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...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.
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sábado, 2 de junio de 2012
NICOLE BLAY FRANZKE
¿A DÓNDE FUE EL AGUA?
Versión 1ª
De madrugada, llega el pocero a casa. Nos miramos con la mirada de quien va a cometer el mayor delito, levantamos juntos la arqueta de la cocina. Debían salir delfines, anacondas, golondrinas, mirlos. Esperábamos camellos, palmeras, oasis, avionetas en llamas, ríos verdes y azules, bayonetas clavadas en el costado, flores infinitas. Crecía un jardín secreto, oscuro, frondoso, una selva vírgen esperando a escapar como un grito hacia la luz. Una exhalación de vida condensada, liberada en la explosión de la apertura. Abierta la trampilla, aparece el vértigo del vacio: ¿a dónde fue el agua?. Espero paciente, apostada en la pared, algún rastro de vida: ni una triste cucaracha. Ni una mosca. Cada vez que abrimos un pozo, la desilusión sólo nos impele a seguir las prospecciones con más ahinco, a mayor profundidad, porque los soñadores del infinito, los secuestrados del absoluto, sabemos que, ahí abajo, brota siempre un alef verde, un Amazonas en expansión contínua, una vida nueva aún no nombrada.
Versión 2ª
Llegaron los dos poceros, en esta mañana llena de sequía. Aguadores de las piedras, proletarios del inframundo. Uno lleva el agua en los ojos, agua clara de estío, y en la arena del fondo de sus pupilas, sed. El otro pequeño, gato de alcantarilla, moreno, poco agraciado. Ágil y tozudo, desciende por la boca del pozo. El hombre del agua en los ojos y yo le vemos desaparecer. La oscuridad se lo traga. Lo último que veo, son sus manos de huesos y uñas sucias, aferrarse sobre los azulejos blancos. El silencio lo devora. ¿Acaso habrá llegado a la última recámara? esa que siempre buscamos, como la zanahoria de los burros. Si es así, no volverá. Allí se quedará a habitar los fondos celestes del aljibe del olvido, lotófago feliz de la luz. ¿Quién dijo agua? Mientras discurren estas ideas entre el aguador azul y yo, aparece un colibrí sucio de nuevo en la superficie. El uno lo coge en brazos, es fuerte, lo saca en volandas del pasadizo al infinito. El otro se deja, muñeco de trapo, lánguido y seguro entre los brazos del aguador. Ya está señora, son ciento diez euros. El agua ya no viene por aquí, el pozo quedó limpio. Y desierto. Pienso yo, ¿dónde crecerán ahora los ríos y las montañas, los monos y los delfines?.
Versión 3ª
En medio del hormigón apagado del fondo, luce un oasis. El aguador, las cucarachas y yo lo sabemos.
NICOLE BLAY
miércoles, 27 de octubre de 2010
NICOLE BLAY FRANZKE
Los cipreses
Los cipreses son lágrimas de dios en la madrugada, pidiendo perdón, en silencio, al hombre:
Fui un mal padre -dices-, incoherente.
Tu amor intenta aplastarme, pero olvidas que fabricaste al hombre (podredumbre insomne) para morir de pié.
Pronto, será 1 de noviembre,
otra vez.
martes, 28 de septiembre de 2010
NICOLE BLAY FRANZKE
Crónicas de Asturias (III)
Cada mañana, a las diez y media, abro la ventana y veo el mismo paisaje:
el lomo agachado de la mujer con sombrero de paja, cavando la tierra.
Seguramente lleva ahí desde las siete.
Al caer el sol, sigue cavando en la misma posición.
Siembra paciencia con cada gesto, pero la tierra se empeña en no ceder.
Desde mi cama, le escribo este poema: seguro que si lo oyera, me escupiría sobre el papel.
el lomo agachado de la mujer con sombrero de paja, cavando la tierra.
Seguramente lleva ahí desde las siete.
Al caer el sol, sigue cavando en la misma posición.
Siembra paciencia con cada gesto, pero la tierra se empeña en no ceder.
Desde mi cama, le escribo este poema: seguro que si lo oyera, me escupiría sobre el papel.
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sábado, 31 de julio de 2010
NICOLE BLAY FRANZKE
ARBEIT MACHT FREI
¿Dónde estabas cuando gritábamos? Ahora sonríes, despreocupado, con tus suelas de goma sobre nuestro recuerdo, ¿acaso no hacíamos el mismo ruido metálico, no oías el crujir de nuestros huesos, el rechinar de los dientes bajo las fustas despiadadas? No, tú sólo caminabas. Pero no podías ver, porque sólo amabas al cielo. Así, nuestros cuerpos fueron cerrándose (metalizando el olvido) hasta que la sangre fluyó como mercurio. Cenizas. Tú eres la culpa de nuestras cenizas. Miedo. Tú eres el miedo de nuestro grito sordo. IN_DI_FE_RENCIA Pasea, hombre, ahora, tranquilo. (sólo queda el grito que no osamos pronunciar) Sólo queda un leve rumor en tu pecho. ***
Inacabado
Antes de que se queme el café
antes de que su hedor a regaliz fundido me invada el cerebro,
antes
quiero el perfume que se pega a la ropa
antes
quiero el pan duro de ayer
y un poco de chocolate negro,
del americano, el amargo, el veradero.
Antes de quemarte el café
quiero tu cuerpo desnudo
boca abajo y triste
quiero enfudarte en una hogaza de pan,
desayuno de mi vida
antes de que el café saque sus caballos azules galopando,
antes de que le cambie el color al día, antes de ser yo
otra vez.
Antes de olvidar la cafetera,
de olvidar cómo prometías al viento
hacerme café cada mañana.
Tú ya no eres, yo no soy,
pero queda el café.
Café, que sigue impregnando hasta el cielo de mi casa,
porque el café no perdona,
no olvida, no aguanta, sentencia. Sólo escupe vapor, y despierta.
Antes de incendiar el recuerdo,
dame hoy, una taza de café amargo
antes de que su hedor a regaliz fundido me invada el cerebro,
antes
quiero el perfume que se pega a la ropa
antes
quiero el pan duro de ayer
y un poco de chocolate negro,
del americano, el amargo, el veradero.
Antes de quemarte el café
quiero tu cuerpo desnudo
boca abajo y triste
quiero enfudarte en una hogaza de pan,
desayuno de mi vida
antes de que el café saque sus caballos azules galopando,
antes de que le cambie el color al día, antes de ser yo
otra vez.
Antes de olvidar la cafetera,
de olvidar cómo prometías al viento
hacerme café cada mañana.
Tú ya no eres, yo no soy,
pero queda el café.
Café, que sigue impregnando hasta el cielo de mi casa,
porque el café no perdona,
no olvida, no aguanta, sentencia. Sólo escupe vapor, y despierta.
Antes de incendiar el recuerdo,
dame hoy, una taza de café amargo
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