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...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.
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miércoles, 1 de enero de 2014
EDUARDO JORDÁ - MIRLO
MIRLO
Conocemos su canto en la mañana,
temprano, muy temprano,
cuando nos reconforta oírlo, alegre,
bajo la lluvia desvelada.
Pero nada sabemos de sus hábitos
de pájaro agresor que coloniza
territorios ajenos,
y que destruye nidos, y que roba
los huevos más pequeños
y que hace desdichados
a otros pájaros menos testarudos.
De su vida secreta, no sabemos
nada; o mejor dicho,
preferimos creer que no sabemos.
Nos basta con su canto,
su canto desvelado que nos mece.
Pero otros muchos pájaros, más débiles,
o quizá más modestos,
pagan por ese canto con sus vidas.
Eduardo Jordá
Tulipanes rojos
Visor
miércoles, 11 de diciembre de 2013
EDUARDO JORDÁ - SONDERKOMMANDO
SONDERKOMMANDO
Hemos visto.
Hemos oído.
La lengua azul.
el glugluteo.
el olor dulzón.
Los que se quedaban de pie
y había que derribar
con una maza.
Los que todavía gemían
aunque estaban muertos.
Los que perdonaban
aunque estaban muertos.
Los que se abrazaban
aunque estaban muertos.
Hemos visto.
Hemos oído.
Preferíamos no usar las manos.
Los ganchos en el cuello
eran más rápidos
y así no te ensuciabas
(todos se lo hacían encima).
Hemos visto.
Hemos oído.
El siseo del alma
que se trasforma en grasa, y arde.
Los ojos que estallan
azules en el cielo azul
de un día de verano.
La cabeza que tarda más que el resto.
Las cenizas en el río
con el deshielo de marzo.
La mirada incrédula
que hablaba sola
y se mentía sola,
y gritaba y suplicaba y callaba,
todo a la vez,
mientras se quitaba la ropa
y avanzaba hacia dentro.
Hemos visto.
Hemos oído.
Nuestra primera misión
fue ocuparnos de los que nos precedían.
"Comando especial", dijeron,
"igual que vosotros".
Y nosotros seríamos los siguientes.
Nunca decíamos nada.
El bebé que respiraba.
La maquinilla para el pelo
de las mujeres.
Las tenazas, los montacargas.
Las insaciables vagonetas de carbón.
El montón de los dientes de oro.
El montón de las sortijas.
La máquina quebrantahuesos
("el molino", la llamábamos).
Y el loco que violaba chicas muertas
y al que un día tuvimos que matar.
Nunca decíamos nada.
Sólo una vez me atreví:
"Poneos allí. Es más rápido".
Eran mis primos.
Sólo una vez.
Y quizá debería haberme callado.
Eduardo Jordá
Tulipanes rojos
Visor
En los campos de exterminio nazis había unas unidades especiales de presos llamadas Sonderkommando, que estaban obligadas a trabajar en los crematorios, retirando los cadáveres de los presos que acababan de ser aniquilados en las cámaras de gas. Cada cierto tiempo (dos o tres meses) los sonnderkommandos eran eliminados y sustituidos por otros presos, lo que hizo que muy pocos miembros de estos comandos especiales lograran salvarse. Sólo una veintena logró sobrevivir a la guerra y trasmitir su testimonio. Este poema está escrito a partir de lo que leí en los testimonios de antiguos sonderkommandos, como Shlomo Venezia, Henryk Mandelbaum, David Olère, Filip Müller, Henryk Tauber y Daniel Behnamias. Y cito sus nombres, ahora que casi todos han muerto, porque todos merecen ser recordados. Ellos Vieron y oyeron. Y yo sólo intenté explicar en el poema lo que se podía llegar a sentir cuando uno había visto y oído lo que ellos vieron y oyeron.
Eduardo Jordá.
domingo, 22 de mayo de 2011
EDUARDO JORDÁ - EL TORDO
EL TORDO
Lo habían atrapado en una red
untada de materia muy viscosa.
Desde el amanecer hasta la noche
intentó desprenderse.
Desde el amanecer hasta la noche
quiso extender las alas
y volar hacia el mar o las colinas.
Cuando lo vi, miraba exhausto
la luz agónica:
su propia luz,
su propio corazón,
su propia vida.
Quizá había volado desde Rusia
o más lejos aún.
Llevaba, sin saberlo, en su cuerpo agotado
las estepas sin fin,
las sombras movedizas de las nubes,
el frío amanecer en un estanque,
las estrellas, el sol y las cien lunas
del otoño y la siega,
y el viento fatigado y el viento rabioso
(y a los dos los había derrotado).
Tenaz, muy orgulloso,
lo intentó una vez más,
aunque nunca llegó a extender las alas.
Así murió. Y así quiero morir.
Eduardo Jordá. El tordo. El Último Jueves 15 años on the road. (Calima ediciones 2011)
viernes, 28 de enero de 2011
EDUARDO JORDÁ II
EL SOL DEL SABADO
Huele a nieve y a sol.
La viña virgen roja
se estira en la pared.
¿Quién podría decir
que esto sería todo
por lo que tú has vivido?
El frío sol del sábado,
olor a nieve y sol,
y los pasos de tu hija
acercándose tenues.
***
ÚLTIMOS DÍAS
Le quedaban seis meses, le dijeron.
Y ella dijo que sí. Siempre decía que sí.
Dijo que sí a un hombre indiferente.
Dijo que sí a una vida aburrida.
Dijo que sí a la plancha, a la carcoma,
al sillón desfondado, a la indolencia.
No pidió nada a nadie, nunca ambicionó nada
que no fuera sencillo, bueno o fácil.
Y aquel día cerró los ojos y dijo sí,
Sí, a todos nos va a llegar la hora.
Volvió a leer sus libros más queridos.
Dijo adiós a las calles más queridas.
Visitó a dos amigas, comió sola
en los pocos lugares que quedaban
de su desvanecida juventud.
Caminó y caminó. Compró un jilguero
y lo soltó en seguida. Compró flores.
Se empeño en despedirse de una monja
-tía suya- que había olvidado ya quién era.
Voló en avión, comió bombones, fue sola al cine.
Y un día conoció a un hombre bueno,
y aquel hombre le dijo que la amaba.
La ciudad, de repente, se volvió luminosa,
amplia, alegre. Dos niños corrían a su lado.
Todo era limpio y sencillo, los días
no terminaban nunca. Bailó, escuchó a los músicos
que endulzaban las noches de verano,
volvió a ver a su madre, paseó
con quien ya no sabía que vivía.
Y fue tan feliz que pidió perdón
a todos, y lloró y bailó y recorrió de nuevo
las calles rebosantes de flores y de pájaros.
Y luego llegó el fin. Pero fue fácil
porque sólo cerró los ojos, vio
agua y nubes, y oyó risas de niños.
"Si cada día puede ser el último,
él último tendrá todos los días",
dijo el Gran Comoquiera que se Llame
antes de hacer real lo que he contado.
PERO SUCEDE. EDUARDO JORDÁ. ED. RENACIMIENTO
domingo, 23 de enero de 2011
EDUARDO JORDÁ
EN EL QUINTO AÑO DEL
REINADO DE HUI-TSUNG
Comemos brotes de bambú.
La lluvia de ayer, hoy es un carámbano.
No queda leña, y oigo ya los pasos
del hombre que recauda impuestos.
Un cuervo es más dichoso que nosotras.
Pero siempre que cojo a mi hija en brazos,
me siento poderosa y pierdo el miedo.
Ella y yo, solas,
podríamos parar a cien caballos.
Ella y yo, solas,
podríamos echar a un emperador injusto.
Ella y yo, solas,
podríamos salvar un reino en ruinas.
***
MUJERES ENAMORADAS II
Te amaré hasta que seas una piedra.
Te amaré hasta que seas puro hielo.
Te amaré hasta que seas agua y aire
Te amaré hasta que ardas en la lava.
Te amaré hasta que seas, como el óxido,
un polvillo rojizo entre mis manos.
PERO SUCEDE. EDUARDO JORDÁ. RENACIMIENTO
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