...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.

domingo, 7 de febrero de 2016

GIL DE BIEDMA CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA



¿De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
¡Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!


Jaime Gil de BiedmaPoemas póstumos, 1968




viernes, 5 de febrero de 2016

JOSÉ EMILIO PACHECO - LOS DEMASIADOS LIBROS



LOS DEMASIADOS LIBROS

A cambio de horas que no regresan
se acumulan los libros,
cajas de sueños, esperanzas, cóleras
que (es muy probable)
no leeremos nunca.

Por todas partes libros en desorden,
objetos de ansiedad, mudo reproche
de no haberlos abierto.

Miedo a morirse
sin hojearlos siquiera.

Con qué cinismo,
con cuánta desvergüenza o qué locura,
después de todo esto nos ponemos
a escribir otro libro.

José Emilio Pacheco




miércoles, 3 de febrero de 2016

JOHN BERGER - CONTIGO



Lo que más me reconcilia con mi propia muerte es la imagen de un lugar: un lugar en el que tus huesos y los míos sean sepultados, tirados, desenterrados juntos. Allí estarán desperdigados en confuso desorden. Una de tus costillas reposa contra mi cráneo. Un metacarpio de mi mano izquierda yace dentro de tu pelvis. (Como una flor, recostado en mis costillas rotas, tu pecho.) Los cientos de huesos de nuestros pies, esparcidos como la graba. No deja de ser extraño que esta imagen de nuestra proximidad, que no representa sino mero fosfato del calcio, me confiera un sentimiento de paz. Pero así es. Contigo puedo imaginar un lugar en donde ser fosfato de calcio es suficiente.

John Berger




domingo, 31 de enero de 2016

LUIS ALBERTO DE CUENCA - APOLOGÍA DE LA SIESTA



AIGUABLAVA



Aquí, donde el sol brilla y sopla el viento
Aquí, en la biblioteca de las olas.
Lejos de las marchitas amapolas
que engalanaron nuestro sufrimiento.

Aquí, donde la rosa de tu aliento
perfuma las marinas caracolas.
Aquí, en silencio, sin dolor, a solas
con el mismo callado sentimiento.

Aquí, donde tu alma, enternecida
por las más delicadas sensaciones,
vuelve a reconciliarse con la vida.

Aquí, donde florecen las pasiones.
Donde regresa la ilusión perdida
a repoblar el mundo de emociones.

***


PIENSO EN TI


Los amantes se piensan. Cada uno
piensa que piensa más en su pareja
que su pareja en él. Están centrados
en su oficio pensante y no perciben
los hilos invisibles con que el miedo
va enredando sus mutuas reflexiones
y matando su amor. Sólo el olvido
podría rescatarlos de la duda,
pero no están dispuestos a olvidarse.

***


NO CONOCES LA SIESTA


Nunca has dormido siesta, y algo te habrás perdido,
porque, en la hora difícil en que un copioso almuerzo
se agita en la sentina de tu cuerpo, no hay cosa
que más relaje el ánimo y distienda el espíritu
que una gloriosa siesta, regalo de los dioses
para aliviar el peso de tu glotonería.
¡Digestiones horribles con los ojos ausentes
y la barriga hinchada! ¡Sórdidas sobremesas
en que no eres capaz de articular palabra,
colgado como estás del árbol del empacho!

No conoces el sueño después de las comidas,
ese sueño benéfico, liberador, aéreo,
que te traslada a un mundo de excelsas beatitudes
donde aún no has tenido que nacer y, por tanto,
sigues siendo feliz. No conoces la siesta,
ese líquido amniótico donde nadar sin límite,
ese tibio regazo donde apoyar el alma,
esa dulce memoria del primer paraíso.

***


La vida en llamas

Luis Alberto de Cuenca
Visor de Poesía


jueves, 28 de enero de 2016

LAURA CASIELLES - GRAMÁTICA DE LA RELATIVIDAD



GRAMÁTICA DE LA RELATIVIDAD

Quizá ni el tomate es tan puro
ni el tabaco tan mortal como comentan.
Me caen bien los extraños, me siento segura
en los países muy desordenados.
Protegerse está bien, pero a veces confiar
es mejor revulsivo para una vida larga.
Ni es cierto que no importe lo de lejos, ni es cierto
que no haya sitio en el mundo
para la literatura.
Pero la publicidad nunca es poesía.
Confío en mi cuerpo
más que en buena parte de los médicos,
y algunas drogas nos ayudan a dormir.
El amor existe.
Abrazarse a muchos cuerpos no es sinónimo de calma,
no hacerlo tampoco ayuda demasiado.
He tenido jefes que eran mis amigos
y compañeros que no.
El sentido común falla a menudo.
Si te cuidas demasiado, entonces eres presa fácil.
Los juicios no marcan la línea que separa el bien y el mal,
no marcan casi nada.
La verdad no tiene un solo nombre.
Cinco manzanas al día
son demasiadas manzanas.

Y la palabra es
como un juego de niños:
cuando llega a tus manos hay que abrazarla fuerte
y escaparse corriendo del enemigo.
Y, luego, lanzarla a quien sepa
guardarla mejor.
A quien corra más.


***

Laura Casielles



lunes, 25 de enero de 2016

JUAN BONILLA - EXTRANJERO



DENOMINACIÓN DE ORIGEN: EXTRANJERO

La patria es estar lejos de la patria:
una nostalgia de la infancia en noches
en que te sientes viejo, una nostalgia
que sube a tu garganta como el agrio
sabor del vino en las resacas duras.

La patria es un estado: pero de ánimo.
Un viejo invernadero de pasiones.
La patria es la familia: ese lugar
en el que dan paella los domingos.

Una patria es la lengua en la que sueñas.
Y el patio del colegio donde un día
bajo una lámina de cielo oscuro
decidiste escapar por vez primera.

Mi patria está en el cuerpo de Patricia,
mi himno es su gemido, mi bandera
su desnudez de doce de la noche
a ocho de la mañana. Tras la ducha
mi patria va al trabajo, yo me exilio.


JUAN BONILLA

viernes, 22 de enero de 2016

FELIPE BENÍTEZ REYES - INFANCIA


INFANCIA


El viento golpea la puerta 
del cuarto siempre cerrado.

El viento llama a la puerta.

El viento quiere abrir
la puerta en que detiene su camino 

ese caballo blanco con ojos de cristal.

El viento araña
la puerta con su garra de dragón errabundo.


Los sioux y comanches 
van tensando sus arcos.

La paloma mecánica 
mueve sus alas frías.

Pero el viento
derriba al fin la puerta.

                                  Y deja ver
la habitación de sombra y amargura.


*****


Sombras particulares 
Felipe Benítez Reyes
Visor


jueves, 21 de enero de 2016

GUIOVANNI COLLAZOS - EL TÍSICO BOLCHEVIQUE


Poema líquido


Quiero escribir un poema geiser y barométrico. Un poema con zumo de fruta para el buen sabor cuando se derrame en tu boca. Un poema brasero desatado a lo horizontal de tus labios que decapiten mi sombra. Un poema sin dolor, sólo que te deje adolorida. Un poema con retazos de tu vientre en su opulencia. Porque el poema es mi aire fálico que se mete por tu glándula, que te salpica en aluvión de lenguas y potros. Quiero escribir violento hasta quemar la noche. Quiero que tu bronquio arda y flameen columpios en tu esquizofrenia. Quiero arrancarte los flecos y darte duro en el alma, desentrañar tu fuego, ahogarte en la leche. Desgarrarte sin socorros. Escribir un poema líquido que se escurra por tu rostro. Escribir un poema que te frote y que muerda tus orificios, que transite tu ano, con reguero de veneno. Quiero que enciendas la luz para que veas a mi argonauta quebrarte el vellocino, mancharte los pechos con la zarza de mi desierto, poner mi lengua en tu aserradero hasta secar mi garganta. Quiero escribir un poema hasta hacerte correr en estampida.

El tísico bolchevique
Giovanni Collazos
Ruleta Rusa Ediciones

lunes, 18 de enero de 2016

VICENTE HUIDOBRO - ARTE POÉTICA



      Que el verso sea como una llave
      que abra mil puertas.
      Una hoja que cae; algo pasa volando;
      cuanto miren los ojos creado sea,
      y el alma del oyente quede temblando.

      Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
      el adjetivo, cuando no da vida, mata.

      Estamos en el cielo de los nervios.
      El músculo cuelga,
      como recuerdo, en los museos;
      mas no por eso tenemos menos fuerza:
      el rigor verdadero
      reside en la cabeza.

      Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
      Hacedla florecer en el poema;
      sólo para nosotros
      viven todas las cosas bajo el Sol.

      El poeta es un pequeño Dios.


      VICENTE HUIDOBRO

sábado, 16 de enero de 2016

BLAGA DIMITROVA - DISCUSIÓN SOBRE POESÍA


DISCUSIÓN SOBRE POESÍA

Estábamos sentados en la orilla del día: dos poetas, absortos en discusión sobre la poesía, y yo, que escuchaba calladita.

—La poesía —insistía el primero, sin gota de duda— es sencillez. Debemos arrancarla de los torbellinos de los complicado. ¿Basta de tanta opacidad!

—¡Al revés! —contrariaba el otro, con convicción no menor— La poesía está hundida en los bancos de arena movediza de lo elemental. Debemos arrastrarla hacia lo hondo del pensamiento. ¡Estoy harto de cascabillo masticado!

La discusión se batía ora en esta y ora en la contraria orilla y cada vez más espuma saltaba.

Una libélula rondó entre los dos. Sus alitas traían la leve sonrisa de este día de ojos soleados, el último del que ella disponía. Y se disparó directo al abrazo definitivo de la noche.

La libélula para nada era sencilla, ni tampoco complicada.

Era poesía.


*****

CRIPTOLENGUAJE

En la inevitable huida busca refugio
en medio de los días atrancados en la palabra franca.

Únicamente la palabra lo expresa todo,
insatisfecha, ante todo, consigo misma.

¿A quién más podrás confiarle perforar el muro
que te ahoga,
si no a la palabra que te falta?

En el espacio autosonoro entre los verbos
tu voz interior mana.

Palpas en la palabra no un mundo en bruto,
sino la ausencia de algo urgente, íntimo.

La misma palabra dicta decretos contra la palabra
e intrépidos llamamientos a la libertad.
¿La llave dónde está?

No hay camino permitido para la palabra
excepto el prohibido.

Nadie puede exterminarla. Sólo las palabras
matan la palabra.

¿Renacerá del rotundo silencio?
El verbo renace del verbo.
La muerte rectifica la muerte con la vida.

Sin que nada le concedan, tiene que resistir. A pesar.
Y bajo sospecha ¡dar fe!

La palabra encarna lo inexistente
y dilata el Universo.

Y lo imposible se torna literalmente posible.
Y condicional cualquier sentencia sobre la palabra.
¿Y la llave? Se hace cada vez más evidente que es un enigma.

*****

Espacios
Blaga Dimitrova


miércoles, 13 de enero de 2016

JAIME GIL DE BIEDMA - PANDÉMICA Y CELESTE


Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella      
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones…
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d’être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.
Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
                         Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,

como dicen que mueren los que han amado mucho.


JAIME GIL DE BIEDMA


lunes, 11 de enero de 2016

CHARLES SIMIC - NO DESPIERTES A LAS CARTAS



NO DESPIERTES A LAS CARTAS

Desde que mi crónica mala suerte
se desvaneció en mi baraja de cartas de amor,
ando alrededor de ellas con cuidado,
y no abriré la ventana los días de viento.

Le quito las horquillas de su largo cabello negro
y le bajo el vestido yo mismo,
no sea que su roce mueva el aire muerto 
y haga que las cartas vuelen.

A ella le digo: No pienses siquiera
en coger una escoba
o bailar meneando las tetas.
Échate en mis brazos
y contempla la caída de la luz
dorada sobre nosotros
en un silencio sin palabras.
No despiertes a las malditas cartas.

***

El mundo no se acaba
Charles Simic
DVD poesía

sábado, 9 de enero de 2016

LUIS CERNUDA - LA FAMILIA


¿Recuerdas tú, recuerdas aun la escena

A que día tras día asististe paciente
En la niñez, remota como sueño de alba?
El silencio pesado, las cortinas caídas,
El círculo de luz sobre el mantel, solemne
Como paño de altar, y alrededor sentado
Aquel concilio familiar, que tantos ya cantaron,
Bien que tú, de entraña dura, aún no lo has hecho.

Era a la cabecera el padre adusto,
La madre caprichosa estaba en frente,
Con la hermana mayor imposible y desdichada,
y la menor más dulce, quizá no más dichosa,
El hogar contigo mismo componiendo,
La casa familiar, el nido de los hombres,
Inconsistente y rígido, tal vidrio
Que todos quiebran, pero nadie dobla.

Presidían mudos, graves, la penumbra,
Ojos que no miraban los ojos de los otros,
Mientras sus manos pálidas alzaban como hostia
Un pedazo de pan, un fruto, una copa con agua,
y aunque entonces vivían en ellos presentiste,
Tras la carne vestida, el doliente fantasma
Que al rezo de los otros nunca calma
La amargura de haber vivido inútilmente.

Suya no fue la culpa si te hicieron
En un rato de olvido indiferente,
Repitiendo tan sólo un gesto trasmitido
Por otros y copiado sin una urgencia propia,
Cuya intención y alcance no pensaban.
Tampoco fue tu culpa si no les comprepdiste:
Al menos has tenido la fuerza de ser franco
Para con ellos y contigo mismo.

Se propusieron, como los hombres todos, lo durable,
Lo que les aprovecha, aunque en torno miren
Que nada dura en ellos ni aprovecha,
Que nada es suyo, ni ese trago de agua
Refrescando sus fauces en verano,
Ni la llama que templa sus manos en invierno,
Ni el cuerpo que penetran con deseo
Dos soledades en una carne sola.

Ellos te dieron todo: cuando animal inerme
Te atendieron con leche y con abrigo;
Después, cuando creció tu cuerpo a par del alma,
Con dios y con moral te proveyeron,
Recibiendo deleite tras de azuzarte a veces
Para tu fuerza tierna doblegar a sus leyes.
Te dieron todo, sí: vida que no pedías,
y con ella la muerte de dura compañera.

Pero algo más había, agazapado
Dentro de ti, como alimaña en cueva oscura,
Que no te dieron ellos, y eso eres:
Fuerza de soledad, en ti pensarte vivo,
Ganando tu verdad con tus errores.
Así, tan libremente, el agua brota y corre,
Sin servidumbre de mover batanes,
Irreductible al mar, que es su destino.

Aquel amor de ellos te apresaba
Como prenda medida para otros,
y aquella generosidad, que comprar pretendía
Tu asentimiento a cuanto
No era según el alma tuya.
A odiar entonces aprendiste el amor que no sabe
Arder anónimo sin recompensa alguna.

El tiempo que pasó, desvaneciéndolos
Como burbuja sobre la haz del agua,
Rompió la pobre tiranía que levantaron,
y libre al fin quedaste, a solas con tu vida,
Entre tantos de aquellos que, sin hogar ni gente,
Dueños en vida son del ancho olvido.

Luego con embeleso probando cuanto era
Costumbre suya prohibir en otros
y a cuyo trasgresor la excomunión seguía,
Te acordaste de ellos, sonriendo apenado.
Cómo se engaña el hombre y cuán en vano
Da reglas que prohiben y condenan.
¿Es toda acción humana, como estimas ahora,
Fruto de imitación y de inconsciencia?

Por esta extraña llama hoy trémula en tus manos,
Que aun deseándolo, temes ha de apagarse un día,
Hasta ti trasmitida con la herencia humana
De experiencias inútiles y empresas inestables
Obrando el bien y el mal sin proponérselo,
No prevalezcan las puertas del infierno
Sobre vosotros ni vuestras obras de la carne,
Oh padre taciturno que no le conociste,
Oh madre melancólica que no le comprendiste.

Que a esas sombras remotas no perturbe
En los limbos finales de la nada
Tu memoria como un remordimiento.
Este cónclave fantasmal que los evoca,
Ofreciendo tu sangre tal bebida propicia
Para hacer a los idos visibles un momento,
Perdón y paz os traiga a ti y a ellos. 



LUIS CERNUDA