...¿A QUIÉN NO PODRÁS AMAR? SI SÓLO HAY UN HOMBRE,
SI SÓLO HAY UNA MUJER, SI SÓLO HAY UN MUNDO...
DANIEL MACÍAS.

lunes, 7 de marzo de 2016

J. MANUEL VIVAS - MERCADO DE ABASTOS





Perderse

Perderse allí,
entre los puestos del pescado,
las cajas de frutas y verduras,
las encimeras de mármol de las carnicerías,
los sacos de especias y legumbres,
los pasillos atestados por la multitud.

Perderse allí,
sin remedio,
como perderse en uno mismo,
incapaz de encontrar la salida
y sin fuerzas para intentarlo.



Algo así como el amor

También es posible adquirir
las frutas y su vario sabor difuso.
Andar por los mostradores
midiendo el peso de nuestro apetito,
degustar, con tenue lujuria,
las dulces muestras que palpitan
en las bandejas de plástico del deseo.

Y buscaremos ese rincón sin luz del mercado
donde ocultarnos y mendigar
las incontrolables ascuas de la vida,
los sudores ebrios de la fiebre.

Algo así como el amor
oculto de las tardes,
como el sabor de un beso
en los estados de la fruta
-verde o madura-



Naranjas

Regresamos del mercado
con la compra diaria,
con el cansancio habitual
de ese desalojo que provocan
los tumultuosos espacios cerrados,
el precio de vivir
en el apremio de las multitudes.

Dejamos la compra en la cocina
y me invitas a degustar
un manjar de fruta exprimida,
jugoso zumo entre tus labios.

Desnudas tu cuerpo
como pelas naranjas;
hieres su cítrica carne
y me salpicas.




Desprestigio de la incertidumbre


Allí habita la duda.

Allí venden su inmoral recogimiento,
el dolor alquilado de los mostradores,
el frío salino de los mármoles y los cuchillos.

Allí es el lugar que nos proponen,
los pasillos con sombras cruzadas,
el epicentro del miedo que devora,
sigilosamente y sin contemplaciones,
los sueños del niño que fuimos.

Allí está la incertidumbre,
observa cómo crecen sus ramas de hierro,
cómo deshuesan sus hojas afiladas
los silentes cuerpos de la inocencia.

Se acerca el invierno y aún
nos tiembla en las manos
el temor de lo que no existe.



Hilo de pescar


Debería ser tan sencillo
calmar el hambre de estar aquí,
disimulando la vida,
desobedeciendo a la muerte…

Ser como el hilo de pescar,
invisible pero dúctil;
un pétalo que soporta en su fragilidad
el peso impreciso de un pájaro.
La exigua semilla del anís
perfumando los amplios pasillos
del mercado.
Ser agua en el deshielo de los glaciares
que se agotan en el mar.

Poca cosa, apenas,
la llama azul de una cerilla,
su breve luminosidad.

Ser inapreciable;
como en las selvas existe
el aullido precoz de la vida,
la honda senectud de la muerte.



Hombre

Llega,
mira,
pregunta,
prueba,
huele,
se diluye
en su sonido de agua.

Mide sus pasos de temor oxidado,
afrenta la certidumbre
de ser sólo un hombre sin etiqueta,
una sombra similar a tantas otras,
como esa mercancía sobrante
que se descompone y se pudre,
todos los días,
en todos los contenedores.



Mercado de abastos
José Manuel Vives
Ruleta Rusa Ediciones




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