanía, desgajados
de la mirada dicen sí, sí, a la firma
          de un poder o un testamento,
mientras sus pupilas apuntan al techo
y tratan de enfocarme sin éxito, en línea
con un cerebro opacado por la bruma del tumor
que lo divide en dos para siempre:
Los puntos de sutura como las amantes y esposas codiciosas
que pasaron por su vida y dejaron el cuenco vacío,
la mala sangre de su pensamiento anestesiado
     alcanzando a sus hijos.

Mis lágrimas irreparables componen
pequeños cuervos para nada.

     Corazón, concédeme una gracia
para ese amago de superioridad que le devuelve
apenas por un instante la firmeza, concédeme
     la levedad de una pluma para su trance.

Despierta, defiéndete, le susurro,
pero él ya me está olvidando
mientras ovillado en mi caricia se rinde.
Sí, sí, una ventana abierta
la herida, por la que su memoria se deshace
     membrana tras membrana.

Con la sonrisa rota, el espejo no lo reconoce,
a él que se ha transformado,
     a él que ha vertido su alma
          en el cristal que nadie ha de tocar.

Solo un último  blanquísimo mechón del pétalo
de su pelo en mi mano
     parece quejarse de tanta cautela.

*****

EL FINAL DE UNA VIDA

Mi abuela materna solía plantarse
     en una esquina del jardín ,
al pie de dos abetos gigantes
de chorreante resina que brotaban
de la corteza olorosa de su piel,
no lejos de la maraña de hierbas
     amontonadas para la quema.

Yo dormía todavía en la hamaca veteada de sol y sombra,
inmersa en el sopor
     de una tarde de agosto
cuando ella dispara la pregunta a sangre y fuego:
¿Vas detrás de tu padre?

Su ¡Aja! de satisfacción ante mi respuesta
no me altera y le explico
que mis piernas más cortas de niña
me llevan siempre detrás de sus largas zancadas.

No es eso replica, detrás insiste.
Piensa en algo sucio, dice.
     Pienso en una mierda de perro,
          en una cagada de pájaro en mi pelo.

Más sucio, continúa.
Su voz sugiere una mano
desde el pasado profundo llegando hasta un cuerpo.
Ajá, confirma, Ahora no, hace varios años,
                                    cuando eras niña, niña.

Y mis siete años de adulta se resienten de pronto
se aleja la visión del perro, 
    huye la serpentina de luz del ave
        se transforma en una lente de hielo.

Un cuerpo sin peso
como el rostro de esa niña de pocos años
y el halo satánico que se disuelve
en las venerables canas de la anciana
     cuando las dos se miran en mí
          al final de su vida.


Rosa Lentini
Tuvimos
Bartleby Editores
   

jueves, 4 de septiembre de 2014

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO - POEMAS


LA LUZ NO RECUERDA

Entra la luz hoy en el cuarto como

entraba la otra tarde. Y no nos ve
aquí juntos de nuevo: no has venido.
Yo puedo recordarte.
Y te recuerdo, a solas, en esta habitación
–llena de nada ahora– que entonces compartimos.
Las palabras que hablamos, la música, tu risa,
y lo que entre nosotros sucedió en esas horas,
siguen viviendo en mí.

Pero la luz no te recuerda, porque 

la luz ama el presente. Regresa sin memoria
a la estancia vacía. Y ya no sabe
que se enredó en tu pelo y que brilló en tus ojos,
que, a la vez que mis manos minuciosas, anduvo
despacio por tu cuerpo.

                                  No, la luz no recuerda

haber estado aquí, contigo, con nosotros.
Llega, alegre y dorada,
al lugar en que ardiera la otra tarde la vida.
Y únicamente encuentra en su silencio
a un hombre recordando, recordándote:
un hombre triste, y derrotado, y solo.


*****


PRINCIPIO Y FIN


Puede ser que te digas: "El verano que viene

quiero volver a Italia", o: "El año que hoy empieza 
tengo que aprovecharlo; con un poco de suerte 
acabaré mi libro", y también: "Cuando crezca 
mi hijo, ¿qué haré yo sin el don de su infancia?"
Pero el verano próximo, en verdad, ya ha pasado;
terminaste hace muchos años el libro aquel
en el que ahora trabajas; tu hijo se hizo un hombre
y siguió su camino, lejos de ti. Los días
que vendrán ya vinieron. Y luego cae la noche.
A la vez respiramos la luz y la ceniza.
Principio y fin habitan en el mismo relámpago.


Eloy Sánchez Rosillo

La vida
Tusquets Editores

viernes, 29 de agosto de 2014

VICENTE GALLEGO - CUADERNO DE BROTES



EL HABLA DE LOS PÁJAROS

Si alguien quisiera saber cómo escribo a estas alturas, le sugeriría que preguntara a la lluvia cómo cae, al fruto cómo crece. Escribo escribiendo, respiro respirando. ¿Qué hay aquí, entre lo verdadero, que no se nos ofrezca de natural? Escribo como el que oye  el habla de los pájaros y nada ambiciona añadirle, pues sabe que ellos se entienden con sus flautas y oboes. No se hace poesía con el pensamiento, se hace con palabras sueltas, apenas con sonidos, escuchando los asomos musicales, dejándolos decirse y desdecirse, casi casi con nada.

*****

NUESTRA RIQUEZA

Hoy ha amanecido el día algo lluvioso aquí en el monte. Tumbado sobre el viejo y huesudo sofá, me complazco en el arte de no hacer nada, de no ser nadie, de abrir los ojos. Cuando ya no lo esperaba, el sol asoma. Entre las hojas de la morera, la lluvia ha dejado caer un puñado de monedas de plata. Nuestra riqueza es así de fácil, cuestión de verla. Sobre el hogar, el organismo vivo de las brasas arquea el espinazo fulgurante del acomodo. El chisporroteo del fuego repunta los botones de la camisa siempre nueva del silencio. Qué canalla en su escucha el corazón, qué bien servido.

*****

MERCEDES

Sólo una vez me llevaron a dormir a casa de la hermana mayor de la madre de mi madre. Pasé azorado el rato de la cena, pues no tenía trato con la vieja. Sufrieron toda clase de miserias mis aprensiones infantiles frente a aquel tazón descascarillado en que se me servía la leche con malta recalentada. El serrín donde orinaba el gato olía tan fuerte, que me pareció estar mojando las galletas donde no debía. Crujía la madera de los muebles. Las gentes extrañas, antiquísimas, que poblaban los retratos hacían todavía más acuciante aquella amarillenta soledad en que se me ahogaba el alma. Y era como si todos hubieran muerto hacía muchos siglos y quedáramos en el mundo solamente mi tía y yo, rodeados de jaulas vacías para gallinas, figurillas de santos, bibelots con vírgenes cautivas en mitad de la nieve y otras mil excentricidades de muy variada catadura. Pero, a pesar de todo, aquella mujerona gordísima, vestida de luto de los pies a la cabeza, decía cualquier cosa y se reía como una boba de sus propias palabras, exhibiendo sus grandes mellas y una par de muelas de oro. Aquella era su inocente manera de quererme, de estar contenta conmigo y con todo lo demás, porque, si no tenía muchas luces, tampoco las necesitaba para ser más feliz que cualquiera con su rosario bien rezado, sus gatos y sus canarios consentidos. Me dejó en la última habitación, me plantó un besazo en la frente y me dio las buenas noches. Sentí después que había olvidado ir al cuarto de baño y me asome al pasillo como el que espera ser arrollado por no se sabe qué oscuro cataclismo. Me hice el ánimo de aventurarme a través de aquella gruesa penumbra matizada por la luz mortecina que salía del dormitorio de la buena mujer y, al pasar junto a la puerta, vi –sin ser visto– algo que me perturbó como creo que ninguna otra visión lo había logrado hasta ese día. La anciana se estaba desnudando inmensa, insondable, inconsolablemente. Vi la extrañeza infinita de la carne pronunciando entre brumas su gloria sonámbula. era aquello un desacato universal. No había cómo asumir aquel vientre blanquísimo, vientre enorme de muchacha encinta sobre el que colgaban los pechos marchitos de la muerte. Mi cuerpo, acusado por la rotundidad del suyo, chilló de terror y se avergonzó de deseo. El ángel y la arpía, ¿Quién los había confundido así? Mercedes, mi vieja tía fea de bigote hirsuto, solterona de frías carnes incandescentes, deja que me abrace hoy a tu hermosura cono no supe hacerlo aquella noche. Tú serás para siempre mi  viva niña, y este anciano de ajadas carnes morderá tus pezones y besará tus nalgas. Nada he logrado comprender del sueño exorbitante de la vida; todo en mí canta y se estremece.


Vicente Gallego
Cuaderno de brotes
Editorial Pre–textos

martes, 26 de agosto de 2014

lunes, 25 de agosto de 2014

PHILIP LARKIN - EN LA HIERBA



EN LA HIERBA

La mirada apenas los distingue
de la fresca sombra que los cobija,
hasta que el viento alborota la cola y la melena;
entonces uno pasta, da unos pasos
–el otro parece observarlo–
y se detiene de nuevo en su anonimato.

Sin embargo, hace quince años
quizá dos docenas de carreras bastaron
para que entraran en la leyenda: lentas tardes
de copas, apuestas y hándicaps,
en las que sus nombres quedaron grabados
en desvaídos junios clásicos.

Colores en la salida: recortados contra el cielo
números y parasoles: fuera
escuadrones de coches vacíos y el calor,
y desperdicios en la hierba: el grito prolongado
que queda flotando hasta que remite y se imprime
en las columnas de última hora de los periódicos.

¿Quizá los recuerdos rondan sus oídos como moscas?
Sacuden la cabeza. El crepúsculo llena las sombras.
Verano tras verano todo se fue alejando,
los cajones de salida, el gentío y los gritos:
todo menos esos apacibles prados.
Sus nombres sobreviven en los almanaques; pero ellos

han olvidado sus nombres, y descansan,
o emprenden un galope que debe de ser de alegría,
y ya no los siguen los prismáticos
ni los vaticinios de un cronómetro impertinente:
solo el mozo, y el hijo del mozo,
con las bridas cuando llega la noche.


Philip Larkin
Poesía reunida
Lumen

viernes, 15 de agosto de 2014

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO - OÍR LA LUZ



EL VIAJE

Saber que estás ahí, mientras trabajo
en el cuarto de al lado, mientras busco 
a solas el poema, me estimula,
me da ilusión y fuerza y esperanza.

Yo me voy a mis sueños y me adentro
por inciertas regiones en las que nunca estuve.
No admite compañía esta aventura:
es preciso estar solo para hallar lo que importa.

Me pierdo en ocasiones, pero a veces encuentro
extrañas maravillas que nadie ha visto antes.
Por favor, no te vayas y espera mi regreso;
tú serás, cuando vuelva, la primera en mirarlas.

*****

LA CAÍDA

No sé bien qué ha pasado, 
ni cómo ha sucedido.
Hay hechos que acontecen
sin porqué, o por motivos 
que no son descifrables.
Caminaba tranquilo
bajo el sol de la tarde
y de repente he oído,
dentro de mí, como unos 
golpes sordos, el ruido
de algo que se caía
y rodaba a un abismo.
Perplejo, me he asomado
a mi interior. Y he visto
un inquietante hueco
muy hondo, y he podido
atisbar con esfuerzo
–cuando al cabo se hizo
penetrable a mis ojos
lo oscuro– un impreciso
bulto desvencijado
en el fondo tristísimo
de ese pozo. ¿Qué era?
No sabría decirlo.
¿Era un ave, era el alma?
Un confuso amasijo
de sangre y alas rotas.
Asustado, he salido
de mí mismo al instante
y he vuelto a mi camino
en esta tarde rara
del mundo. Me dirijo
despacio no sé adónde.
Anochece. Hace frío.

*****

EN LA MAÑANA

Despertarse un buen día y descubrir
que la turbia amenaza que tanta muerte puso
durante tanto tiempo en nuestra vida
ya no nos mira con sus ojos fijos,
con sus ojos terribles.
                               ¿Qué sucede?
¿Cómo se hizo en mi casa este silencio puro,
este sosiego que tenía olvidado?
¿Quién ha abierto el balcón y allí a dispuesto
esa maceta con geranios rojos?
¿Es cierto que se adentra por la estancia,
despacio, un sol muy dulce y acaricia
el suelo, este sillón, mis manos, mi cabeza,
mi pecho que agradece, mi corazón que canta?

*****

EL MANANTIAL

Este deseo, esta necesidad
de retornar mil veces
a donde está la luz.
No a donde estuvo y se apagó muy pronto,
sino al lugar radiante del que siempre
sigue y sigue manando.
Respirarla, beberla
cuando a ese sitio nuestros pasos vuelven,
es completar la vida, lo que entonces
apenas fue o no vimos
que en nuestro transcurrir se demora.
Regresar a ese limpio manantial:
cuánta misericordia inagotable.
Ningún daño se encuentra allí al acecho;
allí el amor no se termina nunca.

*****

LA CEGUERA

Mirar no es sólo asunto de los ojos.
Primero, ciérralos unos instantes
y dentro de ti busca –en tu sosiego–
la facultad de ver.
Y ahora ábrelos, y mira.
Es enero ahí afuera, pero está
muy hermosa la vida esta mañana.
Cuánto sol en los álamos
que en trémulas hileras van creciendo
en esta vieja plaza
de tu ciudad. Un día y otro día,
durante muchos años,
a su lado pasaste y no los viste,
ciego que dabas pena y que hoy, por fin,
de milagro has sanado y puedes ver
y en tu mirar te salvas.


Eloy Sánchez Rosillo
Oír la luz
Tusquets Editores

lunes, 4 de agosto de 2014

DANIEL MACÍAS - NIÑO EDÉN - POEMAS





LA BENEVOLENCIA DE TODOS LOS SERES


       Si te ofenden, decepcionan o abusan, mi amor, haz lo que decía mi Maestro y aplica el antídoto. Medita en la benevolencia de todos los seres que sienten, no sólo los que te alimentaron, te protegieron y te educaron, sino todos los que con su virtud visible o invisible hacen tu vida más ligera, y verás sus muchas bondades produciendo nuestro deleite en cada momento y lugar; los que pusieron un o a uno, con mano cansada, un día que fue demasiado frío o demasiado caliente, los adoquines que pisas, los que con esfuerzo plantaron, cosecharon, transportaron, elaboraron o sacrificaron y te sirvieron todo lo que comes y bebes, medita, mi amor, sin descanso, en la paz, en la ausencia de temor en la que vives, en todos los que te cuidaron en la enfermedad y te socorrieron en la pena o en la escasez, medita, medita, continua e intensamente, hasta que generes un ascua pequeña en el pecho, y entonces no de dejes que se apague o se salga de ahí, avívala con el aire de todas las mercedes, afectos y caricias que has recibido desde que naciste dentro y fuera de tu sangre, y veras que amas más sabiendo, y sabes más amando, y todo arderá en una gratitud inmensa que libera del dolor y derrite las zarandajas, en un cálido y gustoso afecto que no deja escapar ninguna forma de vida.


                                                         *****
NIÑO EDÉN

      Crece el Edén en tu vientre y en nuestros pechos lejanos un dulzor que sabe a damascos y nísperos en el desierto, crecen la higuera y el jazmín junto a nuestras bestias en un cuarto piso, todo está creciendo con raíces reventando los tiestos y paredes, y no sabemos, no sabemos si habrá un suelo suave donde plantar todo esto, pero tenemos que intentar vivir de la Tierra, amor, porque yo no puedo luchar contra nadie, y tampoco quiero que tú seas Rosario "la dinamitera": tenemos que dejar de ser cómplices ignorantes o siervos furiosos, salir del manicomio económico y tecno-idiota, para crecer en la paz y el cultivo  de una sencillez hermosa de avispas que se emborrachan con las uvas de la parra y su sombra, golondrinas bebiendo en una alberca donde los niños gritan y juegan, hasta que el agua oscura del pozo nos devuelva un reflejo risueño enmarcado de musgo.

                                                         *****

EL NADADOR DEL DESIERTO

       El jefe de pilotos me está filmando debajo del agua de la piscina para probar un juguetito nuevo que se ha comprado, mientras piensa que para lo gordito que  estoy me muevo en lo hondo con gracia. Lo que él no sabe es que soy un brujo Itzá, naga, chac y klu, una vieja serpiente de agua castigada en el desierto, un monstruo de la criptozoología marina que no olvida su casa en el abismo, el mismo nadador que pintaron en una cueva no lejos de aquí, el que solo sale en la foto una vez cada diez milenios.

                                                          *****

BAMBU BORRACHO

Me levanté de la hamaca corriendo para escribir que
el bambú está borracho y baila frente al mar,
y entonces te vi desnuda en la cabaña
y sin escribir nada
yo fui el bambú borracho y tu fuiste el mar,
mareo y elegancia de la Realidad.

                                                          *****

LA BALSA

       Una balsa, un refugio, se construye con los restos y desechos de lo que se hunde. Nuestra especie existe porque formaba bandas igualitarias, familias grandes que no toleraban el dolor ni el desprecio de ninguno de sus miembros. Esa fue su balsa y su refugio durante la mayor parte de su historia, sus más de cien milenios de apoyo mutuo y autogobierno sin estados ni ciudades. Quizá tengamos que desprogramarnos del lenguaje del dinero y la propiedad que nos separa y formar bandas, buscar el suelo que nadie quiere o levantar los adoquines para dejar la tierra al aire, ensamblar muebles rotos y juguetes viejos, y empezar algo nuevo con plantas y gallinas que se parezca a lo más viejo. Por Tolstoi y por  Kropotkin que para sobrevivir y vivir super, sin sangre y con belleza, no veo otra salida.

                                                         *****

EL HAIKU DE LA PÉRDIDA MASIVA

Antes de nacer nuestro hijo escribí:

Al mirar las estrellas 
un crujir de caracoles
bajo mis pies

Después de morir nuestro hijo escribí:

Al mirar las estrellas
Un crujir de caracoles
bajo mis pies



Daniel Macías
Niño Edén
Amargord




                           

jueves, 31 de julio de 2014

GORDON E. McNEER - MIRA LO QUE HAS HECHO - POEMAS


PALABRA DE AGUA

No se puede beber la palabra agua
pero se puede pescar la palabra pez
y pedir la palabra perdón.

Había agua en la palabra
antes de que los peces empezaran a multiplicarse
antes de que el pan se convirtiera en cuerpo
y el vino en sangre.

Algo como buscar la luna
antes de que la cruz oscurezca tu vista

algo como probar la sangre
antes de que la palabra cuchillo defina nuestra herida

algo como la sequedad en tu boca
antes de convertirse en la palabra agua.

               *****

CHOQUE DE TRENES

En algún lugar entre
tu vida y mi muerte
hay una línea que no se puede cruzar.
La bestia vive allí
en un laberinto tan simple
que sólo Borges pudo describirlo.
Eres un choque de trenes
en el medio
de todo lo que atesoro.
Un cuchillo sin filo
recortando un agujero dentado
en mi rabia,
y todo lo que puedo decir es
gracias
          por tu amabilidad.
     
                *****

DÍA DE LOS MUERTOS

Estas manos 
no han tocado 
el pecho de una mujer,
ni se han adentrado 
en el funcionamiento interno
de sus muslos
desde hace bastante tiempo.
Están volviéndose viejas
y secas como mapas de carreteras
que no van a ninguna parte.
                                        California
una vez tuvo sentido, y
ahora es sólo otro
lugar en el tiempo.

                *****

POESÍA

Eres el libro
que vivo y amo

y dejo cada noche.

Enséñame lo que 
no está. Arranca

la carne del hueso,

el ojo de la mano
que tira la piedra:

lanza el halcón al aire...



Gordon E. McNeer
Mira lo que has hecho
Valparaíso Ediciones

viernes, 11 de julio de 2014

ANTONIO RIGO - ÁLBUM BLANCO. POEMAS



Tiendo la colada mirando la montaña.
todo lo veo, las verduras
los animales, la presencia.
Parece que estoy detenido en la nada:
la ropa mojada, la montaña lejana y
el hombre despeinado.
Pasan pájaros. Ya inician los mirlos.
Hay un zumbido que debe ser el
otro mundo. Sé que no haré nada
más importante en todo el día.

                *****

Posesiones: Nada tengo y siempre
me acompaña la sensación
de estar de paso, de ser
mestizo o extranjero, soy una casa
vacía, una maleta llena de canciones
y libros y
un poema por escribir.

                *****

Riqueza:
A partir de los 50 la posesión
de la nada: tener nada.
Y las manos desnudas
como una luna ebria
o una manzana 
de luz.

                *****

Hace muchos años
decidí dejar el coche.
Y la moto. Caminar es mirar.
Si necesito unos zapatos o unos pantalones
sé que debo ahorrar unos meses.
Me alimento frugalmente. Quiero decir
que me quedo con una mística
sensación de hambre. Me gusta el vino.
Me gusta el agua. Y un poco de chocolate.
Si tengo un euro, vivo con un euro.
Si tengo siete, vivo con siete.
Si tengo 50 euros, procuro gastarlos
inmediatamente. Duermo poco. Yo diría
que en pie y con un ojo abierto,
pero desde hace unas noches
un grillo me acompaña. Siempre
tarareo algo, debe ser cosa
del ritmo interior. Amo. Vivo en
la ocupación total de esperar un 
verso. Jamás lo dejes todo por
la poesía.

                  *****
Antonio Rigo
Álbum blanco
Baile del Sol Ediciones

martes, 10 de junio de 2014

ESTEFANÍA GONZÁLEZ - RAÍZ ENCENDIDA




Está aquí
lo que a sí mismo se teme
y desesperadamente se disipa.
Fuerza que busca gastarse.

Está aquí lo que quiere
entrar en la noche
como quien se entrega a la muerte.
Perderse: sacrificarse.
Deshacerse en el mundo
como el rojo más grave

en dul cí si mas esporas.

Fuego que a sí mismo se quema.
fuego desamparado
que todo viento aviva.

          *****


El poema no cesa de morir.
A las dos líneas muere y nace de nuevo
como el día espiral.
Surgen estancias a su paso y son ya viejas.
Se deshace en los dedos
el poema.


          *****

Hay dos árboles cuajados de brotes blancos. Un grupo de frutales desnudos ha atrapado el arco iris un poco más allá. Son tan delicados que se elevan flotando sobre la loma. La carretera mojada, el arco iris en el suelo, el arco iris en los árboles. Todo es un arco iris. Incluso las cumbres nevadas.


El cielo se abre, el sol, ah, mete su manaza y llega hasta mi corazón y lo acoge y arrulla. Giro y subo sobre el valle, tan caliente en el puño del sol que podría deshacerme. Abajo, el río, cinta plateada, las casitas que han sido derramadas al azar, el sol que me ciega, que arremete contra un cordero negro y contra un cordero blanco, el arco iris. Los arbolitos esperanzados, ciegos de sol.

            *****

Hilandera

Es necesario tejer un poco cada día.
A pesar del ala ancha de tu sombrero, el sol ha quemado tu rostro, espigadora.
Yérguete.
Ya es el crepúsculo y las esporas y el polvo destellan al sol que cae.
Siéntate bajo aquellos árboles y teje el hilo dorado de tu crisálida.

Desaparece.
Te ha envuelto el silencio.

Desaparece en tu tapiz
en tanto tejes.

             *****
 



Han subido los bosques de espuma.
Han subido las aguas del embalse.

Aves extrañas vienen a descansar aquí
y un cielo de madejas grises las aplasta.

Pleno clamor de primavera.

Salto en las olas de los bosques
tiernos de abril.

La lluvia murmuraba en otro tiempo.
Caía a los caminos en torrentes.

Las niñas se tumbaban a lo largo
en estrechos regueros y dejaban
que sus melenas fueran arrastradas.

Bosques de espuma.
Aguas de abril.
Ejércitos de árboles se levantan.

Las yemas de mis dedos
cada día más verdes
a punto de brotar.

        *****


Estábamos en la azotea jugando con el gatito. Le hacía rabiar y se dejaba arañar la mano mientras yo observaba y me sorprendía de que el gato estuviera disfrutando. Él me miró y se rió de mí. Me llamó boba. Tenía toda la mano arañada y me puso un dedo en los labios que noté caliente como si estuviera lleno de sol. Cogió al gatito y me lo pasó por el cuello y dijo:
— Acarícialo, mira, qué suave.
Te quiere.
Me puso el gatito sobre los labios para que sintiera su suavidad.
— Te quiere.
Te quiere muchísimo.
Mira cuánto te quiere.
Pequeño.
Acariciaba al gato y con él me acariciaba a mí. Acariciaba al gatito que estaba en mi cuello, en mis brazos, en mi pecho, acariciándome con su pelo delicado, y sus manos me tocaban a mí. Yo notaba la sangre que vibraba dentro de sus manos. Decía:
— Mi cosita preciosa.
Y poco a poco fue acariciándome a mí a la vez que al gatito, y llegó a acariciarme a mí con sus manos, hasta que posó al gatito y decía:
— Mi animalillo delicado.
Mi animalillo tan delicado.

             *****


Fue un lío entre Cagliostro y eso que echan los niños al nacer, como restos de nada del estómago, algas marinas y limo (de ahí de donde vienen, tan hondo) y bueno, eso es el meconio, pero yo pensaba que era cagliostro y no, el calostro, calostro, es la leche primera que se echa al parir, que es un agua pura y perfecta para su boca y que sabe a fondo marino. Bueno, también cuando rompes aguas huele a fuente. Y eso, tanto fluido la vida, ya se sabe lo del semen, su sabor de mar. Fluidos y viscosidad. Aún más: los bebés están llenos de granitos porque su piel es grasienta. Vienen rebozados en algo gris y cuando salen disparados, agarrán-dose a sí mismos en medio del espacio, al extremo del cordón, la enfermera los para en el aire como un portero, enfermeras de reflejos perfectos, pequeños astronautas de barro, de ojos cerrados. Tanto fluido. Cagliostro. ¿Por qué lo habrán llamado así? Es cómico. Me lo imagino con zapatos rococó y… Joseph Balsamo, calostro. Sangre.

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Esto es uno que va a un entierro ¿oíste?
Va a un entierro y el cura de alzacuellos
habla como un doblaje de los años 30,
Ashley o alguien así,
esa última sílaba casi inaudible
tan digna de conmiseración,
antigua como los fonógrafos.
resulta que al tío le da la risa
busca a su mujer para que no se desperdicien
ese cura, esa voz aguda
porque con ella
un cruce de miradas
y todo existe, con ella
¿oíste?

Solo con ella

y no está.


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—Querría que se muriese.
—¡No es cierto!
—Por supuesto que lo es.
—¡Dime que no es cierto!
—Vale, no es cierto.
—Sí lo es.
—Como tú digas.
—¿Es cierto que querrías que mamá cayera muerta en este
instante?
—Sí, es cierto.
—Oh no, por favor, no, ¡es como un asesinato!
—Si tú lo dices.
—¡No puedes desear eso!
—Vale, no. Es verdad. No lo deseo.

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Desperté en medio de una fiesta
en el aire detenida. En el instante

de su plena magnificencia.

Me zambullí en la gente y fui carne.
Qué gigantesca cola de leopardo
este ser de innumerables cabezas.

Entre guirnaldas de papel saltamos
abrazados al sol. Nos lanzan agua
desde las ventanas y somos gotas.

No deseo encontrarme.

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Estefanía González
Raíz encendida
Ediciones La Baragaña