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...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.
jueves, 31 de julio de 2014
GORDON E. McNEER - MIRA LO QUE HAS HECHO - POEMAS
PALABRA DE AGUA
No se puede beber la palabra agua
pero se puede pescar la palabra pez
y pedir la palabra perdón.
Había agua en la palabra
antes de que los peces empezaran a multiplicarse
antes de que el pan se convirtiera en cuerpo
y el vino en sangre.
Algo como buscar la luna
antes de que la cruz oscurezca tu vista
algo como probar la sangre
antes de que la palabra cuchillo defina nuestra herida
algo como la sequedad en tu boca
antes de convertirse en la palabra agua.
*****
CHOQUE DE TRENES
En algún lugar entre
tu vida y mi muerte
hay una línea que no se puede cruzar.
La bestia vive allí
en un laberinto tan simple
que sólo Borges pudo describirlo.
Eres un choque de trenes
en el medio
de todo lo que atesoro.
Un cuchillo sin filo
recortando un agujero dentado
en mi rabia,
y todo lo que puedo decir es
gracias
por tu amabilidad.
*****
DÍA DE LOS MUERTOS
Estas manos
no han tocado
el pecho de una mujer,
ni se han adentrado
en el funcionamiento interno
de sus muslos
desde hace bastante tiempo.
Están volviéndose viejas
y secas como mapas de carreteras
que no van a ninguna parte.
California
una vez tuvo sentido, y
ahora es sólo otro
lugar en el tiempo.
*****
POESÍA
Eres el libro
que vivo y amo
y dejo cada noche.
Enséñame lo que
no está. Arranca
la carne del hueso,
el ojo de la mano
que tira la piedra:
lanza el halcón al aire...
Gordon E. McNeer
Mira lo que has hecho
Valparaíso Ediciones
viernes, 11 de julio de 2014
ANTONIO RIGO - ÁLBUM BLANCO. POEMAS
Tiendo la colada mirando la montaña.
todo lo veo, las verduras
los animales, la presencia.
Parece que estoy detenido en la nada:
la ropa mojada, la montaña lejana y
el hombre despeinado.
Pasan pájaros. Ya inician los mirlos.
Hay un zumbido que debe ser el
otro mundo. Sé que no haré nada
más importante en todo el día.
*****
Posesiones: Nada tengo y siempre
me acompaña la sensación
de estar de paso, de ser
mestizo o extranjero, soy una casa
vacía, una maleta llena de canciones
y libros y
un poema por escribir.
*****
Riqueza:
A partir de los 50 la posesión
de la nada: tener nada.
Y las manos desnudas
como una luna ebria
o una manzana
de luz.
*****
Hace muchos años
decidí dejar el coche.
Y la moto. Caminar es mirar.
Si necesito unos zapatos o unos pantalones
sé que debo ahorrar unos meses.
Me alimento frugalmente. Quiero decir
que me quedo con una mística
sensación de hambre. Me gusta el vino.
Me gusta el agua. Y un poco de chocolate.
Si tengo un euro, vivo con un euro.
Si tengo siete, vivo con siete.
Si tengo 50 euros, procuro gastarlos
inmediatamente. Duermo poco. Yo diría
que en pie y con un ojo abierto,
pero desde hace unas noches
un grillo me acompaña. Siempre
tarareo algo, debe ser cosa
del ritmo interior. Amo. Vivo en
la ocupación total de esperar un
verso. Jamás lo dejes todo por
la poesía.
*****
Antonio Rigo
Álbum blanco
Baile del Sol Ediciones
martes, 10 de junio de 2014
ESTEFANÍA GONZÁLEZ - RAÍZ ENCENDIDA
lo que a sí mismo se teme
y desesperadamente se disipa.
Fuerza que busca gastarse.
Está aquí lo que quiere
entrar en la noche
como quien se entrega a la muerte.
Perderse: sacrificarse.
Deshacerse en el mundo
como el rojo más grave
en dul cí si mas esporas.
Fuego que a sí mismo se quema.
fuego desamparado
que todo viento aviva.
*****
El poema no cesa de morir.
A las dos
líneas muere y nace de nuevo
como el
día espiral.
Surgen estancias
a su paso y son ya viejas.
Se
deshace en los dedos
el poema.
*****
Hay dos árboles cuajados de brotes blancos. Un grupo de
frutales desnudos ha atrapado el arco iris un poco más allá. Son tan delicados
que se elevan flotando sobre la loma. La carretera mojada, el arco iris en el
suelo, el arco iris en los árboles. Todo es un arco iris. Incluso las cumbres
nevadas.
El cielo
se abre, el sol, ah, mete su manaza y llega hasta mi corazón y lo acoge y
arrulla. Giro y subo sobre el valle, tan caliente en el puño del sol que podría
deshacerme. Abajo, el río, cinta plateada, las casitas que han sido derramadas
al azar, el sol que me ciega, que arremete contra un cordero negro y contra un
cordero blanco, el arco iris. Los arbolitos esperanzados, ciegos de sol.
*****
Hilandera
Es
necesario tejer un poco cada día.
A pesar
del ala ancha de tu sombrero, el sol ha quemado tu rostro, espigadora.
Yérguete.
Ya es el crepúsculo
y las esporas y el polvo destellan al sol que cae.
Siéntate
bajo aquellos árboles y teje el hilo dorado de tu crisálida.
Desaparece.
Te ha
envuelto el silencio.
Desaparece
en tu tapiz
en tanto
tejes.
*****
Han subido los bosques de espuma.
Han subido las aguas del embalse.
Aves extrañas vienen a descansar aquí
y un cielo de madejas grises las
aplasta.
Pleno clamor de primavera.
Salto en las olas de los bosques
tiernos de abril.
La lluvia murmuraba en otro tiempo.
Caía a los caminos en torrentes.
Las niñas se tumbaban a lo largo
en estrechos regueros y dejaban
que sus melenas fueran arrastradas.
Bosques de espuma.
Aguas de abril.
Ejércitos de árboles se levantan.
Las yemas de mis dedos
cada día más verdes
a punto de brotar.
*****
Estábamos en la azotea jugando con el gatito. Le hacía rabiar y se
dejaba arañar la mano mientras yo observaba y me sorprendía de que el gato
estuviera disfrutando. Él me miró y se rió de mí. Me llamó boba. Tenía toda la
mano arañada y me puso un dedo en los labios que noté caliente como si
estuviera lleno de sol. Cogió al gatito y me lo pasó por el cuello y dijo:
— Acarícialo, mira, qué suave.
Te quiere.
Me puso el gatito sobre los labios para que sintiera su suavidad.
— Te quiere.
Te quiere muchísimo.
Mira cuánto te quiere.
Pequeño.
Acariciaba al gato y con él me acariciaba a mí. Acariciaba al gatito
que estaba en mi cuello, en mis brazos, en mi pecho, acariciándome con su pelo
delicado, y sus manos me tocaban a mí. Yo notaba la sangre que vibraba dentro
de sus manos. Decía:
— Mi cosita preciosa.
Y poco a poco fue acariciándome a mí a la vez que al gatito, y llegó a
acariciarme a mí con sus manos, hasta que posó al gatito y decía:
— Mi animalillo delicado.
Mi animalillo tan delicado.
Fue un lío entre Cagliostro y eso que echan los niños al
nacer, como restos de nada del estómago, algas marinas y limo (de ahí de donde
vienen, tan hondo) y bueno, eso es el meconio, pero yo pensaba que era
cagliostro y no, el calostro, calostro, es la leche primera que se echa al
parir, que es un agua pura y perfecta para su boca y que sabe a fondo marino.
Bueno, también cuando rompes aguas huele a fuente. Y eso, tanto fluido la vida,
ya se sabe lo del semen, su sabor de mar. Fluidos y viscosidad. Aún más: los
bebés están llenos de granitos porque su piel es grasienta. Vienen rebozados en
algo gris y cuando salen disparados, agarrán-dose a sí mismos en medio del
espacio, al extremo del cordón, la enfermera los para en el aire como un
portero, enfermeras de reflejos perfectos, pequeños astronautas de barro, de
ojos cerrados. Tanto fluido. Cagliostro. ¿Por qué lo habrán llamado así? Es cómico.
Me lo imagino con zapatos rococó y… Joseph Balsamo, calostro. Sangre.
*****
Esto es uno que va a un entierro ¿oíste?
Va a un entierro y el cura de alzacuellos
habla como un doblaje de los años 30,
Ashley o alguien así,
esa última sílaba casi inaudible
tan digna de conmiseración,
antigua como los fonógrafos.
resulta que al tío le da la risa
busca a su mujer para que no se desperdicien
ese cura, esa voz aguda
porque con ella
un cruce de miradas
y todo existe, con ella
¿oíste?
Solo con ella
y no está.
*****
—Querría que se muriese.
—¡No es cierto!
—Por supuesto que lo es.
—¡Dime que no es cierto!
—Vale, no es cierto.
—Sí lo es.
—Como tú digas.
—¿Es cierto que querrías que mamá cayera muerta
en este
instante?
—Sí, es cierto.
—Oh no, por favor, no, ¡es como un asesinato!
—Si tú lo dices.
—¡No puedes desear eso!
—Vale, no. Es verdad. No lo deseo.
Desperté en medio de una fiesta
en el aire detenida. En el instante
de su plena magnificencia.
Me zambullí en la gente y fui carne.
Qué gigantesca cola de leopardo
este ser de innumerables cabezas.
Entre guirnaldas de papel saltamos
abrazados al sol. Nos lanzan agua
desde las ventanas y somos gotas.
No deseo encontrarme.
*****
sábado, 7 de junio de 2014
SILVIA NIEVA - LA FABRICA DE HIELO - POEMAS
¿Se comen las hormigas a sus hermanas muertas?
¿Les llevará la evolución a inventar armas?
¿Usarán la poesía para narrar hazañas épicas?
O seguirán en fila como nosotros,
acatando su lugar
aparentemente delante,
aparentemente detrás,
en un afán de búsqueda del mismo alimento.
Mover una migaja como un sofá
y mudarse una y otra vez
por miedo al exterminio.
Ser hormiga hoy.
Levantarse,
romper el trayecto,
encontrar el pie que pisa
y morderlo tantas veces
que el dolor lo paralice.
O quedarse.
Seguir la línea,
habitar el agujero.
*****
Esta es la primera página,
la espontánea,
la que no pensé.
No respondo por ella.
Es el muro blanco de la infancia.
Oculta el miedo a rasgarse,
al ruido de lo otro.
Ando despacio,
a veces corro.
Puedo mirar atrás,
perderlo todo
y construir el mar con la sal de las estatuas.
Recojo las piedras de otras casas,
por eso soy distinta de los que me hicieron,
tan distinta que parezco otra y no me reconocen.
No soy su proyecto.
Soy mucho más lenta, más volátil,
aunque llevo las marcas de su rostro,
y eso asusta,
y eso no puede matarse sin matarme.
Arrastro una madre,
arrastro una mujer inmóvil, asustadiza,
como un carro de caballos locos.
A veces chillan,
y tengo que girarme.
Ahora son delfines, y me hunden.
Los mismo gritos.
Ahora son hormigas,
y cavan túneles que sobrevuelo.
Ahora buitres esperando la caída,
el golpe de partir los huesos,
de romper cartílagos,
esparcir la carne.
Mientras,
inmóvil,
la madre observa.
*****
No seré yo
quien mate la última hormiga,
quien vuelva impecable la vida
y refleje la luz en las paredes.
No seré yo
la mujer feliz rodeada de países azulejo.
El discurso no está en mi voz
ni soy la mano que lo escribe.
Serán otros,
hijos de mis hijos.
Heredarán el suelo sobre el suelo,
heredarán los pies,
el paso,
y la mirada perpleja del niño que rompe los juguetes.
Cada día sueño mas despacio.
Consagro horas y minutos
a buscar el borde de las cosas,
la esquina en la que empieza y termina
la cortesía de la mentira.
SILVIA NIEVA
La fabrica de hielo.
Canalla Ediciones.
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