...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.

martes, 19 de abril de 2016

FELIPE BENÍTEZ REYES - ADVERTENCIA




ADVERTENCIA

Si alguna vez sufres —y lo harás—
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor 

está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.


Así que cuando sufras —y lo harás—
por alguien que te amó, procura siempre 

acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato. 

Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota 

agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.


*****

Los vanos mundos
Felipe Benítez Reyes
CMaillot Amarillo. Granada, 1985).

viernes, 15 de abril de 2016

LUIS ALBERTO DE CUENCA - LA MALCASADA


La malcasada

Me dices que Juan Luis no te comprende,  

que sólo piensa en sus computadoras
y que no te hace caso por las noches.
Me dices que tus hijos no te sirven,
que sólo dan problemas, que se aburren
de todo y que estás harta de aguantarlos.
Me dices que tus padres están viejos,
que se han vuelto tacaños y egoístas
y ya no eres su reina como antes.
Me dices que has cumplido treinta y cinco
y que no es fácil empezar de nuevo,
que los únicos hombres con que tratas
son colegas de Juan en IBM
y no te gustan los ejecutivos.
Y yo, ¿que pinto en esta historia?
¿Que quieres que haga yo? ¿Que mate a alguien?
¿Que dé un golpe de estado libertario?
Te quise como a un loco. No lo niego.
Pero eso fue hace mucho, cuando el mundo
era una reluciente madrugada
que no quisiste compartir conmigo.
La nostalgia es un absurdo pasatiempo.
Vuelve a ser la que fuiste. Ve a un gimnasio,
píntate más, alisa tus arrugas
y ponte ropa sexy, no seas tonta,
que a lo mejor Juan Luis vuelve a mimarte,
y tus hijos se van a un campamento,
y tus padres se mueren.


Luis Alberto de Cuenca




sábado, 26 de marzo de 2016

CHARLES SIMIC - LO QUE LOS GITANOS DIJERON A MI ABUELA CUANDO TODAVÍA ERA JOVEN


IMPERIOS

Mi abuela profetizó el final
de vuestros imperios, ¡oh locos!
Ella planchaba, la radio estaba puesta.
La tierra temblaba bajo nuestros pies.

Uno de vuestros héroes daba un discurso.
"Monstruo", le llamó ella.
Hubo vítores y salvas para el monstruo.
"Podría matarlo con mis propias manos",
me declaró.

No hacía falta. Se irían todos
al diablo en cualquier momento.
"No vayas a nadie con estas habladurías",
me advirtió.
Y me tiró de la oreja para dejar claro que yo la entendía.

*****

LO QUE LOS GITANOS DIJERON A MI ABUELA CUANDO TODAVÍA ERA JOVEN

Guerra, enfermedad y hambruna harán de ti su nieta favorita.
Serás como una persona ciega que mira una película muda.
Picarás cebollas y trozos de tu corazón
           dentro de la misma cacerola caliente.
Tus hijos dormirán en una maleta atada con una cuerda.
Tu marido besará tus pechos cada noche
           como si fueran dos lápidas sepulcrales.

Ya los cuervos se acicalan
           para ti y para tu gente.
El mayor de tus hijos yacerá con moscas en los labios
           sin sonreír ni levantar la mano.
Envidiarás a cada hormiga que encuentres en tu vida
           y a cada yerba al borde el camino.
Tu cuerpo y tu alma se sentarán en escalones distintos
           mascando el mismo trozo de chicle.

¿Guapita, estás en venta?, te dirá el demonio.
El dueño de la funeraria comprará un juguete a tu nieto.
Tu mente será un avispero incluso en tu lecho de muerte.
Rezarás a Dios pero Dios pondrá un letrero
            de que no se le moleste.
No preguntes más, esto es todo lo que sé.

*****


Éramos tan pobres que en la ratonera yo tenía que ocupar el lugar del cebo. Totalmente solo en la bodega, podía oírles arriba ir de aquí para allá, agitándose y dando vueltas en la cama. "Estos son días sombríos y endemoniados", me decía el ratón mordisqueándome la oreja. Pasaron los años. Mi madre llevaba  una estola de piel de gato que sacudía hasta que las chispas iluminaban la bodega.

*****

Soy el último soldado de Napoleón. Han pasado casi doscientos años, y estoy todavía en la retirada de Moscú. La carretera está bordeada de álamos blancos y el barro me llega hasta la rodilla. La mujer tuerta quiere venderme un pollo, y ni siquiera llevo ropas.
Los alemanes van por un camino; yo voy por el otro. Los rusos van todavía por otro camino y dicen adiós con la mano. Tengo un sable de ceremonia. Lo utilizo para cortarme el cabello de metro y medio de largo.

*****

Era la epoca de los maestros de la levitación. Algunas tardes veíamos a hombres  y mujeres solitarios flotando sobre las copas oscuras de los árboles. ¿Estarían durmiendo o pensando? No hicieron ningún intento por navegar. El viento los empujaba muy ligeramente. Teníamos miedo de hablar, de respirar. Incluso los pájaros nocturnos se quedaban callados. Más tarde, mencionaríamos el pequeño libro que la mujer joven apretaba entre las manos, y el modo en que aquel viejo perdió el sombrero a causa de los cipreses.
Por la mañana ni siquiera había nubes en el cielo. Vimos algunos cuervos que se acicalaban al borde de la carretera; en el tendedero de la ciega las camisas levantaban las mangas vacías.

*****

El mundo no se acaba
Charles Simic
DVD poesía

miércoles, 23 de marzo de 2016

MANUEL RIVAS - POEMA



CARRETERA

El indicador decía Con niebla, no se detenga,
pero la niebla llegó a ser tan espesa
que detuvo cuidadosamente su coche.
Sal¡ó, dio unos pasos,
pero un miedo ancestral le hizo retroceder.
No había ruido ni eco
como si todo lo existente se desvaneciera.
Puso la radio y sólo escuchó una música árabe,
qué coño, tan al Norte.
Fue entonces cuando vio aquellas siluetas en el parabrisas.
Eran vacas,
enormes cabezas con ojos de aguanieve.


Manuel Rivas



domingo, 20 de marzo de 2016

BLAGA DIMITROVA - ESPACIOS



Cometa era yo en el soplo del aire,
con el pelo revuelto.
Pero ¿quién tiró de la cuerda?

*****


El ser humano es impaciencia.

Nace empujando hacia el día
a través de la herida materna.
Y toda la vida lo empuja
su propia circulación sanguínea,
que corra, que no llegue tarde,
que alcance cuanto antes
el límite.
Y todo él sofoco, destrozado,
una herida total,
impaciente con su última impaciencia,
se atraviesa a sí mismo, dirigido
hacia la ensordecida noche del más allá.

¿Por qué es tan impaciente?

¿Quién, aún más impaciente, lo llama?

*****


Viví en el siglo más de oro,

en la sociedad más feliz,
en el régimen más justo,
bajo la doctrina más sabia,
con la moral más pura,
en la camaradería más eterna,
encaminada hacia el futuro más bello...

Me salté el comparativo,

directo en el superlativo situaron mi vida.
Obligatorio era que la sonrisa
fuese la más luminosa,
el momento, el más histórico,
la fiesta, la más festiva,
el progreso, el más progresista.

Yo creí con la fe más pura,

con el más ardiente ardor ardí.
Y cada segundo viví de puntillas:
a sobrepasar el listón, sor lo más...
Y sólo, no sé por qué, mis versos
tristes, más tristes se sobresaltan,
tristes, hasta no poder ser.

*****


Los crímenes se repiten.

No tienes pasado si no tienes memoria.
Y encima pretendes futuro.

*****


Los  asesinados mañana

hoy observan en la pantalla televisiva
a los asesinados de ayer.

Y cada uno a sí mismo se dice:

¡No, un disparate así no puede
ocurrirme a mí!


Espacios
Blaga Dimitrova
La Poesía, señor hidalgo





lunes, 14 de marzo de 2016

FEDERICO GARCÍA LORCA - CIUDAD SIN SUEÑO


CIUDAD SIN SUEÑO
Nocturno del Brooklyn Bridge

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!

Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.


Poeta en Nueva York
Federico García Lorca


sábado, 12 de marzo de 2016

JUAN BONILLA - CORDURA DE DIOS


CORDURA DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO

Padre nuestro que estás en paradero
desconocido, líbranos de ti.

No nos llenes el tiempo con tu ausencia.


Tú utilizaste el fuego del infierno

para encender el sol de nuestra infancia.

No nos des certidumbre de tus ojos 

después de que los nuestros ya no puedan
mirar la rosa negra de la vida.

Oh cordura de Dios que catas 

el pecado del mundo,
dispendia tu piedad con los cobardes,
los que te encuentran en cualquier fenómeno
de meteorología, los que imponen 
tu Nombre en leyes y oraciones.

Confórmate con ser un huésped

de nuestra infancia rota en mil pedazos.

Vacíanos de Ti,

regresa a tus orígenes
a aquella imensa noche de tormenta
en la que el miedo de unos monos te inventara.


JUAN BONILLA


lunes, 7 de marzo de 2016

J. MANUEL VIVAS - MERCADO DE ABASTOS





Perderse

Perderse allí,
entre los puestos del pescado,
las cajas de frutas y verduras,
las encimeras de mármol de las carnicerías,
los sacos de especias y legumbres,
los pasillos atestados por la multitud.

Perderse allí,
sin remedio,
como perderse en uno mismo,
incapaz de encontrar la salida
y sin fuerzas para intentarlo.



Algo así como el amor

También es posible adquirir
las frutas y su vario sabor difuso.
Andar por los mostradores
midiendo el peso de nuestro apetito,
degustar, con tenue lujuria,
las dulces muestras que palpitan
en las bandejas de plástico del deseo.

Y buscaremos ese rincón sin luz del mercado
donde ocultarnos y mendigar
las incontrolables ascuas de la vida,
los sudores ebrios de la fiebre.

Algo así como el amor
oculto de las tardes,
como el sabor de un beso
en los estados de la fruta
-verde o madura-



Naranjas

Regresamos del mercado
con la compra diaria,
con el cansancio habitual
de ese desalojo que provocan
los tumultuosos espacios cerrados,
el precio de vivir
en el apremio de las multitudes.

Dejamos la compra en la cocina
y me invitas a degustar
un manjar de fruta exprimida,
jugoso zumo entre tus labios.

Desnudas tu cuerpo
como pelas naranjas;
hieres su cítrica carne
y me salpicas.




Desprestigio de la incertidumbre


Allí habita la duda.

Allí venden su inmoral recogimiento,
el dolor alquilado de los mostradores,
el frío salino de los mármoles y los cuchillos.

Allí es el lugar que nos proponen,
los pasillos con sombras cruzadas,
el epicentro del miedo que devora,
sigilosamente y sin contemplaciones,
los sueños del niño que fuimos.

Allí está la incertidumbre,
observa cómo crecen sus ramas de hierro,
cómo deshuesan sus hojas afiladas
los silentes cuerpos de la inocencia.

Se acerca el invierno y aún
nos tiembla en las manos
el temor de lo que no existe.



Hilo de pescar


Debería ser tan sencillo
calmar el hambre de estar aquí,
disimulando la vida,
desobedeciendo a la muerte…

Ser como el hilo de pescar,
invisible pero dúctil;
un pétalo que soporta en su fragilidad
el peso impreciso de un pájaro.
La exigua semilla del anís
perfumando los amplios pasillos
del mercado.
Ser agua en el deshielo de los glaciares
que se agotan en el mar.

Poca cosa, apenas,
la llama azul de una cerilla,
su breve luminosidad.

Ser inapreciable;
como en las selvas existe
el aullido precoz de la vida,
la honda senectud de la muerte.



Hombre

Llega,
mira,
pregunta,
prueba,
huele,
se diluye
en su sonido de agua.

Mide sus pasos de temor oxidado,
afrenta la certidumbre
de ser sólo un hombre sin etiqueta,
una sombra similar a tantas otras,
como esa mercancía sobrante
que se descompone y se pudre,
todos los días,
en todos los contenedores.



Mercado de abastos
José Manuel Vives
Ruleta Rusa Ediciones




sábado, 27 de febrero de 2016

JOSEPH BRODSKY - NO VENDRÁ EL DILUVIO TRAS NOSOTROS



II

Abandonado por su chico, un barbero
se mira en el espejo en silencio, al parecer
sufriendo por aquél, y del todo olvidada
la testa del cliente cubierta de jabón.
"Seguro que el muchacho ya no vuelve."

Y entretanto el cliente dormita en calma
y contempla unos sueños de puro estilo griego:
con dioses, cicatrizas y combates en gimnasios
donde el olor intenso del sudor
excita la nariz.
                         Del techo desprendida,
se posa una gran mosca, tras dar un rodeo,
como de Jenofonte los peltastas
en nieves de Armenia, se arrastra lentamente
por simas, por salientes y gargantas
hacia la cumbre y, evitando el cráter de la boca,
trata de encaramarse sobre la punta de la nariz.

El griego abre ahora su pavoroso y negro ojo,
aullando de horror, la mosca alza el vuelo.

*****

VII

Un fresco mediodía.
Perdida en algún sitio entre las nubes
la aguja de hierro de la torre urbana
resulta ser al mismo tiempo
un pararrayos, un faro y el lugar
donde se iza la bandera del gobierno.
En su interior se halla la prisión.

Contaban que de costumbre antaño
-en las saturarías, con los faraones,
los musulmanes y en época cristiana-
se encerraba o era ajusticiado
hacia un seis por ciento de la población.
Por eso, hará aún cien años,
dispuso el abuelo del césar actual
reformar las leyes. Tras derogar
la inmoral costumbre del castigo a muerte,
redujo a un dos aquel seis por ciento,
obligado éste a guardar prisión, es evidente,
el resto de su vida. No importa
que hayas cometido un crimen o seas inocente;
la ley, a fin de cuentas, es como un tributo.
Fue entonces que la Torre aquí se edificó.

El brillo cegador del acero cromado.
En el rellano cuadragésimo tercero un pastor,
a través de una lumbrera asomando la cara,
mana abajo una sonrisa
al perro que ha venido a visitarle.

*****

VIII

La fuente que figura un delfín en mar abierto
completamente seca.
Del todo comprensible: un pez de piedra
es capaz de prescindir aun del agua,
como ésta de un pez hecho de piedra.

Tal es el veredicto del tribunal de apelación 
por ser secas destacan sus sentencias.

Bajo la columnata blanca del palacio,
en los peldaños de mármol un grupo de jefes
de tez oscura en túnicas arrugadas de colores
espera la presencia de su rey
como espera un búcaro de vidrio con agua
un ramo tirado sobre el mantel.

Llega el rey. Los jefes se levantan y agitan las lanzas. Sonrisas,
abrazos, besos. Está el rey algo turbado;
pero he aquí un privilegio de la piel oscura:
sobre ella no se ven tan claras las heridas.

El griego vagabundo llama a un chiquillo.
"De que están charlando?" "Quién, estos de ahí?"
"Sí." "Le dan las gracias." "¿Por qué motivo?"
El chico levanta la mirada clara:
"por las nuevas leyes contra los mendigos".



No vendrá el diluvio tras nosotros
Joseph Brodsky
Galaxia Gutemberg




miércoles, 24 de febrero de 2016

BOGDAN IGOR ANTONECH - LA INDESTRUCTIBILIDAD DE LA MATERIA



BALADA SOBRE LA INDESTRUCTIBILIDAD DE LA MATERIA

Perdido en la selva, arropado por el viento,
cubierto por el cielo y enmarañado de canciones,
tendido, como el astuto zorro, debajo de los helechos,
me refresco, me apaciguo y me consolido en piedra blanca.

La corriente de la vegetación provocará una inundación verde,
una incesante conmoción de horas, asteroides y hojarasca.
Me anegará el diluvio, me cuarteará el blanco sol,
convirtiendo mi cuerpo en carbón, las canciones en cenizas.

Se derramarán, al igual que la lava, miles de siglos,
en nuestras antiguas moradas, crecerán palmeras anónimas
la turba de nuestros cuerpos cubierta con flores negras,
y a mi corazón llamarán los picos en la mina.


Kniha leva (El libro del león)
Bogdan Igor Antonech
Traducción de Iury Lech (1909-1937)
Poesía ucraniana del siglo XX (Litoral)



martes, 16 de febrero de 2016

CHARLES SIMIC - POEMAS



Se acerca el tiempo de los poetas menores. Adiós Whitman, Dickinson, Frost. Bienvenido tú cuya fama nunca llegará más allá de tu círculo familiar, o quizás a uno o dos buenos amigos reunidos después de cenar alrededor de una jarra de vino tinto... mientras los niños se adormilan y se quejan del ruido que haces al escudriñar por los armarios buscando tus viejos poemas, temeroso de que tu esposa los hubiera tirado en la limpieza de la última primavera.
Está nevando, dice alguien que ha atisbado en la noche oscura, y entonces, él, también, se vuelve hacia ti cuando te dispones a leer, de un modo algo teatral y enrojeciéndote, el largo y divagante poema de amor cuya última estrofa (desconocida para ti) se ha perdido irremediablemente.

*****

SALMO


Te has tomado mucho tiempo para decidirte,
Oh señor, acerca de estos hombres locos
que gobiernan el mundo. Su mano es larga
y sus garras deben de haberte espantado.

Con su sombra uno de ellos me encontró.
El día se hizo glacial. Yo oscilaba
entre el terror y el valor
en el rincón más oscuro del dormitorio de mi hijo.

Te busqué con mis ojos, a Ti en quien no creo.
Has estado ocupado haciendo las flores bonitas,
que los corderos sigan a sus madres,
¿o quizás ni siquiera has hecho eso?

Era primavera. Los asesinos se divertían mucho
y se regocijaban, y tus predicadores
estaban justo a su lado, para asegurarse
de que nuestros últimos adioses fueran dichos adecuadamente.

*****


VIDRIOS MILAGRO CÍA.


Pesado espejo llevado
por la calle, 
me inclino ante ti
y ante todo lo que aparece en ti,
por un momento
y nunca otra vez del mismo modo:

Esta calle con su cielo rosado,
hileras de pisos grises,
un perro solitario
niños sobre patines de ruedas,
mujeres que compran flores,
alguien que parece perdido.

En ti, espejo enmarcado en oro
y llevado por la calle
por alguien a quien ni siquiera puedo ver,
ante quien, también, me inclino.

*****


HOJAS


amantes que se complacen
en la compañía de los árboles,
que buscan entretenimiento después de muchos besos
uno en brazos del otro,
observando las hojas,

el modo como ellas se estremecen
a la más ligera brisa del aire,
el modo como ellas se conmueven,
y tiemblan casi individualmente,
una de ellas empieza a sacudirse
en tanto las otras no obstante están quietas,
inexplicablemente, irracionalmente–

¿Qué estoy diciendo?
¿Una hoja entre un millón más temerosa,
más feliz,
que todas las otras?
En este roble que proyecta
tan intensa sombra,
y mis párpados cerrándose somnolientos
con aquella única hoja que se agita
ahora oscura, ahora luminosa.

*****


El mundo no se acaba

Charles Simic
DVD poesía