...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.

sábado, 21 de julio de 2012

ALEJANDRO CÉSPEDES - URGENCIAS



URGENCIAS


                                                       Este beso ya no podrás negármelo.
                                                   Jean Arthur a Gary Cooper, muerto.


Durante tanto tiempo imaginé,
entre tantas lecciones, ejercicios,
preguntas que, sabiendo la respuesta,
yo te hacía para que me miraras,
para poder rozarte, para olerte,
tantas veces jugué a cosas horribles
sólo para que me acabases eligiendo
aunque fuese al final, el último,
cuando ya no tenías más remedio
porque nadie quería que estuviese en su equipo,
incluso en ese instante tenías que mirarme,
señalarme, decirme: ven aquí,
después ya buscaría yo el momento
adecuado para que tropezásemos,
o para que pasases tu brazo por mi hombro
o me hicieses un gesto, compañero.
Todo cuanto aprendí, todo lo que hice bien
y mal, cuanto no hice, lo que soy
y no soy es por tu causa.
Si tú supieses lo que yo he fingido
por amarte, para que no supieses
cuánto era mi deseo y no asustarte,
si supieses cuántas noches en vela,
cuántos días en celo, cuánta fiebre,
cuánta pasión que nadie comprendía
por correr al colegio, incluso enfermo,
y en todos mis insomnios yo pensaba:
si me besase ¡uf! si me besase.
Durante tanto tiempo imagine
ese instante, un solo beso, uno,
solo rozar los labios.
Pero eras tan ajeno a mi claudicación 
y yo tan transparente a tu mirada...


Y mírate aquí ahora, en esta UCI,
sin saber quién soy yo ni tú quién eres,
sin saber que esta bata de enfermero
también es por tu culpa,
que dependes de mí
en el único instante que nunca imaginé.


Yo, que siempre pensé que moriría
si te viese desnudo, si tuviese
estos labios tan cerca, con que solo
mezclásemos  saliva, con tocarte
sin que te me escapases y ahora mismo
son tuyas mis heridas, todas ellas
se abren con tu sangre y yo no puedo 
frenar tu escapatoria
hoy que precisamente te me entregas.
No hay vendaje ni amor ni fingimiento
que pueda suturar  estas heridas
que te están vaciando entre mis manos.
Tantos años imaginé tus manos
y las mías debajo del pupitre
y el desertar de todas las cautelas
y entre el miedo ir cayendo en tu boca
y otra vez te me escapas.
Como olvidar el rictus de tu beso
en otros labios,
cómo tu nombre estéril pronunciado mil veces,
cómo olvidar mañana
que tu cuerpo desnudo y accesible
hoy se me está muriendo entre las manos.
En qué abismos caeré infinidad de veces.
Sensación repetida 
que vuelve de la infancia
ávida
de no haber poseído lo más fácil.
Este beso ya no podrás negármelo.


Alejandro Céspedes.  Sobre andamios de humo.
Ediciones Vitruvio

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