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...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.
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sábado, 26 de diciembre de 2015
ELOY SÁNCHEZ ROSILLO - LA CERTEZA
EL SECRETO
Por si acaso se asusta la alegría
y se apresura a irse,
se la escondo a la gente y no le digo a nadie
que ha llegado a mi casa después de mucho tiempo.
Hablo con ella, y con frecuencia verla
de nuevo tan cercana
me hace llorar, y río.
Después la dejo sola y yo me voy
a la calle muy serio.
A nadie le diré que ha venido a mi casa.
Espero que esté aquí cuando regrese.
*****
CANCIÓN DE MARZO
Abrí el balcón y vi la maravilla:
estaba ahí la primavera.
¿Cómo pudo ser todo así, tan simple?
Algo raro ocurrió.
El balcón de una casa
cualquiera, en una calle
de una ciudad cualquiera.
Abrí y miré. Eso tan sólo hice.
Y sucedió el prodigio.
Qué cosa tan extraña.
Mi casa era un palacio.
Yo era el rey de la vida.
El balcón daba a marzo,
a un día de jilgueros.
*****
La certeza (Premio Nacional de la Crítica 2005)
Eloy Sánchez Rosillo
Tusquets Editores
sábado, 31 de octubre de 2015
ELOY SÁNCHEZ ROSILLO - TRES POEMAS
LUNA LLENA
Como cuando era niño y te miraba
lleno de dicha y lleno al mismo tiempo
de sagrado temor, miro esta noche
tu misteriosa plenitud. Mis ojos
van siguiendo tu curso, el arco mágico
que trazas en el cielo, y te agradece
el corazón rendido la belleza
que al mundo le regalas.
Sé que riges,
junto a otros astros, mi destino y nunca
me he negado a ser tuyo: ¿quién podría
desoír tu fulgor sin saber luego
siglos de oscuridad? He pretendido
siempre que mis poemas, en el fondo
–aunque los versos de otra cosa hablasen–,
te celebraran y que fueran dignos
de elevarse hacia ti, porque no ignoro
todo lo que te debo.
Pongo. madre,
bajo tu dulce protección los cantos
que este libro reúne, y te suplico
que los acojas y que no les niegues
el don supremo de tu luz divina.
*****
AVISO PARA CAMINANTES
En la suma de días indistintos
que la vida da al hombre, acaso hay uno
en que el destino, trágico y hermoso,
pasa por nuestro lado y el azar manifiesta
una insólita luz, un desusado
fulgor inconfundible.
Pero no has de dudar. Ten el coraje,
cuando llegue el momento,
de abandonar las cosas con que siempre
te engaño la costumbre, y sube pronto
a ese carro de fuego.
Poco dura
el milagro.
Después, si te negaras
a partir, sólo noche
merecerás. Y nunca, aunque quisieras,
podrás comprar la luz que despreciaste.
*****
EL MALECÓN
Apártate de todo esta mañana
y adéntrate en ti mismo al tiempo que te adentras
en la insólita paz de este olvidado
retiro silencioso.
No hay nadie. Quedan lejos
la ciudad y sus gentes, los trabajos
tan tristes de los hombres. Es tu amigo
el buen sol de febrero, que acaricia
con mucho amor las cosas y derrama
su milagro en tu piel. Vivir deseas
con la antigua inocencia este momento
y ser de nuevo aquel adolescente
que aquí solía venir cuando necesitaba
estar solo y soñar.
Pero detente. Mira.
¿Recuerdas? Puedes verlo. En un banco de piedra
está sentado. Tiene
un cuaderno en las manos, y unos libros
hay junto a él. Quién sabe
en qué estará pensando. Ignora tantas cosas
que te enseñó la vida y que quisieras
no saber.
Déjalo. Nada le digas.
Tiempo habrá de que el tiempo
lo acerque a ti y te alcance.
Pasa a su lado y sigue. No destruyas
el encanto. Silencio. Sed dichosos
bajo esta luz bendita.
Entre las ramas
de los naranjos cantan los jilgueros.
*****
Eloy Sánchez Rodillo
Elegías
Trieste
sábado, 17 de enero de 2015
ELOY SÁNCHEZ ROSILLO - EL FULGOR DEL RELÁMPAGO
EL FULGOR DEL RELÁMPAGO
Hay cosas que la vida te da cuando ya apenas
podías esperarlas, y su luz
maravillosa, elemental, purísima,
te hace feliz de pronto. Y desgraciado,
pues comprendes que no te corresponde
ese milagro ahora y que no debes
a ciegas entregarte a lo que era
propio tal vez de otro momento tuyo,
de un momento anterior, cuando tenías
fuerzas para ser libre.
Mas déjate llevar, y vive esa hermosura
con coraje, sin miedo. A qué pensar
en lo que te conviene. Es muy fugaz la dicha.
No la desprecies. Tómala. Y apura
el fulgor del relámpago.
Después,
tiempo tendrás para seguir muriéndote.
Eloy Sánchez Rosillo
Autorretratros
Ediciones Península
jueves, 4 de septiembre de 2014
ELOY SÁNCHEZ ROSILLO - POEMAS
LA LUZ NO RECUERDA
Entra la luz hoy en el cuarto como
entraba la otra tarde. Y no nos ve
aquí juntos de nuevo: no has venido.
Yo puedo recordarte.
Y te recuerdo, a solas, en esta habitación
–llena de nada ahora– que entonces compartimos.
Las palabras que hablamos, la música, tu risa,
y lo que entre nosotros sucedió en esas horas,
siguen viviendo en mí.
Pero la luz no te recuerda, porque
la luz ama el presente. Regresa sin memoria
a la estancia vacía. Y ya no sabe
que se enredó en tu pelo y que brilló en tus ojos,
que, a la vez que mis manos minuciosas, anduvo
despacio por tu cuerpo.
No, la luz no recuerda
haber estado aquí, contigo, con nosotros.
Llega, alegre y dorada,
al lugar en que ardiera la otra tarde la vida.
Y únicamente encuentra en su silencio
a un hombre recordando, recordándote:
un hombre triste, y derrotado, y solo.
*****
PRINCIPIO Y FIN
Puede ser que te digas: "El verano que viene
quiero volver a Italia", o: "El año que hoy empieza
tengo que aprovecharlo; con un poco de suerte
acabaré mi libro", y también: "Cuando crezca
mi hijo, ¿qué haré yo sin el don de su infancia?"
Pero el verano próximo, en verdad, ya ha pasado;
terminaste hace muchos años el libro aquel
en el que ahora trabajas; tu hijo se hizo un hombre
y siguió su camino, lejos de ti. Los días
que vendrán ya vinieron. Y luego cae la noche.
A la vez respiramos la luz y la ceniza.
Principio y fin habitan en el mismo relámpago.
Eloy Sánchez Rosillo
La vida
Tusquets Editores
viernes, 15 de agosto de 2014
ELOY SÁNCHEZ ROSILLO - OÍR LA LUZ
EL VIAJE
Saber que estás ahí, mientras trabajo
en el cuarto de al lado, mientras busco
a solas el poema, me estimula,
me da ilusión y fuerza y esperanza.
Yo me voy a mis sueños y me adentro
por inciertas regiones en las que nunca estuve.
No admite compañía esta aventura:
es preciso estar solo para hallar lo que importa.
Me pierdo en ocasiones, pero a veces encuentro
extrañas maravillas que nadie ha visto antes.
Por favor, no te vayas y espera mi regreso;
tú serás, cuando vuelva, la primera en mirarlas.
*****
LA CAÍDA
No sé bien qué ha pasado,
ni cómo ha sucedido.
Hay hechos que acontecen
sin porqué, o por motivos
que no son descifrables.
Caminaba tranquilo
bajo el sol de la tarde
y de repente he oído,
dentro de mí, como unos
golpes sordos, el ruido
de algo que se caía
y rodaba a un abismo.
Perplejo, me he asomado
a mi interior. Y he visto
un inquietante hueco
muy hondo, y he podido
atisbar con esfuerzo
–cuando al cabo se hizo
penetrable a mis ojos
lo oscuro– un impreciso
bulto desvencijado
en el fondo tristísimo
de ese pozo. ¿Qué era?
No sabría decirlo.
¿Era un ave, era el alma?
Un confuso amasijo
de sangre y alas rotas.
Asustado, he salido
de mí mismo al instante
y he vuelto a mi camino
en esta tarde rara
del mundo. Me dirijo
despacio no sé adónde.
Anochece. Hace frío.
*****
EN LA MAÑANA
Despertarse un buen día y descubrir
que la turbia amenaza que tanta muerte puso
durante tanto tiempo en nuestra vida
ya no nos mira con sus ojos fijos,
con sus ojos terribles.
¿Qué sucede?
¿Cómo se hizo en mi casa este silencio puro,
este sosiego que tenía olvidado?
¿Quién ha abierto el balcón y allí a dispuesto
esa maceta con geranios rojos?
¿Es cierto que se adentra por la estancia,
despacio, un sol muy dulce y acaricia
el suelo, este sillón, mis manos, mi cabeza,
mi pecho que agradece, mi corazón que canta?
*****
EL MANANTIAL
Este deseo, esta necesidad
de retornar mil veces
a donde está la luz.
No a donde estuvo y se apagó muy pronto,
sino al lugar radiante del que siempre
sigue y sigue manando.
Respirarla, beberla
cuando a ese sitio nuestros pasos vuelven,
es completar la vida, lo que entonces
apenas fue o no vimos
que en nuestro transcurrir se demora.
Regresar a ese limpio manantial:
cuánta misericordia inagotable.
Ningún daño se encuentra allí al acecho;
allí el amor no se termina nunca.
*****
LA CEGUERA
Mirar no es sólo asunto de los ojos.
Primero, ciérralos unos instantes
y dentro de ti busca –en tu sosiego–
la facultad de ver.
Y ahora ábrelos, y mira.
Es enero ahí afuera, pero está
muy hermosa la vida esta mañana.
Cuánto sol en los álamos
que en trémulas hileras van creciendo
en esta vieja plaza
de tu ciudad. Un día y otro día,
durante muchos años,
a su lado pasaste y no los viste,
ciego que dabas pena y que hoy, por fin,
de milagro has sanado y puedes ver
y en tu mirar te salvas.
Eloy Sánchez Rosillo
Oír la luz
Tusquets Editores
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